Los últimos días habían sido una montaña rusa de emociones para la muchacha. Él, la ausencia de su Blanca a la que extrañaba con todo su alma y ese nuevo sentimiento que, como un c*****o madurado por el verano estaba aflorando. Y tenía nombre y apellido, se llamaba Greg y era un hombre esquivo y misterioso que la tenía cautiva pero no lo suficiente ese último tiempo como para sentirse presa. Qué parecía desearla pero se contenía. Que a veces, ella lo notaba, con la excusa de traerle la comida se quedaba escuchando como ella se quedaba tocando el violín, el Stradivarius que él mismo le había regalado. Rebecca, inevitablemente dejó de pensar en su vida pasada y la posibilidad de ser liberada, aunque por las noches, extrañaba tanto a Blanca que el dolor la consumía y lloraba sobre su cama lá

