A las cinco de la mañana se despierta con ánimo, algo adolorida, pero sabe que eso se le pasará en el momento en que se acostumbre. Se alista con su uniforme de inmediato, se peina con las mismas trenas que se pega a la cabeza y la media hora que le queda, la ocupa para estudiar un poco. Decide llevarse el libro, porque en sus ratos libres puede aprovechar para seguir leyendo, algo que no debe estar prohibido para ella, porque no es una distracción. Cuando faltan cinco minutos, sale de su bodega, le pasa llave y se va al hotel. Saluda al guardia, el que le sonríe con amabilidad y en cuanto entra, su postura cambia radicalmente. Guarda el libro en el casillero, recibe la lista de pendientes para esa mañana y se pasa por la cafetería, porque tiene media hora antes de que el primer huésped

