Capítulo – El Instinto del Gama Julio Juárez no era un lobo que se quedara con la duda. Y desde el amanecer, algo se había alojado bajo su piel como un eco antiguo que no sabía interpretar. No era físico. No era magia. Era una inquietud sorda que latía con cada paso que daba, como si el mundo intentara decirle algo desde un lugar que no podía escuchar… todavía. Desde el desayuno con Mariana Smith, la idea lo mordía con insistencia. Su compañera. No cualquiera. La suya. Esa palabra simple, que muchos lanzaban al aire como si no pesara. Pero en boca de Mariana, había sonado como un presagio. Una sentencia. Un grito contenido. Desde entonces, apenas había dormido. Las horas se le escapaban entre imágenes difusas, pero una se repetía con cruel precisión: la de aquella mujer. Cabello rizado

