—Sin duda alguna es un gran problema —el profesor podía darle algunos consejos, pero de estar seguro que le servirían era muy poco probable—. Aunque quisiera poder ayudarte, solo tú sabes lo que sientes y por ende eres el único que puede conseguir la forma de lidiar con eso.
—No lo había pensado de esa manera —pierde un poco esos aires de tristeza y vuelve un poco en sí—, se lo agradezco.
—¿Te vas? —creía que estaba listo para escuchar al menos la introducción de la melodía.
—No me gustaría quitarle más tiempo del necesario —contesta con amabilidad—, le agradezco que me deje quedarme con la partitura
—Extrañamente eso parece algo muy importante para ti —comenta el profesor—. Espero consigas lo que buscas, si alguna vez deseas aprender las puertas del conservatorio siempre estarán abiertas para todos aquellos que quieran entregar sus corazones a la música.
—Lo tendré en cuenta, muchas gracias —se despide del sujeto y se aproxima a la puerta de salida.
—Su sonrisa —comenta antes de que John termine de salir y este voltea al tener interés en lo que le dice—, su sonrisa mientras tocaba la melodía era indudablemente feliz, pero sus lágrimas decían lo contrario.
—Gracias por decírmelo —al pensar en ella solo puede seguirse culpando—. Que tenga un buen día.
Regresó por el mismo camino en el que había ingresado y el día parecía ya no tener otro propósito que lo mantuviese ocupado al menos para que su cabeza dejara de seguirle dando vueltas a la situación.
“Debo buscar otro empleo —piensa luego de observar el café que Thiare solía frecuentar—. Aún tengo responsabilidades que debo de cumplir”.
La mejor manera de buscar empleo era ir con un currículo preparado, pero estaba tan desanimado para hacer uno que prefirió valerse solo por sus palabras y la experiencia que había ganado en la ferretería. Quería probar algo nuevo, luego de visitar distintos lugares con distintos puestos de trabajo y ser rechazado sus esperanzas de conseguir empleo sin una profesión estaban arrastradas en el suelo. Su última opción fue un restaurante de comida rápida, era espacioso y la clientela era concurrida por lo que era probable que al estar abarrotados de gente necesitaran personal para trabajar.
—¿Buscan empleados? —le dice directamente al gerente. Estaba cansado de dar presentaciones largas y que nadie le tomase con seriedad.
—Buscamos —le asiente con la cabeza—. ¿Tienes experiencia?
—En una ferretería —contesta John—, ventas, inventarios, cuentas y todo lo relacionado con el negocio.
—Como verás ya tenemos ese personal —el sujeto dirige la mirada a las cajeras—. Necesitamos personal de limpieza y meseros —regresa la mirada a John en espera de su respuesta.
—¿Tipo de sueldo? —para él era importante saber que no se partiría la espalda por una miseria.
—Sueldo base, propinas y almuerzos gratis en el establecimiento —para John no sonaba tan mal después de haber sido rechazado tantas veces. Al menos para mantener la mente ocupada haciendo algo productivo.
—De todas maneras, traeré mi currículo —John sabía que de esa forma podía ser considerado para un puesto mejor.
—Perfecto —el gerente lo tomaba como una afirmación por su parte de que quería formar parte de la empresa—, ven mañana y te explicaremos todo si te parece.
—Estaré lo más temprano que pueda —le extiende la mano para despedirse. No era algo totalmente seguro pero el día no había sido tan desastroso luego de ver un poco de luz ahí.
Volvió a casa para estar nuevamente encerrado mientras en silencio se lamentaba una y otra vez castigándose él mismo hasta el cansancio. La noche llegó, nadie le decía que se asomara en la ventana para observar la luna y era malditamente frustrante y solitario tener que darse cuenta de lo mucho que la necesita solo porque ella se ha ido, habiendo podido pensar en ello cuando aún tenía la oportunidad de tocarla con sus manos. Esa fue la primera noche en la que no durmió bien, su desvelo le mantenía pensativo y al pensar se ahorcaba a sí mismo con ganas de suicidarse por dentro.
En la mañana había ruido en el piso de abajo, había personas hablando que no eran sus padres así que al bajar para comprobar que se trataba de quienes imaginaba se encontró con los padres de Thiare.
