Capítulo 7.

2160 Palabras
—Dígame que es broma —se ríe tímidamente, pero la seriedad que emanan las enfermeras y el doctor le arrebatan la esperanza de las manos—. Ella… ella debe seguir su sueño —lentamente y con un inmenso dolor, las lágrimas empiezan a recorrer sus mejillas desde lo más profundo de su alma donde ha recibido el impacto de las palabras del doctor. No soportó poder estar en pie por lo que acabó sentado en el suelo, alzó su mirada hasta la puerta de emergencia esperando que ella pudiese salir de ahí y le dijera que realmente estaba bien pero no iba a ser así. Debía ser quien firmase el papeleo mientras sus padres llegaban. Había sido tan repentino y trágico para él que simplemente no podía hablar con nadie, el hospital se comunicó personalmente con los padres de Thiare. Cuando llegaron lo encontraron sentado en la sala de espera con la vista al suelo. Se le acercaron lentamente y la madre de Thiare coloca su mano derecha encima del hombro izquierdo de John, palpando un cuerpo sin alma. —¿Estás bien? —él lentamente levanta la mirada con los ojos enrojecidos y sin ningún tipo de expresión que demuestre algún sentimiento le observa por unos segundos y regresa la vista al mismo lugar. —Es mi culpa —dice al cabo de unos segundos. La madre de Thiare no sabía qué responder, estaba tan dolida como él y era imposible consolarle cuando ella también necesitaba apoyo—. Thiare… murió porque… —se calla unos momentos y regresa la mirada a la mujer—. ¿Ella murió? —parece desconcertado, y se nota total confusión dentro de sus ojos al negarse a aceptar lo ocurrido, pero al mismo tiempo intenta resignarse a seguir esperanzado de que suceda algún milagro. —No sé qué decirte —aunque intentaba aguantar las ganas de llorar tenía que hacerlo, debía sacar lo que llevaba dentro. —Me voy a casa —se levanta del asiento de la sala de espera y camina algo desorientado por el hospital buscando la salida hasta encontrarla. Al estar en la avenida vuelve a levantar la mirada, el cielo se había nublado aún más y seguía lloviznando, pero él no podía sentir las gotas impactando en su piel. El frío no era más que algo insignificante al lado de lo que John estaba experimentando por dentro al momento de que tantas cosas estuviesen pasando por su cabeza. No tenía idea de a dónde debía ir, de lo que se tenía que hacer luego de una situación como esa y solo se dejó llevar por la calle durante minutos hasta que la lluvia comenzó a intensificarse. Esta vez, aunque muy ligeramente sentía algo, el agua se aferraba a él cubriéndolo por completo de melancolía. Volvió a casa tarde por la noche, cubierto de suciedad y empapado hasta las medias luego de vagar sin rumbo por la ciudad arrastrando el alma hasta deshilacharla completamente. —Hijo —su madre se levanta rápidamente del sofá de la sala y se dirige a recibirlo en la puerta. Los padres de Thiare le habían dado la noticia, estaba completamente preocupada de que pudiese sucederle algo también. —Es tarde —dice casi sin ganas—, deberías estar durmiendo —su madre le abraza fuertemente, pero John no siente nada, no es el consuelo que necesitaba por lo que no corresponde al acto afectuoso por parte de su madre. —Lo siento tanto hijo —le dice con una voz quebrada. —Suéltame —dice sin nada de afecto—, quiero irme a mi habitación. —John... —su madre se despega de él y este solo atina a subir las escaleras para encerrarse con llave en su cuarto. Se sienta frente a la computadora y la enciende para revisar la carpeta de fotos de Thiare. Había tantas que dolía, lastima tanto saber que no se volverían a repetir las escenas detrás de cada recuerdo hecho fotografía y simplemente quedaba sollozar en silencio hasta que su llanto se minimizara al ser vencido por su sueño. Luego de haber estado dos horas frente al ordenador devolviendo a su mente recuerdos que ardían como el mismo infierno se quedó dormido sentado con los brazos y la cabeza apoyada en la mesa del computador donde estuvo así hasta que el día se hizo presente. —John —se escucha desde el otro lado de la puerta apenas abre los ojos. John se limpia la baba con el dorso de la mano derecha y va a atender