Primera vez
Este año, por las vacaciones y para mantenerme ocupada y ganar algo de dinero, acepté trabajar como encargada en la pizzería de un tío. Debía encargarme de la caja y de vigilar que todo funcionara correctamente en el área de atención al público. En ese trabajo conocía y veía a muchas personas, muchas de las cuales olvidaba a los pocos minutos. Pero no me ocurrió así con Corina, una mujer de 38 años, rubia, de ojos verdes espectaculares, de estatura media, muy voluptuosa y preciosa. Por donde pasaba levantaba comentarios de admiración de todos los hombres. No había momento en que no le dijeran piropos.
Corina era cliente fija de la pizzería, por lo que la veía muy a menudo. Entre nosotras solo había amabilidad, pero yo sentía algo muy extraño cada vez que la veía y sentía que sus hermosos ojos verdes se posaban en mí. Era algo tan fuerte y raro que me descomponía toda, me sacaba de concentración y control, me erizaba la piel y hasta me hacía sudar. Pero no era algo malo, solo era extraño, parecido a cuando me gustaba un chico. Decidí no darle importancia y logré estar tranquila durante varias semanas en las que, además, casi ni la vi.
Una tarde en la que salía temprano había que hacer una entrega a domicilio, a nombre de una Sra. Valdivieso, y no se encontraba ninguno de los repartidores por estar ocupados en otras entregas, por lo que me ofrecí a entregarla yo, ya que la dirección me quedaba en el camino. Al llegar al edificio indicado, toqué el intercomunicador y una voz de mujer me indicó que subiera, lo que no me agradó mucho pues estaba un poco apurada. Mi sorpresa fue grandísima cuando al llamar a la puerta del departamento, quién abrió fue la Sra. Corina, la bella mujer que había visto en la pizzería. El corazón empezó a latirme rápidamente y comencé a sudar como una fuente, lo que me perturbaba ya que no entendía que me pasaba. Ella también se sorprendió, pero inmediatamente se compuso y volvió a ser la misma mujer segura y de aspecto dominante que tanto me perturbaba.
Me saludó con la misma cordialidad de siempre. Nerviosamente le expliqué que me había tocado hacer la entrega porque no había ningún repartidor, a lo que ella respondió con una sonrisa (mezcla de picardía con complacencia) que me descompuso aún más. Me invitó a entrar mientras buscaba el dinero, a lo que le respondí que estaba apurada, pero inconscientemente entré y no sabía por qué. Fue en ese momento que me di cuenta que Corina llevaba puesta una pequeña bata de seda y sin nada de ropa interior. Eso me puso mucho peor de lo que estaba, e hizo que me asustara y empezara a desear salir de allí, pero algo extraño y desconocido me hacía permanecer en el sitio.
El departamento estaba un poco desordenado, con mucha ropa nueva de mujer sobre la mesa y algunos muebles. Me explicó que era parte de la ropa que vendía en su tienda y que si deseaba podía probarme alguna pieza. Iba a negarme cuando de pronto apareció, proveniente de una de las habitaciones, una mujer realmente preciosa, de unos 30 años, con un cuerpo escultural y un rostro angelical, también vestida solo con una diminuta bata de seda. Se llamaba Michelle y como dije, era tan hermosa como Corina. Me dijo que era una cliente y amiga suya, que había ido a ver la ropa nueva que había llegado. Se pusieron a hablar conmigo de la ropa que había en el lugar, mientras Corina seguía buscando el dinero. Me mostraron todo y les confieso que me sentía bastante a gusto hablando con ellas y viendo aquella ropa tan bonita. De pronto me di cuenta de la hora y vi que ya tenía bastante rato en ese lugar, por lo que le pedí que buscara el dinero para poder irme. Corina se disculpó y se mostró apenada y para compensarme mi tiempo me ofreció una prenda de ropa como regalo, la que rechacé inmediatamente diciéndole que no hacía falta. Ella insistió diciendo:
- No acepto que me digas que no. Yo te he retrasado y no es justo. Además, esta ropa se que te ha gustado y para ser honesta estoy segura que a ti se te va a ver muy bien. Eres una chica hermosa, con buen cuerpo y quiero compensarte...
- Tienes razón – dijo Michelle – A ella se le debe ver muy bien todo lo que hay aquí.
