Dos semanas más tarde…
Cecil – pregunto Analía a su amiga- ¿ya te decidiste? Ignacio esta como león enjaulado tan preocupado, piensa que se fue todo al carajo contigo porque desde ese beso que se dieron que no le has hablado como antes, ya deja de hacerte la interesante y acepta que te mojas cada vez que lo ves. El tipo es un gran partido y babea por ti, se le nota a kilómetros que muere por hacerte feliz, a la mierda Emilio ya hiciste bastante duelo por el cabrón ese quien ni siquiera estuvo contigo cuando más lo necesitaste. Además, el muy estúpido es quien se lo pierde. Ya dile que si a mi jefecito, es más que evidente que te haría muy feliz, ya le viste ese equipo que guarda tras sus pantalones de marc…
-Analía basta- dijo molesta Cecil- hablare con él, sé que me he comportado como una cobarde pero la verdad de las cosas necesitaba pensar, no quiero hacerle daño a Ignacio, no lo amo, pero creo que podría llegar a hacerlo, hoy le diré que sí, que quiero intentarlo, aunque en realidad no sé si sea muy tarde para expresárselo…
-Eso quería escuchar -expreso alegre la castaña- al fin tendrás sexo, y ya verás que se te pasaran todos tus males… me voy a trabajar, debo ir con Ignacio a firmar unos documentos a la notaría, pero te lo traigo de vuelta después de almuerzo, ahí le hablas y le das la mejor noticia de su vida, el tipo terminara como idiota de tan feliz que lo harás, estoy segura... creo que sería el momento perfecto para pedirle mi aumento… nos vemos querida...
-Que te vaya bien – expreso alegre la rubia y luego le cerro un ojo a su amiga mientras la veía salir de su oficina-.
Durante la tarde Cecil pensaba que sería lo mejor para ella, se atormentaba por intentar ser feliz con Ignacio aun sabiendo que jamás podría amarlo como a Emilio, sabía que en el fondo no lo haría feliz como él se merecía, pero tampoco quería detener su vida y terminar sola por culpa del recuerdo de un hombre que la había abandonado rompiendo las promesas que el juro cumplir en el altar cuando se prometieron vivir felices para siempre.
-Ignacio podemos hablar-pregunto tímida Cecil, mientras le observaba trabajar- pero si estas ocupado vuelvo más tarde en realidad no es tan importante…
-Adelante hermosa -contesto Ignacio amablemente mientras dejaba de trabajar se ponía de pie para acercarse a Cecil y prestarle toda su atención- dime que necesitas y tus deseos serán órdenes para mi…
-Bueno yo… en realidad venia aquí para decirte que…-dijo titubeante Cecil, dubitativa- en realidad no es importante…
-Cecil espera- dijo Ignacio tomándola del brazo mientras esta se acerba a la puerta- dime, todo lo que tú quieras contarme es importante para mí, la verdad estaba un poco triste porque habías dejado de hablarme, pero al parecer lo volviste a hacer y yo la verdad estoy muy…
Los labios de ambos se unieron, Cecil en un arrebato de pasión se atrevió a tomar a Ignacio por su rostro, y así sin más lo beso, pasionalmente, esta vez no fue como la primera vez que él lo hizo, Cecil poso sus manos detrás de su cuello para luego recorrer sus cabellos mientras le declaraba a Ignacio a partir de un beso pasional que si quería intentarlo, que si quería pertenecer a alguien y esperaba que el fuera el indicado esta vez.
El beso le supo a gloria al castaño, Ignacio estaba embelesado y aprovechando el calor de la situación y su desespero por poseerla se atrevió a acariciar a la rubia. Comenzó por su espalda donde bajo lentamente sus manos hacia su trasero, ese que le volvía loco cada vez que veía como ella caminaba mientras se cotoneaba por la empresa, lo apretó y acaricio por sobre su falda cumpliendo esa fantasía que tan recurrente se le hacía. Cecil esbozo un ligero gemido al sentir las manos del castaño sobre su cuerpo, se sintió excitada, su respiración comenzó a cambiar y poco a poco comenzó a sentir su intimidad palpitar por lo que imagino debía estar complemente húmeda, lista para recibirlo.
Ignacio temeroso de espantarla camino con ella aun besándola hacia un sofá que se encontraba en la esquina de su oficina no sin antes cerrar con seguro la puerta de esta para que nadie interrumpiera tan glorioso momento, luego en un movimiento ágil logro ubicar a la rubia que tanto deseaba a horcajadas de el tomadose la libertad de subir su falda antes de realizar cuan osado movimiento…
Cecil, cariño si quieres que me detenga es ahora el momento de decirlo, solo debes pedirlo – expreso agitado y claramente excitado Ignacio-.
La rubia podía sentir su m*****o duro chocar contra su intimidad por sobre su ropa interior, pensaba en lo grande y duro que debía de ser para poder sentirlo aun estando ambos vestidos, esbozo una sonrisa perversa, le ocasionaba mucha curiosidad que su cuerpo se sintiera de esa forma, jamás pensó que podría excitarse tanto con un solo beso y caricias de quinceañeros y más sabiendo que este hombre no era su esposo, su cabeza quería detenerse sentía que era impropio tener relaciones con su jefe en su oficina pero sus ganas no le permitían controlarse por lo le dijo a Ignacio- tómame, quiero sentirte dentro de mí, hazme tuya ahora y no te atrevas a detenerte…
Esas eran las palabras que Ignacio, deseaba escuchar y en un segundo comenzó su cometido, desabotono sensualmente cada uno de los botones de la blusa que traía la rubia sin dejar de mirarla a los ojos, se maravilló al encontrase con un lencería blanca, bastante sensual que contenía unos hermosos pechos, los toco para luego quitar su sostén y besar, succionar y lamer los pezones rosados que esta tenía. Cecil gemía maravillada de la destreza de Ignacio y mientras este la besaba ella se restregaba en su intimidad imaginando cuanto placer podría darle con su gran m*****o dentro de ella.
