Gian
Fui a la universidad con el pretexto de buscar a Marcelo para unas ponencias a las que la institución me invitó. Sin embargo, yo sólo quería verla y pasar un poco de tiempo juntos. Me sentí mal por hacer que perdiera su examen en nuestra espantosa cita el viernes, así que hablé con el buen Marcelo y le dije que aceptaría dar las ponencias si él exentaba a Amelia del examen y, de paso, quería pasar un poco de tiempo de calidad juntos para compensar el fiasco anterior.
Siendo sincero, la primera vez que la vi fue hace unos 7 años, en un evento que su familia organizó para conmemorar la muerte de su padre. En ese entonces ya era una chica hermosa y encantadora pero no podía acercarme, dada su edad y la mía, pues ella tenía 11 y yo 16. Además, estaba muy sonriente con un chico que resultó ser amigo de mi hermana Sandra.
Aunque lo intenté, no logré sacarla de mi mente y, con el paso de los años, me encontraba pensando en cómo habría ido su vida, si tendría algún novio y cosas así. Me esmeré en hacer algunos negocios con su tío, buscando acercarme a ella y me alegré de que las cosas funcionaran en el festival de Primavera.
Sé que he tomado malas decisiones sobre mi vida y creo que Nora Hamil ha sido la peor de ellas. Nos conocimos cuando fui a un evento e inmediatamente me atrajo su figura y su forma de ser tan sensual. Terminó de entrevistarme y unos veinte minutos después de eso ya estábamos teniendo sexo en uno de los baños.
Al principio sólo fue una chica mas en mi vida y yo también en la suya pero nuestros encuentros se convirtieron rápidamente en una necesidad. Necesitaba sentir su cuerpo debajo del mío y sentir su calidez en mi cama. Pensé que estaba enamorado de ella hasta que volví a ver a la dulce señorita Amelia en la fiesta del cumpleaños de su prima.
Para ese entonces, Amelia recién había cumplido los 18 y ya era la chica hermosa que es ahora. Traté de todas las formas posibles terminar con Nora pero me había resultado imposible porque ella me decía que no había persona en el mundo a la que ella amara más que a mi. Me habría gustado creerle pero simplemente no podía. Además, ella no era Amelia.
Por otro lado estaba el hecho de que su tío, un ser asqueroso y despiadado, la ofreció como un pedazo de carne en una fiesta hace poco. La policía había venido a mi buscando información sobre una posible red de trata de blancas y, en ese momento, agradecí haber asistido a ese evento, pues así podría salvarla y enviar a ese hombre a la cárcel.
Sólo de recordar lo que pasó cuando vino a mi casa, para negociar “la venta” siento asco de mi mismo.
-Gracias por aceptar mi oferta, Pietro.-
-Sinceramente, fue difícil no aceptarla. El señor Ricardi me hizo una oferta pero comparada con lo tuyo, es una bagatela. Cincuenta millones de euros por una noche con la dulce, dulce Amelia. ¿Puedo saber por qué quieres darme tanto dinero por su primera vez?-
-Todos tenemos ciertas… aficiones, si quieres llamarlo así, así que creo que es un buen precio. Además, es una chica muy atractiva e inteligente. Es material de la más alta calidad.-
-De eso no puede quedarte duda alguna, la he cuidado como si fuera mi hija desde que Matteo murió, así que te aseguro que será una gran compra.-
-Eso espero, Pietro. Aunque, ahora que lo pienso, Matteo murió hace unos diez años, ¿No?-
-Sí, hace diez años que mi hermano tuvo ese trágico accidente.-
-Diez años… Eso significa que llevas mucho en este negocio. ¿Es bueno?-
-¿Te interesa? ¿Quieres entrar? Es un negocio difícil, pues hay que saber en quién confiar y en quién no, pero tú me pareces un chico bastante confiable así que, cuando llegue el momento, quizá pueda pasarte “esa empresa”. ¿Qué te parece?-
-Sería un gran negocio, Pietro. Aunque ahora mismo quisiera algunos aperitivos. ¿Qué tienes para mi?-
-Tengo algunas que ya están usadas, sin embargo, son bonitas. Conseguir vírgenes es algo muy complicado actualmente, así que por eso suelen ser bastante caras. Pero, siendo sincero, se me hace un poco extraño que quieras mas diversión cuando tienes a esa sexy reportera en tu cama. ¿Para qué las quieres?-
-Ya te lo dije, hay cosas que me gustan que no puedo pedirle o hacerle a Nora, así que hay que buscar por otros lados. Pero dime, ¿tienes algunas para mi o no?-
-Claro que sí, el catálogo es amplio. ¿Quieres que se haga limpieza o quieres conservarlas?-
-¿Limpieza? No te entiendo.-
-Pues… Nos las llevamos cuando das por terminado el servicio y, si aún están en condiciones, las conservamos. Si no, lo cual a veces pasa, pues… podemos deshacernos de la evidencia por ti.-
-Vaya, sí que piensas en todo, Pietro.-
-Ese es mi trabajo.-
-Espero que algún día podamos trabajar juntos en eso. Por ahora debo pedirte que te retires, mi familia ha llegado y debo atenderlos. Te enviaré el dinero en estos días y te avisaré cuándo quiero el servicio.-
-Claro, un placer hacer negocios contigo.-
Lo que yo no esperaba era que inmediatamente después de que Pietro saliera del despacho y terminara de grabar, tal y como me indicó el agente de la policía, entrara mi abuelo y todo se fuera al carajo.
-Que vergüenza me das, Gian.
