—¿Te sientes mejor?—preguntó Cristina, acompañándome por el pasillo. Moriría sin una amiga como ella. Sin ella a mi lado, actuando como un ángel enviado del cielo y apoyándome en cada paso del camino, superar mis mil y una rupturas sería diez veces más doloroso.Me limpié la cara con mi pañuelo. —Mucho. Gracias por dejarme gritarte en el auto. Realmente ayudó—le conté la mayor parte de lo que había sucedido. Qué perfectas parecían las cosas y nuestras pequeñas peleas. Me salté los fragmentos picantes, llenándolos con algunas mentiras piadosas, reemplazando las historias de abuso físico con historias emocionales y dejando las cosas vagas. Ella no presionó mucho. En cambio, actuó como una oyente. Sabía que no tenía que seguir hablando. Ella sólo tenía que dejarme sacar mis frustraciones. —

