Capítulo 6.

2179 Palabras
Era lo que necesitaba, alguien que le pudiese decir que sus sentimientos debían ser escuchados, aunque fuese un mar sin vista al fondo del que no sabes lo que podrás encontrar. Volvió a casa, no era necesario seguir practicando porque solo debía tocar, dejar que sus sentimientos fluyan desde su corazón, mente y que los dedos de sus delicadas manos sean el puente entre su dolor y alegría a las pacificas notas del piano que retumbaría la sala de música desde su sitio estático hasta los rincones de las cuatro paredes del área. Debía dormir bien, el recital era al día siguiente y debía presentarse en óptimas condiciones para poder demostrar de lo que era capaz. Se preparó del todo cuando despertó por la mañana, con la mejor actitud posible para que nada influyese en su día, el que podía ser su mejor día. “Aun no responde —ella había enviado algunos mensajes al teléfono de John para que le confirmase si iría, pero no tenía respuestas de él. Confió en que él cumpliría su palabra, y al mirarse al espejo tan hermosa solo podía sonreír—. Estará en primera fila, lo sé”. El día estaba más frío que nunca y al salir sintió un pequeño cosquilleó en la nariz como si tuviese ganas de estornudar. Las calles habían sido empapadas por una suave lluvia pasajera que se dejó caer en horas de la madrugada convirtiendo la ciudad en un refrigerador gigantesco. Se podía escuchar el sonido emitido por la fricción entre los neumáticos de los automóviles desplazándose sobre el asfalto mojado y era un sonido tranquilizador, parecía como si la ciudad estuviese de acuerdo en dejarle escuchar cada mínimo sonido convirtiéndose en poesía para sus oídos. Al llegar al conservatorio de música hizo su primera parada en la sala de prácticas donde releyó un poco las partituras de la canción que había compuesto para unos retoques de último minuto. Ni siquiera el café que había comprado anteriormente en la tienda de enfrente era capaz de sacarle esa ansiedad. Sería la primera en presentarse y no cabía duda de que solo se le presentaría una oportunidad como esa una sola vez en la vida, y de fallar probablemente su carrera musical podría verse afectada. —¿Lista? —le pregunta el profesor al verla caminando de lado a lado mientras espera su turno. —¿Ahora? —se pensaba que le darían algunos minutos más. —Sin importar lo que pase, tienes mi apoyo —era el único del conservatorio que sería juez junto a los demás profesores extranjeros. —Tengo el apoyo necesa… —¿Thiare? —pregunta una de sus compañeras buscándola con la mirada hasta encontrarla y acercarse a ella. —¿Sucede algo? —interroga Thiare. —Tu novio te envía esto —le entrega una pequeña bolsa de regalo que cuando la abre contiene el collar que John había comprado para ella. —¡¿Él está aquí?! —se siente ansiosa en ese momento. —Vino en un taxi y luego se marchó diciendo que te deseara buena suerte. —Ya veo —se le decae un poco la mirada al observar el collar. Esa era su forma de despedida y ella lo aceptaría. —Sales en dos minutos —indica el profesor y regresa al auditorio donde será la prueba seguido de la compañera de Thiare que presenciaría el evento. —Gracias —se dice en voz baja luego de colocarse el collar y mirarse en el espejo del baño antes de aproximarse a la mayor prueba de su vida—. Hoy tocaré por ambos, espero que mis sentimientos puedan llegarte. Al entrar al auditorio se presenciaba un silencio enorme que abrazaba por completo el lugar. Había poco público, mayormente estudiantes y profesores adicionales a los siete jueces sentados justo en primera fila con vista al escenario. Era su gran día, y demostraría que nació para la música y para transmitir la misma sensación que ella comparte consigo misma al tocar el piano. Se colocó en medio del escenario para presentarse ante los jueces, de un vistazo rápido confirmó que realmente John no estaba ni estaría en el público, pero no sería problema para expresarse y dar por terminada su relación. —Buen día... señorita Thiare Rockwell —dice uno de los hombres del jurado. De aspecto elegante e indiscutiblemente inglés por su forma de vestir y hablar—. Díganos, ¿Con cuál pieza desea deleitar nuestros finos oídos