el llamado de su madre. —¿Necesitas algo? —pregunta en seco al abrir la puerta. —¿Vas a querer desayuno? —le interroga ella con preocupación. —Debo ir a trabajar —cierra la puerta nuevamente dejando a su madre con las palabras a medias. Desanimado totalmente se cambia de ropa luego de darse un baño y cepillar sus dientes y sale de casa para ir a la ferretería. No se había olvidado de lo ocurrido, pero tampoco deseaba traer consigo sentimientos negativos. Se catalogaba como el culpable del accidente de Thiare y eso era castigo suficiente para que nunca pudiese ser capaz de sentir algo que no fuese angustia. Al llegar su jefe le esperaba ansioso por su llegada, pero no para darle buenas noticias. —Me dijeron que ayer decidiste irte del trabajo y no regresaste —el hombre lo fulmina a penas John pisa la ferretería. —Fue una emergencia, lo siento —le contesta sin mucha importancia y coloca su abrigo en el perchero para prepararse a trabajar. —Estás despedido —le afirma con desprecio el hombre. John se le queda mirando sin ningún tipo de expresión y al cabo de unos segundos se encoge de hombros y le hace una expresión con el rostro que demuestra que para nada le importa que haya tomado dicha decisión. —Como sea, no tenía ganas de trabajar —regresa al perchero para descolgar su abrigo y volvérselo a colocar. —No hay indemnización —añade su jefe. —No soy tan muerto de hambre como usted —dice antes de salir, pero al jefe le desagrada totalmente el comentario por lo que decide ir tras de él cuando John sale del local. —¿Qué mierda has dicho? —le tutea, pero John prosigue caminando sin darle mayor importancia—. ¡Regresa aquí maldito mal agradecido! —¿Habla de mí? —se da media vuelta—. Mírese, es un completo idiota que solo pisotea a sus empleados porque siente que es superior por ser dueño de dos asquerosas ferreterías. El tamaño de su egoísmo y de su arrogancia es más grande que el de su cerebro. Así que hágase el favor de regresar a su asqueroso establecimiento. —Di una palabra más… —¿Y qué? —le corta en seco—. ¿Me va a golpear por decir la verdad? Vamos, atrévase a dar el primer golpe y le aseguro que voy a dejar a sus hijos huérfanos de padre. —¿Ahora me amenazas? —se intenta acercar, pero al observar la ira en los ojos de John se detiene hacerlo. —No es una amenaza —su mirada era tan gélida como la de un asesino a sangre fría—. Es una afirmación, así que aléjese de mí o voy a golpearlo hasta la muerte. Su jefe dejó las cosas tal como estaban, tentar al joven John después de que le haya dado una mirada tan horrorosa no podía ser una buena idea en lo absoluto por lo que con su orgullo aun intacto se adentró nuevamente en el local mientras John continuaba su camino esta vez sin saber a dónde debía ir. La ciudad era grande, así que sin duda alguna deambular por ahí parecía la mejor opción para intentar despejar su mente, pero inconscientemente dio vuelta en la esquina equivocada mientras caminaba hasta toparse con la calle donde Thiare había sido atropellada. Parecía que la sangre que había manchado el piso había sido limpiada por el servicio de limpieza pública de la ciudad desde temprano. Al volverla a traer hasta su mente creyó que sería buena idea visitar el conservatorio, no se sentía listo para ir al hospital a verla debajo de una sábana blanca. Pero al menos sería capaz de ir a lugares donde ella estuvo alguna vez. No había necesidad de apresurarse, lentamente andaba por las calles cargando un gran peso que le cansaba con cada metro que recorría en la inmensa ciudad. Pero por fin, luego de haberse tomado el tiempo necesario llegó al conservatorio, detenido fuera del mismo observando la inmensidad del sitio. —Debería entrar —se dice John. Al ingresar se puede notar una sutil elegancia en el lugar, sonaba algo de música clásica y por supuesto que habría estudiantes recorriendo los pasillos con sus instrumentos. Muy pocas veces había entrado, pero todavía recordaba perfectamente el sitio donde Thiare solía practicar con el piano. Uno de los salones del segundo piso, específicamente el penúltimo, alejado de muchos estudiantes y perfectamente ubicado con una vista a las