Eros D’Angelo. Salgo de la casa acomodando la mochila mejor en mi espalda, volteo la vista observando a Atenea gritar a los cuatro vientos, moviendo de un lado a otro a los lobos. —Tenemos que encontrarla, no debe estar lejos ¡ARES! .—Su grito hace doler mis oídos. Pobre de mi hermano. —Amor cuidado con tus gritos, nosotros somos sensibles a los oídos .—Mi hermano retira su ropa volviéndose lobo. Su enorme lobo color arena se alza. —Eros ¿Vienes? —Niego. —No, iré aparte con los chicos .—Él asiente, lo miró por última vez. Corro adentrándome al bosque, miró por encima de mi hombre a Diego y Félix, ambos se posicionan a mi lado en forma de lobos. Café y rojo, los miró y asiento. Me agacho llevando mis manos extendidas al suelo, me concentro en sentir la naturaleza, necesito sentirlo

