CAP 7: AYUDA

2659 Palabras
El teléfono sonaba y nadie respondía del otro lado. Insistió una vez más hasta que se oyó una voz femenina. - ¡Hija querida! Estaba tan preocupada por ti. Tu padre me dijo que tenías mucho trabajo en el laboratorio y que no vendrías a casa. ¿Has descansado? ¿Te alimentaste bien?- su madre sonaba preocupada. - Hola mami, estoy bien, muchas gracias por preocuparte. Lamento que papá te haya dicho eso pero no es cierto. De hecho, llamaba para hablar contigo de un tema importante. - suspiró tristemente. - Mi princesa, ¿qué ocurre? Por favor dime que estás tomando la medicación, no me gusta escucharte triste. ¿Dónde estás? - Carla luchaba contra sus lágrimas, no sabía qué estaba pasando pero debía mantenerse firme para su hija. - Mi reina de colores, no te preocupes por mi medicación, solo quiero verte y que hablemos. Hoy más que nunca necesito tus consejos.- dijo Mérida con la voz entrecortada. - Dime dónde estás y ya voy para allí. - Necesito que vengas sin tu auto y sola y de ser posible compra un teléfono desechable. Ahora te envío la dirección, memorízala, no la anotes ni utilices un GPS. Una vez que recibas mi mensaje elimínalo. - Me estas asustando Mérida, ¿estás bien? ¿te han secuestrado? - Carla no pudo soportar más y dejó caer lágrimas. - Estoy bien, estoy en la casa de un amigo pero por favor necesito que hagas lo que te pido. Nadie puede saber dónde estoy, especialmente tu marido.- de solo pensar en decir padre se le revolvía el estómago. - Está bien hija, en un rato estaré allí. Mérida no pudo más y se echó a llorar. Se dirigió al cuarto de baño para alistarse para recibir a su madre. Mientras estaba en la ducha comenzó a recordar situaciones del comienzo de su adultez. Flashback 9 años antes. Todos sabían que era hija del famoso científico Roberto Aráoz y ella estaba orgullosa de eso. Siempre había querido trabajar con él, ser su colega. Faltando pocas semanas para finalizar el primer semestre, Mérida le consultó a su padre si podía ser pasante en su laboratorio pero él se negó. Su respuesta fue que todas las vacantes habían sido ocupadas. En una segunda oportunidad, demostrándole que había obtenido la oferta de una pasantía en un laboratorio prestigioso, se negó a aceptar su pedido porque sería poco ético contratar a su hija, lo verían como nepotismo. Como Mérida tardó en contestar la oferta, perdió su puesto en aquel laboratorio. Le explicó la situación a Roberto y éste le explicó que así es como funcionaba la vida, que los laboratorios no tenían piedad con las mujeres. Esta respuesta no la dejó conforme, él siempre la había apoyado y ahora estaba contradiciendo todo lo que le enseñó a lo largo de los años. Mérida le rogó que por favor le diera un lugar, sin goce de sueldo, hasta que pudiera conseguir otra oferta, pero él se volvió a negar justificándose con que el cupo femenino estaba completo. Mérida no estaba de acuerdo con las respuestas de su padre, sentía que no quería que ella fuese parte de su mundo pero no tenía sentido, ella decidió seguir sus pasos porque así fue como él lo dispuso. Su madre siempre le dijo que debería elegir una carrera que ella amara, no una que se le imponga, pero Mérida era joven y creía que su madre lo decía porque ella no había estudiado y estaba celosa de la relación que tenía con su padre. Durante el segundo semestre del primer año dejó de insistirle a su padre por un puesto de trabajo pero cuando tenía ratos libres en la universidad iba a visitarlo al laboratorio como cuando era pequeña para que le mostrara en qué estaba trabajando. Pero esas visitas que ella tanto añoraba un día fueron truncadas cuando el personal de seguridad de la entrada le prohibió ingresar. Llamó a su padre y no recibió respuesta. Fue a su casa a esperarlo, necesitaba explicaciones, pero su padre esa noche no volvió. Le mandó mensajes y nada. Le preguntó a su madre y ella le dijo que había surgido un viaje importante e iba a estar ausente por 2 semanas. A Mérida todo le iba pareciendo cada vez más confuso, ¿por qué su padre la ignoraba y no dejaba que visite el laboratorio como lo hizo durante aproximadamente 10 años? Terminando el semestre, Mérida consiguió una pasantía en un laboratorio de renombre en Vigo durante las vacaciones de verano. No dudó en aceptar, sin siquiera consultarlo con su padre. Con el apoyo incondicional de Carla, preparó sus maletas y fue a vivir una experiencia inolvidable. Una vez finalizado el receso de verano, volvió a su hogar y a la universidad. La experiencia en Vigo se veía reflejada en su alto rendimiento académico. En su hogar, Roberto había instalado un pequeño laboratorio en el sótano, donde invitaba a Mérida en sus ratos libres a que leyera los descubrimientos que iba realizando. No era como en el pasado pero ella creía que su padre seguía interesado en conservar esa tradición. Comprendió por qué era importante que consiguiera su propio