Capítulo 6.

1035 Palabras
Como les comenté del relato de Norman, Carmine era una joven de tez muy blanca, cabellos de color muy negros y suaves risos ondulados, era de gran agrado de toda la familia inclusive de los empleados de la mansión.. Toda ella con su sublime dulzura era motivo para traer paz al hogar de los Wellington. Ella con una personalidad contraria a Norman, tranquila, fresca, delicada, complementaba su mundo. Como vecina y amiga de la familia era usual encontrarla casi a diario visitar a Norman. En días de buena salud Norman y ella hacían recorridos paseando juntos y acompañándose en visitas a la ciudad o a los amigos. Los padres de Norman se aliviaban al verla llegar, especialmente, en esos días en que el quebranto vencía a su entrañable amigo . En las reuniones era ella una de las principales agasajadas pues era notorio el cariño especial que se tenían los dos. Además el aprecio de todos los integrantes de la familia le amaban con sinceridad. En la residencia Wellington laboraban una buena cantidad de personas al servicio de la casa, entre los empleados más cercano a la familia estaban los esposos Crawford. Tobías, el chofer, casado con Margot la ama de llaves. También estaba su hijo Matías quien era dos años mayor que Norman y quien después de grande siguió trabajando como jardinero en la mansión. Ellos sentían un afecto muy especial por los señores y particularmente por Norman y siempre estaban pendientes para atenderlo con esmero dedicación y para asistirlo en los cuidarlo cuando era preciso. Margot entregada a la atención de los Wellington, se aseguraba de que todo funcionara en orden dentro de la casa. Llevaba la administración de las riendas de todos los quehaceres de la mansión, en especial la atención del hijo de los señores. A quien cuidaba con mucho celo y atención. Ella siempre estaba al pendiente de que no le faltara nada y se preocupaba inmensamente cuando éste sufría alguna recaída. Ella sentía en su corazón un amor muy especial por él y dentro de sí lo quería como a otro hijo más, le mortificaba enormemente su bienestar. Todo ese sentir lo compartía con Tobías el conductor y marido de Margot, y también el hijo de ambos. Ellos profesaban ese cariño sincero y especial por los señores y muy profundamente amaban al querido Norman, protegiéndolo en todo momento en lo que estaba al alcance de sus manos. Cuando las tareas laborales le permitían, ellos pasaban momentos cálidos con el apreciado joven de la casa. Margot no perdía oportunidad para preparar bocadillos saludables para Norman y sus amigos. En las tardes cuando era posible, también pasaban tiempos de ocio juntos, pues Norman también era muy afectuoso y vivaz con ellos. Los señores Wellington no crearon distinción entre los Crawford y su familia, por lo que se creó lazos de hermandad y parentesco entre ambas familias. El sincero amor y la confianza era mutua. Tobías no perdía oportunidad para llevar al joven amado a cuanto paseo se le ocurriera, en el camino siempre acompañado de largas conversaciones sobre temas variados. A Tobías le sorprendía las energías que solía tener Norman cuando gozaba de momentos de salud. E igual le aconsejaba sobre el cuidado y tomar las cosas con más calma. Norman siempre contestaba con atención y aprecio las palabras del viejo amigo. Por su parte Matías, más cercano a la edad de Norman, siempre estaba atento desde el jardín a las plantas y a su eterno amigo de la infancia. Siempre tenían un tiempo para compartir. Norman insistió en que junto aprendieran a leer y escribir, al principio Matías reacio se negaba a tomar las clases, hasta que poco a poco cedió y aprendió. Juntos pasaban tardes leyendo y recitando versos y poesías. Esta familiaridad especial, hacia que los Wellington gozaran de la absoluta confianza de los Crawford. Esto también se transmitía al resto de la gran cantidad de trabajadores que laboraban dentro y los alrededores de la mansión. Quienes siempre de gran ánimo servían con aprecio a las necesidades de los dueños de casa. Los padres de Norman usualmente por negocios o placer hacían largos viajes alrededor del mundo, y dejaban con confianza el cuidado de su hijo en manos de Margot y Tobías. En especial, cuando sus viajes eran a lugares de clima helado o temperaturas que no le asentaban bien a su hijo. Margot y Tobías con gusto atendían a su querido segundo hijo, como ellos le veían, su pequeño. Matías también fue el primer cómplice de los amores entre Norman y Carmine. Pues él era quien le llevaba los recados y los detalles de cariño desde muy chico , esta complicidad amorosa la siguió llevando a cabo hasta que Norman y Carmine se casaron. Era evidente la hermandad que había entre ambos muchachos. Con el pasar del tiempo y por motivos que más adelante les contaré esta familia pasó a servir en casa de los esposos Norman y Carmine, siendo más bien parte de la linda familia. Pues Margot se negaba debido a la frágil salud de Norman, a estar lejos de él, para asegurarse de la atención y el cuidado de quien veían como su hijo adorado. Al principio se encargaba solo de orientar a las personas que quedaron a cargo de la casona, pero poco a poco quisquillosa en el quehacer se fue haciendo necesaria su presencia. Hasta quedar por completo ocupada en la atención de la hermosa pareja de recién casados. En el fondo no quería que nada les hiciera falta a Carmine y a Norman. Pues también sentía un inmenso cariño por la joven mujer. Su entrega hacia ambos era sincera y desmedida, su amor hacia el muchacho de vivaz alegría pero salud frágil era indescriptible. Ella haría cualquier cosa posible por el bienestar de su querido Norman y así lo hizo al igual que el buen Tobías, ambos se entregaron en cuerpo y alma al cuidado y atención del joven. Norman les retribuía su entrega con grandes muestras de cariños y afectos, abrazando y zarandeando cada vez que podía a la ya vieja Margot y al buen Tobías. Era frecuente verle hacer bromas a ellos o brindarles cálidos abrazos colmados de ternura.
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