El pálido rostro de Ignacio reflejaba la decepción que sintió al leer los resultados. Tragó grueso a la vez que soltaba un suspiro; no quería aceptarlo y no asimilaba la noticia. Leyó los resultados una y otra vez, como si esperara que un milagro apareciera. —Son negativas, ¿verdad? —cuestionó Esperanza al tomar los resultados con delicadeza. Ignacio negó con la cabeza y llevó sus manos al rostro. Luego, presionó los puños y apretó los labios. —Compatibilidad 99,9%. Es nuestro nieto —rectificó al acomodarse en el mueble. —No puede ser cierto; enviaré a hacer otra prueba. Quizás esa mujer se enteró y las mandó a cambiar; debe ser eso... —se daba ánimos a sí misma. Esperanza no perdía la fe. —No lo harás. —¡Claro que sí! Es más, llamaré ahora mismo al doctor... —tomó el teléfono con la

