Mientras el moreno estaba escupiendo en su culo y metiendo sus dedos allí, acercó la punta de su pene para tantear la entrada, momentáneamente olvidándose de su patrón, perdido completamente en un abismo de deseo; a la vez un ardiente fuego crepitaba en el pecho de Greg mientras observaba a Becca con otros hombres en una situación íntima como esa. Claro que no era más que el fruto de su propia siembra, pues había sido él quien los había llevado hacia ella. Sin embargo, una tormenta interna comenzaba a desatarse en su ser. ¿Debía intervenir y ponerle fin a toda esa locura que él mismo había desatado allí? ¿O, por el contrario, debía ser él quien diera rienda suelta a esos deseos prohibidos que lo estaban quemando por dentro? Su mente se dividía en dos caminos opuestos. Por un lado, una v

