Por la tarde de ese mismo día, Fernando Williams se presentó en la oficina de Francisco. Soltando un suspiro, este último le permitió el ingreso. —Adelante... —comunicó el hombre de edad media. Concentrado en sus asuntos, Francisco ignoró la presencia de Fernando. Este último colocó una carpeta sobre el escritorio de su suegro. Aquello atrajo la mirada del hombre, que pretendía ignorarlo por lo sucedido hace unas semanas atrás. Al ser el hijo de su mejor amigo, y en nombre de esa amistad, olvidó los hechos por la traición que este le hizo a su hija. —¿Qué es eso? —Son las acciones y toda la fortuna de mi padre. Tomando en sus manos la carpeta, Francisco frunció el ceño. —No entiendo. —Solo estoy cumpliendo con el trato; cedo todos mis bienes a su nombre. Traicioné a Constanza. —No