-¿Qué fue lo que escuchaste, abuelo?-
-¿Cómo te atreves a negociar la vida de alguien de esa forma? Me das asco.-
-Abuelo, déjame explicarte.-
-¿Qué vas a explicarme, Gian? ¿Cómo pudiste? Una cosa es que te revuelques con esa oportunista pero que quieras abusar de una señorita… ¡Eso no lo voy a permitir!-
-Abuelo, en verdad, déjame explicarte…-
-No quiero escuchar ni una palabra de ti. Si quieres acostarte con ella, será porque es tu esposa.-
-¿A qué te refieres?-
-A que vas a llamar a ese cerdo de Pietro y le dirás que quieres casarte con Amelia. Si quieres darle dinero, será de tus propias empresas, no permitiré que uses el dinero que nosotros hemos ganado honestamente para algo tan vil como eso, si es que aún planeas hacerlo.-
-Por favor, abuelo, déjame explicarte las cosas. No es como tú crees.-
-No tienes nada que explicarme. Tienes tres días para hablar con Catalina y decirle que quieres casarte con su nieta y también para dejar a esa mujer. Si no lo haces, le diré a tus padres y no creo que a tu abuela le haga muy feliz saber eso. Stefano era nuestro amigo y Matteo era amigo de tu padre, ¿Cómo se te ocurre hacer algo tan bajo como eso?-
-¿Me estás chantajeando, abuelo?-
-No, Gian, trato de darte una lección y trato de enderezar tu camino. Lo correcto sería entregarte a la policía o correrte de esta casa pero creo que es mejor esto, así podrás reflexionar sobre el daño que ibas a hacerle a alguien que ni siquiera conoces.-
-Pero si yo sí la conozco… Es por eso que estoy tratando de salvarla…-
–Deja de decir estupideces, Gian. Ahora comienza a moverte para que Catalina te crea y también para que tus padres lo hagan.-
Como sea, nada de la vergüenza o dolor anterior se compara con la emoción que siento al ver a esa chica atacando a Amelia y enviarla al piso. Ella nos mira asustada y furiosa, y mi mundo se detiene cuando veo la enorme marca roja en su piel. No lo pienso y simplemente la levanto en mis brazos y miro a Marcelo.
-Espero que esa chica reciba su merecido. No quiero volver a verla por aquí si es que esperas que de esas ponencias. Voy a llevar a Amelia al hospital.-
-Veré qué puedo hacer.-
Salgo con Amelia del edificio y ella esconde su cara en mi pecho, lo cual me hace sentir bien. Cuando llegamos a mi auto ella se escabulle dentro a toda velocidad y eso me causa intriga.
-¿No quieres que nos vean juntos?-
-De hecho… No.-
-¿Por qué? ¿Hice algo para molestarte?-
-Sí y no…-
-¿Qué pasa? Cuéntame.-
-Digamos que esto- dice señalando su mejilla. -fue culpa tuya.-
-¿Por qué mi culpa?-
-Porque, al parecer, todas mis compañeras de la escuela están loquitas por ti. Muy loquitas. Y el hecho de que haya cientos de fotos de nosotros en internet no es algo que les siente bien.-
-¿Fotos?-
-Sí, fotos. Y en las fotos cientos de comentarios insinuando que yo me… que yo…-
-¿Que tú qué?-
-Bueno, que nosotros… ya sabes…-
-No, no sé. ¿Nosotros qué?-
-QuenosotroshicimosloquehacesconNoraHamil.- dice, completamente de corrido y apenas entiendo sus palabras.
-¿Que nosotros qué?- pregunto, un poco divertido por su gesto.
-Ya lo dije, por cierto, ¿A dónde vamos?-
-Al hospital, es una emergencia.-
-No es una emergencia, sólo es un golpe en la cara.-
-Y fue por mi culpa… no quería que pasara eso…-
-Supongo que es algo a lo que tendré que acostumbrarme si es que vamos a casarnos… Tendré que lidiar con todas las mujeres que quieran ocupar mi lugar.-
-Trataré de corregir esto. Pero bueno, vayamos al hospital.-
-Está bien.-
Entramos al hospital y hablo con la enfermera para que la vea el dermatólogo y el cirujano plástico si es necesario. Ella me dice que es una exageración pero no quiero que tenga cicatrices por mi culpa, así que la convenzo de ver a un dermatólogo y, para mi mala fortuna, mi teléfono suena.
-Atiende la llamada, estaré bien.-
-No tardaré, ya vengo.-
Salgo del hospital al ver que es Nora quien me llama y me siento en una banca para atender su llamada.
-¿Qué pasa, Nora?- contesto, un poco molesto, pues ya no quiero estar con ella.
-Gian, ¿Dónde estás? Me siento muy mal…- su voz se escucha un poco rara.
-¿Qué tienes?- pregunto, un poco asustado.
-No lo sé… Todo me da vueltas… Gian… ¡Ayúdame!- grita desesperada y no sé por qué, siento que es uno de sus teatros.
-Nora… No juegues conmigo.- le advierto, pues no estoy de humor para eso.
-Por favor… por favor… ayúdame…- habla muy, muy bajo y mi ansiedad se dispara.
Luego de eso, la llamada se corta y, en automático, salgo corriendo hacia mi auto. Conduzco como un loco hacia su casa y la encuentro desmayada en el baño, con un frasco de valeriana a su lado y llamo a los paramédicos. Ellos vienen y la estabilizan rápidamente, lo cual agradezco. Cuando despierta, comienza a llorar, diciendo lo mucho que me ama y que, definitivamente, prefiere morir a estar sin mi.