Fernando Williams llegó a casa y colgó sus problemas fuera de la puerta. Al abrirla, sonrió cuando su mirada se encontró con la de su amada Constanza. —¿Cómo te fue? —cuestionó al ayudarle a sacar la chompa que cubría los fuertes brazos de Fernando. —No quiero hablar de aquello —espetó Fernando, mirándola de medio lado. Constanza le dio un beso en la delgada mejilla de su esposo. Aquello provocó que el corazón de Fernando latiera con fuerza; soltó un suspiro profundo al mirarla fijamente a los ojos. —Te amo tanto, Constanza Báez; te amo con mi vida —refutó a la vez que unía sus labios a los de ella. —Yo... yo te amo hasta la infinidad —expresó Constanza, con sus brazos abiertos y recostando su espalda en las anchas manos de Fernando. Los días siguientes, Fernando visitó a su hijo porq

