—¿Entonces ya está? —Sí. Era domingo por la mañana y el sol estaba en su punto más alto chingando con sus rayos de luz que daban calor. Juan se encontraba en su habitación en la casa de su primo junto con Ana, Carol y Jair quienes habían acudido al llamado de los dos primeros. —¿Creen que funcione? —pregunta Carol mordiéndose las uñas. —Tiene que o me dejo de llamar pito... Juan, me dejo de llamar Juan. —Bien. Carol lanza un suspiro rápido y luego se pone de pie. Su tobillo estaba mejor y ya podía caminar, aunque no se podía esforzar ni podía correr ya que lo tenía resentido todavía. —Te acompaño a la salida —dice Jair con cariño y juntos salen de la habitación. —¿Quieres hacer algo? —el rubio le toma un mechón de cabello a la pelirroja y juega con el entre sus dedos. —Sí, ir a pr