—Hola —dijo la madre de Thiare—. Perdona, creí que estarías listo.
—Lo siento —desvía la mirada con sutileza—, no creo poder hacerlo…
—John… —le dice su madre—, deberías ir.
—No merezco verla por última vez —niega con la cabeza, resignado completamente a verla a dos metros bajo tierra.
—El doctor dijo que tenía esto —mete la mano en su bolso y saca el collar que él le había comprado—. Seguro has sido tú quien se lo obsequió —John se acerca para recibirlo y efectivamente era el collar. Se da media vuelta y sube un par de escalones hasta detenerse.
—Iré… —afirma para luego proseguir subiendo.
Al estar listo, todos fueron juntos al cementerio donde ella sería sepultada, no podía verla por última vez en ese estado, estaba retirado de la urna y observaba como la tierra poco a poco llenaba el agujero que la cubriría por la eternidad. Tan rápido como llegaron al sitio ya se estaban yendo luego de que todo finalizara, dar palabras de apoyo o pésame no iba a ser posible para él. Hubo personas conocidas para ambos, pero John no se dejó ver de nadie por vergüenza y asco hacia sí mismo. Se mantenía al margen desde la distancia, y buscaba entre la inmensidad del cielo las palabras correctas para perdonarse sin poder hallar respuesta alguna.
—Nos iremos ya —añade su madre al regresar hasta su ubicación—. ¿Tú quieres quedarte otro poco? —al observar como todos lloraban su muerte, se dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección al auto. Luego de suspirar y mirar de reojo a su esposo, la madre de John decide que es mejor que estén en casa por ahora.
John no conciliaba la paz, aunque trabajara era imposible no pensar en ella cada cinco minutos. Fue contratado como mesero, debía mantener una actitud profesional ante los clientes, pero sonreír sin sentir que podía hacerlo desde el corazón era agotador. Terminó abandonando el trabajo antes de que se cumpliese la hora de salida, y estuvo en su habitación durante días seguidos cada vez con más ganas de dejar que el dolor por fin le desgaste el alma hasta que lo mate. Pero su desesperación era tan grande que sin soportarlo más al quinto día no tuvo más opción que visitar una iglesia, no había otra cosa mejor que se le ocurriese para saber si Dios podría perdonarlo.
“El lugar se encuentra solo —se dice al ver que no hay nadie. Nadie más que él, sus problemas y Dios. Se sentó en la tercera fila, apoyando los codos en el marco de los asientos de adelante para rezar—. Tal vez no merezca ser escuchado por ti —cierra los ojos—, pero no tengo muchas opciones de donde pueda escoger sin que me lleven a mi propia perdición —está adolorido, cada palabra que sale de su boca tiembla de tristeza—. Por mucho que lo intento no puedo encontrar el perdón de Thiare, sé que ahora será imposible e incluso sería egoísta pensar que solo por estar muerta ya recibiré su perdón por haber derramado lágrimas de las cuales ella es la razón. Sé que morir no solucionaría mis angustias, pero es igual de fuerte que vivir cargando con ello encima así que por favor… regrésame en el tiempo para poder estar con ella, para poder hacerla feliz —vuelve a sentir la presión en la garganta mientras intenta no romper en llanto—. Necesito verla cumplir su sueño, ser capaz de alejar su soledad y poder sentir su voz. No merezco muchas cosas en esta vida, pero déjame disculparme con ella al menos. Te lo pido, es lo único que deseo poder hacer en este mundo, porque jamás superaré haberla dejado irse y romper mi promesa.
Recostó la cabeza hacia adelante, la suave brisa de la calefacción le mantenía tibio mientras descansaba su mente de todas las cosas que tenía por decir quedándose dormido sin darse cuenta. El sentimiento de culpabilidad penetraba su alma, y dejaba todo su ser expuesto a sentimientos negativos que se apoderaban de él. El rumbo que pretendía seguir, el futuro que deseaba formar, todo se había desvanecido en la niebla de su derrota ante la vida y no podía imaginarse avanzando mientras la sombra de su remordimiento lo siga a todos lados.