lugar en el mundo científico y estaba feliz de sus logros. Cada tarde que pasaba con su padre en el pequeño laboratorio improvisado, terminaban la jornada con té y galletas. Con el correr de los meses, Mérida comenzó a desmejorar, se encontraba cada vez más delgada, su piel pálida, su cabello castaño estaba opaco y quebradizo, sufría epistaxis periódicamente, desmayos e incluso convulsiones. No entendía qué pasaba. Roberto decía que probablemente era el estrés de los exámenes por haber elegido una carrera muy competitiva pero Carla sabía que algo más ocurría con su niña, siempre había sido una joven sana y atleta. Este cambio repentino en su salud era alarmante, por lo que, en contra de lo que Roberto creía, Carla decidió llevarla al médico. Luego de extensos estudios y análisis de sangre, los galenos notaron que presentaba anemia, sangrados internos, problemas hormonales, reducción de la sensibilidad, anorexia, dificultad para dormir, irritabilidad, todo a causa de niveles elevados de plomo en sangre. Roberto se encontraba en un viaje que duraría un mes por lo que no sabía del diagnóstico de su hija. Carla no entendía cómo su hija había sido expuesta a esta sustancia tóxica. Los médicos tratantes concluyeron que lo más probable sería por estar en el laboratorio improvisado que había en su casa. Mérida no creía que esto fuera posible, si ella solo estaba el poco tiempo que su padre le permitía y luego bebían un té juntos. A Carla no le interesaba ese intento barato de laboratorio, la prioridad era la salud de su hija por lo que decidió sellar la puerta que daba al sótano. Las notas de Mérida habían bajado considerablemente, estaba ausente en muchas asignaturas, no tenía permitido ir a prácticas hasta que su salud se normalizara, lo cual duró meses. Esto la orilló a una terrible depresión pero nadie lo notó, ella siempre llevaba una dulce sonrisa en su rostro. Un día estaba sola en casa, estaba agotada del estilo de vida que estaba llevando, su salud física iba mejorando pero su salud mental no. Decidió que era mejor distraerse así que comenzó a limpiar su alcoba. Tenía muchas prendas para donar, libros que ordenar. Ordenando su biblioteca, dejó caer accidentalmente un portarretratos de su estadía en Vigo. Tomó la foto y sintió una profunda tristeza, ¿dónde estaba esa joven que había sido tan feliz logrando sus objetivos? Continuó limpiando el desastre que era ahora el piso por los vidrios rotos. Al levantarlos, sintió una leve punzada en su mano, creyó que no era nada por lo que siguió con su labor hasta que la sangre brotó por su mano. Observó su mano y era un corte profundo, sabía que había perdido sensibilidad por su intoxicación pero jamás creyó que sería tan marcada, por lo que decidió tomar un vidrio más grande y cortar su antebrazo para corroborar si era real lo que decían los médicos. Ella seguía sin sentir dolor pero la sangre que caía era cada vez más. Su vista comenzó a nublarse hasta que se volvió negra. Su hermano Luis en aquel entonces tenía 15 años, volvía del colegio caminando y le extrañó que su casa estuviera vacía. Sabía que su hermana no podía salir y no creía que fuera capaz de escaparse, así fue como decidió ir a buscarla a su cuarto pero jamás creyó que se iba a encontrar con esa escena. Mérida estaba en el suelo, inconsciente, con su brazo cortado y sangrando a borbotones. Luis intentó despertarla pero ella no reaccionaba, buscó su pulso tal como le habían enseñado en alguna oportunidad, notó que era débil, debía actuar cuanto antes. Llamó al número de emergencias y la operadora lo guió para mantener a Mérida con vida, puso una toalla alrededor del antebrazo y realizó una leve compresión para evitar que siguiera perdiendo sangre. En menos de 10 minutos, el servicio de atención médica estaba en su casa llevando a su hermana al hospital. Le permitieron acompañarla porque estaban solos pero por ser menor debían comunicarse con los padres y las autoridades. Carla llegó cuanto antes al hospital y se encontró con una imagen desoladora. Su hija en una camilla, con su ropa de color rojo carmesí por la sangre, con una vía en su brazo sano, recibía oxígeno a través de una mascarilla y permanecía inmóvil, pálida con los ojos cerrados. Vio a Luis que estaba llorando viendo a su hermana, también con su ropa teñida de rojo y culpándose por no haber llegado antes a casa. Carla sintió como su corazón se destruía, sus dos amores, sus hijos, estaban sufriendo. Intentó comunicarse con Roberto pero su teléfono la redirigió al buzón de voz. Llamó al laboratorio pero le informaron que hacía cinco días que no iba a trabajar. Sentía tanto enojo, rabia, impotencia. Sus hijos estaban sufriendo y necesitaba a su marido para que estuviera con la familia y él no aparecía. Ese día donde el corazón de Carla se destruía por la escena que estaba presenciando, el amor por Roberto murió.