Capítulo 8

1189 Palabras
CULPABILIDAD Una vez en el cuarto de baño ingreso a la ducha sintiendo el agua helada bajar por mi cabello al resto de mi cuerpo, el agua calma mis nervios y mi ansiedad, mi respiración agitada también se calma y se regula hasta volver a la normalidad; Hago todo el esfuerzo del mundo para no pensar en lo que me ha estado sucediendo, no quiero pensar en nada estoy tan cansada de toda esta mierda solo pido un momento de paz, dejo el agua correr por mi cuerpo un buen rato como si eso lograra congelar mis pensamientos, tomo una respiración en un esfuerzo por terminar de calmarme definitivamente, no puedo seguir en este lugar haré mi maleta para mañana mismo marcharme de aquí, este lugar, esta casa ya no resuena conmigo y después de este día no quiero volver, al final faltan solo dos días para que ya el reposo pase y la doctora Montoya pueda firmar mi permiso definitivo de mi dada de alta, realmente me siento bien físicamente ya no tengo más nada que hacer aquí; Con esa resolución clara en mi mente salgo de la ducha, también me siento más relajada. -No hay nada que mejor que una buena ducha... Apenas estoy colocando un pie fuera del cuarto de baño cuando escucho la puerta principal abrirse y cerrarse de un portazo, imagino que mis padres habrán regresado de su fantástica cena, pero no entiendo la razón del alboroto... Sin prestarle mucha atención termino de salir del baño. -ANNE WITSON… La voz de mi padre me saca de mi ensoñación, escucho sus gritos desde la planta baja, como continúe gritando de esa manera mínimo perderá las cuerdas vocales. Me pregunto cuál será la razón para estar tan furioso ahora mismo, no he hecho nada lo juro ni siquiera he salido de aquí desde que ellos se fueron a su dichosa cena; será mejor que ni me asome por ahí… Me dirijo al closet a buscar un cambio de ropa cómodo para cambiarme y así empezar a hacer mi maleta para luego acostarme a dormir un rato. Aún no he terminado de abrir la puerta del armario para buscar mi ropa cuando de repente la puerta de mi habitación se abre en su totalidad mostrando a un trajeado Albert Witson enfurecido, que digo enfurecido está colérico, su rostro está increíblemente rojo, sus ojos de ese color Ámbar que recientemente vi por primera vez, él me observa mientras sus ojos centellean la furia contenida. Me quedo pasmada en mi sitio solo me atrevo a observarlo en mi vida lo había visto tan molesto, sus ojos me calcinan, me hacen cenizas, me vuelven pequeña, me siento como cuando tenía cinco años y no seguía sus absurdas reglas, no puedo moverme siquiera su mirada me tiene estática, sus pupilas están más dilatas haciendo que sus orbes se vean más grandes de lo que en realidad son, el color Amber resalta brilla como una hoguera en medio de la oscuridad. Atrás de él está Katherine mi madre con cara de póker, aunque menos enfurecida que Albert… -¿Qué carajo les sucede?. -¿Quién carajos te dio permiso?. Pregunta Albert a los gritos sorprendiéndome tanto por el grito como la pregunta realizada. -¿Permiso?, ¿de qué?. ¿Te has vuelto loco?. Digo en un tono de voz neutro sin apartar los ojos de él, mostrándole un valor y una seguridad que no poseo en este momento. -No te hagas la graciosa y contéstame, Anne. Vuelve a gritar envuelto en la ira que recorre su cuerpo, su rostro está aún más rojo que antes, no comprendo cuál es el drama ahora, muy aparte no tiene derecho de entrar a mi habitación como si no fuera o valiera nada. -Primero, no tienes derecho a irrumpir mi habitación de esa manera; ¿Quién carajos te crees? Segundo, no sé de qué coño estás hablando Albert... No sé qué mierda te dijeron o te inventaste y siendo honesta tampoco me interesa así que te puedes largar de la habitación ya mismo. La expresión de mis padres cambia totalmente al escuchar como les hablo, nunca les había hablado así, además realmente no sé cuál fue la razón que me llevo a llamarlo por su nombre, pero sin cuidado me tiene me largaré ya mismo de este lugar, estoy cansada de sus estupideces, se creen los reyes del universo. Tras pasar unos minutos que para mi son una eternidad él recompone su expresión, su rostro está menos rojo, pero aun así muestra su mirada más fría, es como si fuera otra persona, Katherine solo se mantiene en silencio detrás de él con lágrimas en sus ojos. -Últimamente, la he visto llorar mucho y resulta bastante extraño. -¿Desde cuándo crees que tienes el puto derecho de hablarme así?, soy tu padre, Anne. Comenta nuevamente a los gritos, no puedo evitar poner mis ojos en blanco pidiéndole paciencia al Universo, es que no entiende que gritar no le da la razón. -¿Desde cuándo tú te crees con el derecho de entrar a mi habitación de esa manera? No puedo evitar mi tono mordaz, me tiene hasta el borde de la paciencia con su tonito de padre furioso. -Es mi maldita casa, Anne… Dice como si nada haciendo que mi paciencia junto al poco autocontrol que me quedaba se fueran al carajo, siento como mi cara arde de la rabia que se apodera de mi ser en este instante; sin embargo, forzó una sonrisa antes de contestarle viéndolo directo a sus ojos demostrándole que no le tengo miedo. -Albert… eso se resuelve ya mismo… Me giro entrando al closet con ganas de asesinar a alguien tomo mi maleta coloco la ropa dentro sin detener a doblarla o arreglarla, una vez esta llena de mi ropa la cierro, aun dentro del closet me coloco un vaquero n***o, una sudadera con capucha del mismo color, mis tenis Vans clásicas, me hago una coleta mal hecha en el cabello y salgo del closet aun con la ira en pleno apogeo; Me los encuentro a los dos aun en la habitación sentados en la cama como si nada hubiese sucedido, no reparo en ellos la impotencia que siento en estos momentos no me lo permite, me acerco al sillón del rincón para alistar mi mochila con mis cosas y documentos bajo la atenta mirada de ambos, ninguno comenta nada solo me observan como si me hubiesen salido tres cabezas. Sé que la furia de Albert disminuyo considerablemente al ver como la mía creció a niveles inimaginables, puede que esté exagerando, pero me molesta que me señalen o me culpen de cosas que no he hecho, además sin contar que yo no pedí que me trajeran aquí, por esa misma razón me fui... Estoy cansada de todos. Siempre ha sido el mismo problema se creen con el derecho de sacarme cosas en cara o de acusarme cuando a ellos les convenga, piensan que soy su títere, pero desde hoy por mí se pueden ir a la mierda, al mismísimo infierno y calcinarse... -Hasta hoy permití sus malos tratos.
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