Lentamente abrió los ojos, su cuerpo agotado por las malas noches eran la causa de que se adormitara en todo momento y aunque no deseaba colocarse de pie observar su propia sombra en el suelo era como ver a un ser detestable ante sus ojos. Levantó la cabeza, primero observó a los lados y todavía no había nadie. Se coloca de pie y luego de observar la cruz se da media vuelta para salir de la iglesia camino a casa, luego de decirse a sí mismo que lo que menos recibiría sería salvación divina y menos sin merecerla realmente. Anduvo como si estuviese perdido observando solo los pasos que daba de uno en uno mientras cabizbajo deseaba poder llegar a casa y recostarse en su habitación hasta que algún día su dolor sanase.
En su distraído caminar tropieza con alguien, fue ahí cuando salió de su estado mental de depresión para poder disculparse con la persona.
—Perdona —no enfocaba bien.
—Descuida —al escuchar la voz todo su mundo dio un cambio entero de perspectiva. Se detiene a ver a la chica con la que ha chocado y siente una ola de frío en la columna vertebral partiendo desde la punta de sus pies.
—¿Thiare? —pregunta con miedo.
—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunta nerviosa al ver su expresión de asombro.
—Debe ser una broma —suelta una pequeña risa—. Eso es, estoy volviéndome loco.
—Creo que debo irme —hace un gesto de confusión con su rostro.
—¿En serio eres tú? —vuelve a interrogar John.
—No sé a quién te refieres, pero si es por mi nombre ya te dije que… —no lo consideró más. Aunque no fuese cierto John no lo pensó mucho más y se aferró a ella con un fuerte abrazo.
—Perdón —dijo John—. Perdóname por todo.
—¡¿Estás loco?! —exclama mientras intenta zafarse—. Pienso llamar a la… —de repente sus manos empiezan a temblar, las levanta desde los extremos hasta su frente y tiembla. De sus ojos brotan lágrimas y al t*****e el rostro empapado la situación se convierte en algo tan extraño que lo empuja para poder alejarlo de ella—. No te conozco —niega con la cabeza—. ¿Por qué haces esto?
—¿No me conoces? —le interroga John. Lo que menos se preguntaba era el cómo estaba viva, solo la razón de que ella no le recordase.
—Eres raro, si te conociera jamás te olvidaría —sutilmente se limpia las lágrimas de sus ojos con un pañuelo y se sigue preguntando internamente la razón de que haya tenido ganas de llorar en ese momento.
—Soy John… soy tu novio ¿No recuerdas? —todo es extraño y aun así John lo que menos piensa es en explicaciones lógicas que le lleven a una conclusión sobre lo que sucede.
—Creo que necesitas ayuda urgente —se intenta colar por su lado izquierdo, pero John la captura al cogerla del brazo—. ¡Suéltame ahora! —hala su brazo con fuerza para quedar libre de John—. Ya te dije que no te conozco maldito idiota.
—Thiare… —ella le mira con enojo y continúa su camino. John se mira las manos y la sensación de haber tenido contacto con ella era tan real que de ser un sueño sería el mejor de su vida, y de no serlo no se imaginaba lo que podría ser. Corrió lo más rápido que pudo hasta el cementerio, pero al ir a la zona donde Thiare había sido sepultada no había nada, el espacio estaba vacío. No era nada normal, pero al revisar su celular la fecha era distinta, de un mes atrás exactamente y el clima del cual no se había dado cuenta estaba como a principios del invierno, frío y soleado.
“Es ella —se dice—, no hay duda de que es ella, pude tocarla y la vi con mis propios ojos. Debo volver, debo ir a verla justo ahora”.
Regresó rápidamente a la salida para coger un taxi a casa de Thiare, este tuvo que dejarle en la calle contraria y al bajar desde la distancia se podía ver que las luces de adentro estaban encendidas.
“Podrían ser sus padres —piensa John—, pero… tal vez podría ser ella”.
Al cruzar y estar frente a la puerta, tenía miedo de tocar el timbre y que ella no volviese a aparecer frente a sus ojos. Pero ahí estuvo cuando decidió llamar, sin duda alguna era Thiare, y sin duda alguna seguía siendo la mujer que John adoraba con todo su corazón.
—Tú… —le dice ella al verlo con un asombro gigantesco.
—Lo sabía —dice esta vez con más calma—. Aunque creí estar loco, sabía que eras tú.