el día de hoy? —Es una pieza que compuse personalmente —explica ella con respeto. —Algo innovador —el sujeto se coloca sus gafas y escribe algo en la libreta de evaluación—. Puede tomar asiento —indica con su mano. —Gracias —ella asiente con la cabeza y se sienta justo frente al piano. Siente que la tensión de la mirada de los jueces se desvanece cuando sus manos entran en contacto con la fina construcción del piano. Las luces del escenario solo la iluminan a ella, es la estrella de su propio concierto personal y de su vida. No era realmente una carta de despedida lo que quería expresar mientras sus dedos fluyesen en el piano. Solo quería que un pedacito de felicidad pudiese vivir eternamente en su corazón. Para John ya el día comenzaba mal, no solo debía trabajar tiempo completo por un salario incompleto, tenía que hacerlo en el almacén medio día y el resto del día atendiendo los clientes en la caja registradora. —Pensé que irías a ver a tu novia —le dice Doug. —Ya te dije que terminamos —responde John—. Además, ¿Qué carajos haces en mi trabajo? —No has ido a la universidad, tampoco respondes mis mensajes. Pensé que si estabas muerto podría quedarme con tus pertenencias —suele bromear que quiere su computadora con frecuencia. —Púdrete —suelta una risa. —Conozco esa mirada —comenta Doug—, te vas a arrepentir si no vas a buscarla. —Quizá ya haya empezado su presentación —no sabía si lo mejor había sido enviar el collar y no estar presente. —No importa si llegas tarde, solo que llegues —es el único amigo que le apoya en todo lo que necesita. Su mayor consejero, y el único con quien cuenta para todos sus problemas. —¿Acaso me debes algún favor? —le extraña que haya ido personalmente a su trabajo para servirle de consejero. —Solo soy un buen amigo de ambos —le sonríe y le palmea la espalda—. Al menos haz que se sienta orgullosa de haberse esforzado tanto. —Debo trabajar —se resignaba a continuar la conversación puesto que le parecía innecesaria. —Cubriré un par de horas por ti mientras vas a verla —John voltea a verle fijamente y Doug levanta las cejas esperando una respuesta. —¿Crees que me vaya a sentir mejor? —le interroga ya que para él mismo encontrar la respuesta a esa pregunta era imposible—. Digo, siento que no he hecho las cosas bien y no dejo de pensar que ella podría sentirse fatal. Creo que he hecho una estupidez al dejarla. —Ve por ella —le hace quitar el delantal que usa de vez en cuando al trabajar y le da un pequeño empujón para que se encamine sin pensarlo demasiado. —A veces eres raro —le hace saber a Doug. —Solo soy tu amigo idiota —se coloca el delantal—. No tardes, o tu jefe te va a echar. —Volveré rápido. Se dejó ver del sol que apenas le alumbraba por entre las nubes que rodeaban el cielo, rápidamente observó a sus lados y por milagro alguien estaba bajando de un taxi. Era su oportunidad para ir rápidamente al conservatorio nuevamente tomándole solo un par de minutos. —¿Dónde está ella? —le pregunta a su compañera, pero esta le da la información de que ella se ha ido a casa. Seguramente era por la ruta de siempre así que rápidamente corrió entre las calles tropezando con las personas desesperado por volverle a ver. Su corazón latía rápido, sentía frío ya que había olvidado su abrigo y el clima empezaba a empeorar cuando gota a gota su cabeza comenzó a sentir el aguacero que se estaba por dejar descender sobre la ciudad. Miró al cielo y algunas gotas caían encima de su rostro, deslizándose por su cara como si se tratase de lágrimas prestadas. Thiare estaba aún a unos cuantos metros, acababa de cruzar la primera calle de la esquina rumbo a casa, pero se detuvo en el semáforo a la espera de que pudiese tener el paso para los peatones. Llevaba puesto unos audífonos, que le facilitaban el poder escucharse internamente al dejarse llevar por la música. “Al final realmente no pudo venir —se dice mientras aprieta fuertemente el collar que John le había comprado—. Espero que haya podido sentir las notas de la melodía tanto como yo las sentí”. Sin darse cuenta de que aún no podía cruzar perdida entre sus pensamientos decide dar un paso detrás de otro para atravesar la carretera. John