Carla lloraba desconsoladamente y Mérida no sabía que hacer más que abrazarla hasta que se calmará. - Tranquila mami, estoy aquí contigo, tranquila.- dijo susurrando y acariciándole el cabello. - Hija no podemos estar tranquilas, ese hombre odia a tu padre. - No entiendo, ¿lo conoces? - Cuando éramos chicos, los tres vivíamos en Alcoy. Éramos vecinos. Con Carlos éramos muy buenos amigos, gustábamos pero éramos pequeños, no sabíamos lo que era el amor. Sin embargo, tu padre era distinto a nosotros, era un completo mujeriego, las jovencitas de la escuela estaban enamoradas de él. Él sabía de su atractivo físico y se aprovechaba de eso. - ¡Odio a esa clase de personas! - soltó con furia Mérida. - Yo también los odio hija, por eso los crié a ustedes para que no fueran así. A ti para que

