Capítulo : Teniendo el Control Absoluto Francisco nunca había estado tan furioso en su vida. Cada vez que miraba a Paula, cada vez que veía su postura rígida, la forma en que se quedaba quieta como si el aire a su alrededor le perteneciera a otro mundo, sentía que la piel se le encendía en llamas. La ira le subía como electricidad por la columna, le mordía la nuca, le apretaba la mandíbula hasta hacerle doler los dientes. Ella no lo entendía. Él le había dado todo. Desde que la conoció, cuando apenas tenía dieciocho años, había sido suya. La protegió, la cuidó, la hizo su esposa. Le dio un apellido, una casa, una “vida” que a ojos de cualquiera parecía perfecta. Ella era su prioridad. La amaba. ¿Y así le pagaba? Escapando como una cualquiera, huyendo con su hijo como si él fuera el

