Tres años más tarde… La sala de conciertos se inundó de un silencio expectante cuando la joven hermosa apareció en el escenario, iluminada por el haz de los reflectores. Vestía un deslumbrante vestido de tirantes blancos, el cual irradiaba un brillo sutil a medida que la luz del escenario se reflejaba en los cristales que decoraban la tela fina que se pegaba a sus juveniles curvas. La joven irradiaba elegancia y gracia, con su figura destacando en la luminosidad de la prenda. A medida que los primeros acordes de la pieza musical resonaban en la sala, un suspiro colectivo recorrió la audiencia. La música, hipnótica y cautivadora, envolvía a los espectadores, manteniéndolos cautivos en la magia sonora que emanaba del violín de la talentosa artista. La joven, con movimientos precisos y deli

