—¿Estás listo? —No. No había podido conciliar el sueño como él hubiera querido, toda la noche no se podía quitar la imagen de Carol. Tomo pastillas para dormir y ni con eso podía quitarse esa imagen de su dulce cara ni la sensación de sus carnosos labios sobre los de él. Se había levantado cuando vio las luces encendidas del cuarto de Carol por la ventana. Se dio un baño para relajarse, pero no sirvió de nada. —¿Qué te pasa primo? —pregunta Juan comiendo cereal. —Nada. No sabía si confiar en su primo Juan y confesarle sus más profundos sentimientos, nunca había pasado por tal situación así de estar enamorado ni jamás había tenido la necesidad de hablar de sentimientos y de ese tema con nadie porque simplemente no había tenido esa necesidad, claro hasta ahora. —¿No quieres ir con Caro