>> Una vez bañada y vistiendo uno de los conjuntos casuales que le había enviado Tomás, buscó en la despensa de la cocina algo para cocinar para compartir con su madre. Con los pocos ingredientes que encontró preparó pizzas caseras, suficiente para que sobre y Tomás comiera a la noche. Hizo una nota mental de todo lo que faltaba en la cocina para luego ir a comprar, era su manera de expresar su gratitud hacia él, que la recibió en su casa siendo una completa desconocida y había tenido gestos muy amables. El portero eléctrico la hizo salir de sus pensamientos y se dirigió a contestar. El recepcionista le informó que una señora llamada Carla Rosín estaba esperándola, por lo que Mérida autorizó al hombre para que subiera su madre. -¡Mi princesa! Que alegría ver que estás bien, estaba tan preocupada por ti. Tu llamada fue muy enigmática, no sabía qué esperar. - Gracias por venir madre, ¿hiciste todo lo que pedí? - Si hija, explícame qué está sucediendo.- dijo intentando parecer fuerte pero Mérida notaba el nerviosismo en el tono de voz de su madre. - Ayer ha sido un día terrible para mi, mi vida dio un vuelco radical. Es por eso que estoy aquí. Esta es la casa de un nuevo amigo... - dijo mirando al piso y sonrojándose. - Mérida Aráoz - dijo Carla con un tono firme- ¿estás embarazada? Mérida comenzó a reír de manera desquiciada, su madre estaba preocupándose cada vez más. - No madre, no serás abuela. Aún... - dijo entre risas - ven, sentémonos en el sofá así te explico qué pasó en estas últimas 24 horas. Tomaron asiento en la sala de estar y comenzó a relatarle todo desde la llamada de su padre hasta que salió de la oficina de aquel abogado. Carla iba palideciendo con cada cosa que iba relatando su hija. Desde aquel penoso incidente años atrás que sufrió Mérida, ya nada le sorprendía de Roberto, pero no podía decirlo frente a su hija porque ella seguía viéndolo como ejemplo a seguir, aunque con toda esta nueva información dudaba que siguiera siendo así. - ¿Sabías algo de esto madre? - No cielo, estoy atónita con todo lo que me has dicho. Sé que amas a tu padre pero sinceramente esto no me sorprende. Nunca lo dije frente a ustedes pero luego de tener a Luis, se convirtió en un hombre egoísta, todo giraba en torno a él, nosotros tres pasamos a un segundo plano. La ciencia y ese maldito laboratorio eran su vida, desaparecía por días y relegaba a su familia. - Ayer finalmente pude empezar a ver las cosas así madre. ¿Quién en su sano juicio cambia una propiedad que no vale nada por la dignidad y felicidad de su hija? - Un psicópata Mérida. - dijo y se acercó a abrazar a su hija quien había comenzado a llorar.- pero no te preocupes, yo estoy aquí y siempre te he cuidado y te cuidaré hasta mis últimos días. Así que ahora cambiemos de tema y cuéntame de quién es este apartamento y por qué tanto misterio para llegar aquí. ¿Estás segura que no estás embarazada? - dijo entre risas. - ¡j***r madre! Que ya te he dicho que no. - Vale, vale, comprendo pero mira, has dejado de llorar. - Gracias, te necesitaba. - miró a su madre y se fundieron en un tierno abrazo.- Bueno, ¿recuerdas que te conté que este abogado pautó que para salvar todo debía casarme con su hijo? - Si... - contestó Carla con miedo.- ¿Te han obligado a casarte ahí? - ¡Que no Carla! Cuando Roberto y el otro hombre me explicaron todo, tuve una crisis, parecía un león enjaulado - dijo riendo y ladeando su cabeza mientras recordaba lo ocurrido.- El hijo, Tomás, con el que debo casarme, fue el único que se preocupó. Tu marido jamás atinó a pararse y consolarme, solo miraba el piso como un cobarde. - Lo estoy visualizando hija. Siempre fue un arrogante y egoísta pero cuando las cosas se salían de control era un cobarde y temblaba más que una hoja. - Bueno, Tomás me dio su teléfono personal, sin que los otros vieran y yo me fui del edificio, necesitaba escapar de ahí, ir al mar. Roberto me llamó infinidad de veces hasta que recordé que hace años nos instaló localizadores en nuestros autos y teléfonos. Por eso te pedí que tomarás todas las precauciones posibles. Nadie sabe que estoy aquí, solo tu. Tenía miedo de que me encontrara y me obligara a firmar. - Comprendo querida, imagino el temor que sentías. Pero eso no me explica cómo terminaste aquí, podrías haberme llamado. - Podría, pero ese bastardo iba a estar en casa así que acudí a la única persona que sabía que mi padre jamás se imaginaría, Tomás. - Tengo que conocer a ese muchacho y agradecerle lo que ha hecho por ti. Hemos estado hablando de Tomás y su padre pero no me has dicho su apellido. ¿Quiénes son y por qué Roberto confía tanto en ellos? - El abogado es Carlos Saavedra. Al oír ese nombre, Carla palideció, aparecieron palpitaciones, la sala daba vueltas. - ¿Qué ocurre madre? ¿Lo conoces? - Ese hombre... ese hombre... odia a tu padre- su voz se cortó- ese hombre es peligroso. - dijo entre un llanto desconsolado.
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