afueras de la ciudad para poder tomar algo de inspiración del ambiente externo mientras se practica en el piano. “Se siente… solitario —piensa al entrar y observar que el piano parece añorar que alguien sea capaz de tocar alguna melodía en sus teclas”. Luego de sentarse en el banco, estira sus manos para tocar las teclas suavemente sin hundirlas para que no realicen ningún sonido. El tacto es suave, es interesante no saber qué tipo de sonido podría poseer cada tecla puesto que todas son iguales, pero tienen un sonido diferente por ser descubierto. Se escuchó la puerta abriéndose nuevamente así que John volteó rápidamente y era un señor mayor el que había ingresado al salón con unas partituras bajo el brazo izquierdo. John se levanta rápidamente y el hombre se le queda viendo extrañado de que tuviese tal gesto. Era el profesor que había aconsejado a Thiare, pero un completo desconocido para John. —¿Eres estudiante? —se dirige hasta un pequeño gabinete de piso donde guarda las hojas que lleva bajo el brazo. —No —niega con la cabeza—, disculpe solo observaba el lugar. —Es un buen lugar para estudiar —le afirma el profesor creyendo que visita el sitio para decidir si debe inscribirse y estudiar música—, aprenderías de la mano de profesionales en el área. —Seguro —ríe un poco con los labios cerrados al recordar lo mucho que Thiare había podido aprender. El profesor vuelve a verlo luego de cerrar el gabinete y se da cuenta de que en el piano se encuentran unas partituras y las reconoce de inmediato luego de ver que están marcadas con un resaltador amarillo. —¿Intentabas tocar la pieza? —le señala y John voltea a ver confundido hasta que sus ojos dan con las partituras y la evidente letra de Thiare—. Fue una hermosa melodía la que esa chica nos tocó, parece haberla escrito para alguien y realmente iba con todo el corazón puesto en la canción. —¿Puedo llevármela? —le interroga. Coge dichas hojas con ambas manos incluso sin esperar respuesta del profesor, pero por el modo en que las veía para el hombre no había duda de que de alguna forma apreciaba cada nota musical. —No sé si sea correcto —parecía dudarlo un poco todavía—, pero es una obra registrada así que no sería plagio. —Realmente no sé tocar el piano, pero me gustaría aprender a tocar esta canción —las hojas tenían borrones y diferentes colores de resaltador, así como algunas frases pequeñas a modo recordatorio de algunos cambios que debía hacer en la sinfonía. —¿Por qué? —se interesa en saber por la razón de que alguien decida aprender con una melodía específica, y que parezca de repente tener interés en la música sin aparentar que alguna vez tuvo el deseo de estudiar dicho arte. —Siento que de alguna manera debí haberla escuchado tocar —aprieta con fuerzas las partituras. —Tal vez no vuelvas a tener la oportunidad —dijo el profesor—, se irá lejos a seguir estudiando y probablemente no vuelva a tocar dicha sinfonía. Cuando lo hizo parecía una carta de despedida, así que probablemente haya cumplido con su objetivo —en ese momento John pudo empatizar con los sentimientos de Thiare, y con todo lo que ella deseaba lograr. —Ya veo —todavía no alzaba la mirada de las partituras. Emanaba tanta tristeza que incluso el profesor sentía escalofríos en los huesos. —Puedo enseñarte los primeros acordes —propone amablemente y se acerca al piano para sentarse en el banco. —¿Me podría ayudar con algo más? —interroga John y el profesor voltea a verle. —¿Qué necesitas? —Necesito que me enseñe a cómo desprenderme del dolor que siento dentro. —Es complicado —se rasca la cabeza mientras delibera lo que debe decirle al joven—. No soy psicólogo, solo músico así que no sé demasiado de sentimientos. Pero si te duele algún lugar terminará sanando con el tiempo. A veces es solo una prisión que encierra una parte de nosotros mientras nos sentimos de esa forma, y nadie quiere tener algo encerrado. Se embotellan todos tus sentimientos y terminas olvidando que no es lo único que deberías sentir. —Entonces… —dijo John—, necesito que me saquen de mí mismo porque soy mi propia prisión de dolor.
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