—Si es necesario, te volveré a enamorar... pequeña. Con la nariz clavada en la cabeza de Constanza, Fernando aspiró profundamente. —Perdón por no recordarte... —Tranquila, amor, no debes esforzarte. Yo haré que recuerdes todos los momentos felices que vivimos. Unió sus labios en la frente de Constanza porque no quería incomodarla dándole besos en los labios. —¿Dónde dormirás? —cuestionó ella, soltando un suspiro. Fernando sonrió de medio lado. —Hay otra habitación, dormiré en aquella —aclaró con sutileza. Fernando Williams renunció a la Marina para velar por el bienestar de su esposa. Quería ser él quien se encargaría de amparar y cuidar a su amada Constanza. Los meses transcurrieron y las atenciones hacia Constanza no cesaban. Los desayunos en la cama y los detalles provenientes de

