Caminé a paso lento por la acera, casi arrastrando mis pies, pues en el fondo, aún no quería llegar a casa y encontrarme con mi familia, ya que eso significaba tener que decirles la verdad sobre lo que me había informado la rectora, y no estaba lista. Me sentía derrotada, sin energías y como si el cuerpo me pesara muchísimo más debido al estrés que había acumulado. Aún seguía pensando en cómo le comunicaría a Finn mi decisión, pues no sería fácil para ninguno de los dos tener que decir adiós cuando nuestra relación estaba recién comenzando. Suspiré al sentir mi celular vibrar en el bolsillo y contesté la llamada al ver que se trataba de Amanda. —Hola, amiga ¿Cómo estás? —preguntó. Aunque no podía verla, sabía que algo pasaba con ella, pues se oía rara. —Justo ahora no es algo fácil de