Insistieron tanto que no tuve más remedio que aceptar, además de que era una oferta que no podía rehusar ya que de verdad toda esa ropa me fascinaba. Lo que escogí fue una blusa espectacular que había visto desde mi llegada. Cuando les pedí el baño para probármela me dijeron que dejara la pena y me la probara allí mismo, que a ellas eso no les importaba. En eso, y sin previo aviso, Michelle se quitó la bata quedándose completamente desnuda. Les juro que el corazón me empezó a latir a millón otra vez, cuando vi aquel cuerpo escultural totalmente desnudo. Sus tetas eran preciosas, grandes y firmes, y ni hablar de su trasero. Cualquier hombre daría lo que fuera por poseerla. Empezó a probarse parte de la ropa mientras yo no hacía otra cosa que verla.
Cuando voltee hacia Corina me di cuenta que ella tenía la bata totalmente abierta y también podía ver sus tetas y su concha, lo que hizo que me sintiera aún más perdida. Me miró y me dijo que no perdiera más tiempo, que me midiera la blusa. Con bastante miedo y pudor me quité mi camisa, luego el sostén (ya que la blusa era para ser usada sin sostén), dejando al descubierto mi pecho. En ese momento sentí que Corina y Michelle me devoraban con la mirada y que me dejaban totalmente desnuda. Instintivamente me tapé con la ropa, aunque sinceramente una extraña sensación de placer estaba recorriendo todo mi cuerpo.
Me puse la blusa nueva y ambas chicas se desbordaron en halagos hacia mí. Le dije a Corina que me gustaba como se me veía y que me quedaría con ella. Ella dijo que estaba de acuerdo, pero que eso no era lo único que me podía llevar, que eligiera algo más. Casi inconscientemente respondí que no podía, pero ella volvió a insistir diciendo que si hacía que me sintiera mejor, lo otro me lo dejaba a mitad de precio. Era una oferta tan tentadora que nuevamente no me pude resistir, así que escogí un bikini espectacular que estaba segura me serviría. Otra vez les pedí el baño prestado para probármelo, ya que tenía pena, miedo y vergüenza de que ellas me vieran totalmente desnuda, y nuevamente me dijeron que no hacía falta, pero insistí tanto que accedieron.
Cuando me encerré en el baño no podía dejar de pensar en todo lo que había sentido. No paraba de preguntarme con cierta angustia qué me había y estaba pasando. ¿Por qué sentía lo qué sentía? Mientras meditaba inconscientemente me desnudé y me puse el bikini. Con la misma inconsciencia y distraída por mis pensamientos salí nuevamente al salón donde estaban Corina y Michelle. Mi sorpresa fue gigantesca cuando vi a Corina sentada en un mueble, sin la bata y totalmente desnuda, y a Michelle bailando frente a ella, quitándose lentamente la poca ropa que tenía puesta. ¡Le estaba haciendo un streep tease! Yo no podía ni hablar. Estaba tan sorprendida que no atinaba a reaccionar.
En eso Michelle me vio, se sonrió y me hizo señas para que me acercara. Me di la media vuelta para regresar al baño y oí a Corina decirme "Quédate Anna. Quédate y disfruta lo que vas a ver". El morbo y la curiosidad eran mucho mayores que el deseo de salir corriendo de allí. Michelle ya estaba totalmente desnuda también. Se sentó al lado de Corina y ambas se fundieron en un grande y apasionado beso. Pude ver como sus lenguas se entrelazaban mientras que con sus manos se acariciaban el cuerpo. Me volví a dar la vuelta y logré avanzar un poco hacia el baño, pero, como dije antes, era tanta la curiosidad y el morbo, acompañado por una gran excitación que se acrecentó cuando las vi besarse, que volví hacia donde estaban ellas y me quedé parada observándolas tímidamente.
Ahora Michelle estaba chupándole y mamándole las tetas a Corina. Su mengua pasaba por los pezones duros, los empapaba y después se ponía a mordisquearlos o a chuparlos. Se separó y entonces fue Corina quién empezó a comerle los senos a Michelle. Parecía querer devorarlos, pues aplicaba completamente la boca sobre ellos. Michelle se agachó frente a Corina, que abrió completamente las piernas, y en ese momento sentí que el corazón se me iba a salir, pues se puso a comerle la concha. Pero lo que más me asustaba era que toda esa escena de lesbianismo, junto con los gemidos de placer que emitían las dos chicas, me había excitado muchísimo. Me encontraba mojadísima y muy excitada, lo que me impulsaba a seguir viéndolo todo.
Corina se veía más hermosa que nunca. Me miraba, sonreía y gemía mientras Michelle le comía la concha. Su cara era de total placer, el mismo que yo sentía que me estaba transmitiendo, como si yo estuviese hipnotizada.