por fin la había podido encontrar, corrió rápidamente con una sonrisa en su rostro, pero al verla en peligro gritó lo más fuerte que pudo, pero ella no le escuchaba. Aún estaba lejos así que debía correr rápidamente, pero de un momento a otro Thiare sintió la necesidad de voltear y al verlo a la distancia acercándose ella solo pudo sonreír. —¡Cuidado! —exclamó John con todas sus fuerzas. Pero lo ultimó que pudo observar fue la sonrisa de Thiare perdiéndose dentro de un paisaje obscuro al ser arrollada por un automóvil que perdió el control al intentar frenar. El mundo se detuvo en ese instante, ni siquiera sentía el viento o el sonido de las personas que se acercaban a observar lo que había sucedido. Él solo estaba ahí, detenido observando el horizonte mientras que a unos metros de su lado izquierdo Thiare se encontraba tendida en el suelo. Lentamente volteó su rostro temblando y luego de haber visto la sangre corriendo en el suelo reaccionó—. ¡Thiare! —fue el grito con más dolor y tristeza que alguien pudo haber expresado. Rápidamente se acercó a ella, sacó el móvil y marco el número de emergencias, pero por suerte alguien ya había llamado a una unidad cercana. La cogió de la cabeza suavemente, estaba ensangrentada e inconsciente. El sujeto del automóvil solo descendió del auto a ver qué había sucedido, pero en vista de ver la situación solo huyó del lugar. Había un montón de personas aglomeradas y nadie podía hacía nada—. Thiare… no, no, no, despierta por favor no debe ser así —se escuchó rápidamente las sirenas de la ambulancia acercándose. Al llegar los paramédicos fueron lo más cuidadosos posible para atenderla y transportarla al hospital. Mientras John la observaba se notaba tenuemente una esperanza de vida al saber que mantenía su pulso, pero solo estaba ahí pendiendo de un hilo y no había nada que él pudiese hacer. Llegaron finalmente al hospital donde ella fue ingresada de emergencias para una operación que duraría un par de horas. La posibilidad era casi una de entre un millón, pero John se aferraba tan fuertemente a esa pequeña pizca de esperanza que de ser posible entregaría la mitad de su vida por ella. Volvió a observarse las manos y estaban cubiertas de sangre, como si él mismo hubiese sido el causante del accidente y eso le aterraba. Se dirigió al baño, incluso su rostro se encontraba algo manchado así que desesperadamente intentó quitar la sangre frotando con fuerza hasta que por fin pudo deshacerse de la mancha. —Debería llamar a sus padres —pensó que debía ser él quien les diese la notica. Tenía miedo de marcar el número, pero de no hacerlo podría arrepentirse. Salió del baño y luego de caminar un poco decide llamarles mientras transita hasta la sala de espera. —¿Hola? —dice la madre de Thiare desde el otro lado de la línea. —Señora Rockwell —contesta con nervios. —¿John? Vaya sorpresa ¿Estas con Thiare? —Sí… bueno verá… —¿No es genial? —le interrumpe y en vista de no saber qué decir John solo hace silencio—. Ha sido aceptada en la academia de música que tanto ha deseado. Pudo obtener el primer lugar en la presentación de hoy. —Sí… —eso era una puñalada para John justo en el corazón—, es… —se quedó casi sin habla al ver al doctor que se supone estaría atendiendo a Thiare en la sala de espera hablando con las enfermeras. Lentamente se acercó olvidándose de colgar el teléfono y al verlo el doctor en seguida se dirigió a él. —¿Es usted algún familiar? —le interroga. —Sí… —tenía miedo de seguir escuchando y su corazón latía con tanta fuerza que casi se le salía del pecho. —Lo siento mucho —niega con la cabeza—. Hemos hecho todo lo que pudimos, pero la chica murió. El golpe fue demasiado para su cerebro, afectó todo su sistema nervioso debido al trauma craneoencefálico. No resistió la operación, lo lamento. Fue ahí cuando entendió que no volvería a verla sonreír nuevamente. Sus disculpas jamás serían escuchadas, su llanto sería inservible y los sueños que ella tanto anhelaba cumplir, sueños por los que él la dejó de lado jamás se cumplirían. John, no volvería a escuchar las melodías del piano de Thiare por el resto de su vida.
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