Ignacio se quitó su camisa, se levantó del sofá con Cecil aun a horcajadas de él; la recostó sobre el mismo, y comenzó a bajar su falda junto a su braga, y quedo maravillado al ver su intimidad se encontraba tan húmeda, por lo que no pudo contenerse y trago en seco antes de comenzar a besarla para luego succionar y lamer el botón de placer de la misma, mientras lo hacía introdujo dos dedos en ella, quería que esta sintiera todo el placer posible, que se hiciera adicta a él, para que nunca más necesitara de otro.
Cecil estaba ciega de tanto placer que Ignacio provocaba en ella, su espalda se encorvaba constantemente de tanto goce por lo que no tardó en llegar su liberación, Ignacio lamio y succiono los deliciosos jugos que emanaba la rubia de su cuerpo y luego en un ágil movimiento tomo un preservativo de una gaveta que tenía cerca del sofá y se lo puso en su largo y grueso m*****o, Cecil rosaba sus piernas expectantes como invitándolo a tomarla mientras se deleitaba con ese acto, tenía sus mejillas tan rosadas que se veía hermosa, sus labios estaban hinchados de tanto comérselos, Ignacio pensaba que así quería verla el resto de su vida y que no le importaría si debía amarrarla a su cama para que este cometido se cumpliera. Una vez puesto el preservativo se montó delicadamente sobre la rubia y le susurro en su oído, déjame entrar en ti… seamos uno tesoro.
En cuanto dijo esto, Cecil en un acto reflejo abrió sus piernas y pudo sentir que se humedecía más y más, a tal punto que cuando Ignacio ingresaba a su húmeda cavidad este pudo deslizarse sin problemas.
Sin embargo, Cecil, sentía como la presión de este le ocasionaba una pequeña incomodidad, jamás pensó que su m*****o fuera tan grande por lo que agradeció estar muy excitada y lubricada como para que este la penetrara. Una vez dentro de ella Ignacio esbozo un gemido gutural y la beso, esperaba que esta se acostumbrara a su tamaño, sabía que contaba con un equipo particularmente grande por lo que quería ser gentil con ella antes de comenzar a moverse en su interior. Por unos segundos la miro a los ojos y con una sonrisa de placer le dijo sincero – Cecil, vas a ver que seremos muy felices- y sin más comenzó a moverse en su interior, la rubia movía sus caderas al compás realizando una perfecta danza de placer hasta que ambos lograron la liberación.
Ignacio pensó en esos momento que estaba perdido, había al fin decidido unir su vida a esa mujer y sabía que nadie le haría sentir lo que esta norteamericana misteriosa logro solo con verlo a los ojos hacia unas semanas atrás…Cecil comenzó a vestirse lentamente muy avergonzada, no quería mirar a Ignacio a los ojos pues pensaba que este creería que ella siempre era osada… hasta que Ignacio serio le pregunto-cariño ¿qué era lo que venias a decirme?
Cecil se pusa roja de vergüenza y cuando fue a contestar a la pregunta del castaño, este comenzó a reír y en un acto hábil de su parte la ubico en su pecho y la abrazo mientras besaba su cabello, y le dijo- nena, que bueno que quieras que comencemos algo juntos, si sabes que ya no te dejare sola por nada del mundo y que iremos por tus cosas donde Analía, no imagino no poder poseerte todos los días y hacerlo aquí en la oficina no es muy buena idea, podrían interrumpirnos…
Cecil lo vio a los ojos y ruborizada le dijo- Ignacio no crees que es muy pronto para irnos a vivir juntos es decir si quiero intentarlo, ¿pero irnos a vivir?… ¿no crees que te estas adelantando?…
-No cariño, pero si tu no quieres no voy a obligarte a nada- contesto el castaño melancólico- incomodarte es lo que menos quiero, pero la verdad de las cosas no tengo nada que pensar en relación a ti, ya te conozco bien, sé que eres una mujer maravillosa y en realidad no quiero pasar más tiempo alejado de ti. Adoro verte en el trabajo y te extraño por las noches sin siquiera saber lo maravilloso que debe ser tenerte en mi cama y ya no quiero sentir más esa sensación, quiero que todo el tiempo que me queda de vida lo primero y lo último que mis ojos vean sea tu hermoso rostro y tu despampanante cuerpo.
-Está bien no me hables así que de verdad me siento culpable, si me iré contigo solo dame una semana para organizarme y contarle a Analía, te parece- pregunto tímida Cecil. -
-Me super encanta amor, ahora termina de arreglarte la hermosa blusa que te pusiste hoy y vámonos de aquí a cenar mira que el ejercicio realizado me ha abierto el apetito y francamente hoy no tuve tiempo ni de almorzar- expreso Ignacio feliz- a menos que quieras que seas tu mi cena, y en tal caso créeme que me apetece bastante…
Ignacio por favor, no me digas esas cosas. – contesto ruborizada, últimamente era lo único que hacía al hablar con Ignacio y eso al castaño le encantaba- ya me arreglo la blusa, también tengo hambre así que vamos.
Y así sin más salieron ambos tomados de la mano, ilusionados de comenzar una nueva relación donde no solo el sexo y el trabajo los unía si no que muchas cosas más en común que irían descubriendo a medida que pasara el tiempo.