Michelle se levantó me miró y me lanzó un beso junto con un guiño de ojo. Corina la sentó en el mueble y ahora fue ella quién se puso a comerle la almeja a Michelle. Ella agarraba a Corina por el cabello y la oprimía contra su cuca, a la vez que lanzaba pequeños gritos y gemidos de bastante placer. Levantó las piernas, abriéndolas más y pude ver perfectamente su concha afeitada, rosada y húmeda, algo que nunca creí me causaría excitación. Corina estaba masturbándola a la vez que se la comía y chupaba toda. Sus dedos entraban y salían de aquella almeja que parecía llamarme a gritos.
Mi grado de inconsciencia y excitación era tal, que sin darme cuenta me había ido acercando hacia las dos, hasta estar prácticamente al lado de ellas. Al estar así, tan cerca, viendo todo mucho mejor, oyéndolas muy bien, oliendo el exquisito aroma del sexo, fue que comprendí que me había sentido tan extraña porque me sentía atraída por ellas dos. ¿Por qué era eso? No lo se. ¿Cómo podía estar sucediéndome y qué me estaba sucediendo? Tampoco lo podía decir. Lo cierto es que me convencí que me gustaba lo que sucedía y deseaba locamente ser parte de ello.
Cuando volví a reaccionar me encontré sentada junto a Michelle, observando con ansias como Corina le devoraba la almeja. Por la posición en que me encontraba, el pecho de Michelle quedaba a la altura de mi cara, por lo que me quedé contemplando el pezón erecto que me invitaba a comerlo. Se inició una guerra dentro de mi, debido al impulso que sentía por chuparlo, por saber que se sentía tenerlo en mi boca. Me alejé un poco, tratando de controlarme, con la respiración entrecortada y cerrando los ojos. Cuando volví a abrirlos Michelle se tocaba el precioso pezón, lo que hizo que me excitara aún más, por lo que sin pensarlo más me precipité sobre él. Abrí la boca lo más que pude, tratando de tragarme el seno completamente, buscando que entrara completamente en ella. Con la lengua podía sentir el duro pezón que tanto había deseado saborear. Lo lamía, mordisqueaba, chupaba y mamaba deleitándome en la embriagadora sensación que estaba experimentando.
De pronto caí en cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba haciendolo por segunda vez y eso me asustó muchísimo. Me separé rápidamente, pero cuando quise levantarme Michelle me tomó por el brazo y Corina por una pierna. Corina se levantó, acercó su cara a la mía y dijo casi susurrando: "No te asustes. Relájate, entrégate y disfruta esta experiencia que va a ser la mejor de tu vida".Ya las lágrimas brotaban de mis ojos cuando Corina me besó en la boca dulce y apasionadamente. Jamás me habían besado tan bien y mientras lo hacíamos Michelle me quitaba el bikini. Solo cuando quedé totalmente desnudita fue que las dos mujeres entraron completamente en acción, quedándome a merced de la lujuria de ambas.
Las tres nos sentamos en el mueble. Ahora éramos Michelle y yo quienes nos besábamos mientras Corina empezaba a jugar con mis tetas. Cuando sentí su lengua tocar uno de mis pezones, me separé de Michelle para poder verla hacerlo. Las dos mujeres se pusieron a chuparme y mordisquearme las tetas, lo que hacía que me sintiera en las nubes. Corina se puso de rodillas frente a mí. Su cara era de total lascivia. Yo estaba tan asustada que no podía reaccionar. Era una mezcla de placer y miedo que estaban conduciendo a consumar mi primera relación lésbica, con dos mujeres bastante mayores que yo, que estaban haciéndome sentir cosas deliciosas que iban en contra de todas mis convicciones, las que poco iban quedando atrás, desapareciendo, y siendo sustituidas por unas totalmente distintas.
Con una delicadeza increíble Corina separó mis piernas y se puso a besarme en los muslos. Vi que devoraba con la mirada mi almeja, que gracias a Dios yo tenía por costumbre depilarla por considerarlo más higiénico, pero ya ambas estábamos deseando que me la comiera con la boca. Con la misma delicadeza colocó sus dedos en mi concha, lo que hizo que me estremeciera, separó la piel y la dejó completamente abierta a su disposición. Me la besó como si me besara en la boca y luego empezó a pasarle la lengua, lamiéndola completamente. El corazón me latía a mil, pero aumentó su velocidad cuando sentí y vi que Corina ya no solo me la lamía, si no que me la estaba mamando e introducía sus dedos en mi rajita. Era muy diestra con su lengua y sus dedos. Subía, bajaba, entraba y salía de mi hueco a placer. Con Corina comiéndome la concha y Michelle, que seguía mamándome las tetas, creí que me iba a correr casi inmediatamente. En eso Corina se levantó y me volvió a besar en la boca. Su lengua tenía el sabor a mi sexo, lo que me gustó tanto que cuando trato de separarse, la detuve y nos seguimos besando a boca llena.