Minutos luego de la partida de Mérida, el despacho se encontraba en un silencio muy tenso. Carlos fue hacia donde guardaba sus bebidas y decidió tomar un coñac. La furia lo invadía. ¿Cómo una jovencita se atrevía a desafiar al gran Carlos Saavedra? ¿Tratarlo de hombre de poco fiar? Por un momento quiso olvidarse de toda esta farsa y dejar que Mérida descubriera el verdadero motivo de este contrato y que su amigo fuera a la cárcel. No era su culpa si Roberto no sabía controlar su patrimonio ni sus instintos primitivos.
Si algo lo detenía era su hijo Tomás, tenía sus razones para mantenerlo ahí. Tomás siempre fue un hombre cruel, vanidoso, arrogante, sus únicos intereses siempre fueron incrementar sus cuentas bancarias e ir a fiestas de la alta sociedad acompañado siempre de una bella modelo o heredera. ¿Qué había ocurrido hoy con su hijo? ¿Por qué ante la escena que causó la joven, él cambió completamente su semblante? ¿Por qué se preocupó por ella? Así no es su hijo.
- Roberto, tu hija está haciendo las cosas más difíciles. Si no tenemos una pronta respuesta, lo siento mucho viejo amigo pero tu familia mágicamente se enterará lo que escondes y tu te quedarás sin familia y sin tu terreno.- espetó Carlos con furia.
- Carlos por favor, Mérida es una mujer volátil pero es inteligente. Ella va a firmar pero no puede saber nada más. Aquí el "único" problema que negociamos es el terreno de Alcoy.
Desde su sillón, Tomás observaba a los hombres hablar. Él sabía por qué para su padre era tan importante obtener aquel terreno pero no lograba descifrar por qué él tenía que casarse. Aceptó porque en la familia siempre se ayudan los unos a los otros, sin obviar que cuando vio quién era la joven en cuestión, no pudo dejar de pensar en ese rostro inocente y esa inteligencia prometedora. ¿Por qué su padre estaría tan desesperado por entregar a su hija? ¿Qué estaba escondiendo?
> pensó Tomás.
Una vez fuera del edificio, Mérida tomó su viejo Ford Focus gris del año 2003. Éste fue el primer auto que pudo comprar años atrás con sus primeros ahorros de la pasantía que había obtenido cuando ingresó a la universidad.
Todavía seguía nerviosa, temblaba, necesitaba salir de la ciudad. Comenzó a conducir sin rumbo alguno, su teléfono no paraba de sonar. Era su padre. A la llamada número 26, Mérida aparcó su coche a un lado de la autopista y recordó que su padre años atrás les instaló un geolocalizador en sus autos y teléfonos móviles, nunca les explicó el por qué. Ella siempre creyó que en el ámbito científico su padre tendría enemigos y él sólo quería proteger a su familia pero ahora dudaba hasta de eso. Desactivó el localizador de su móvil y tomó su caja de herramientas de la cajuela para poder buscar el localizador del coche y destruirlo. Luego de minutos que parecieron eternos, el pequeño aparato de color n***o quedó destruido.
Mérida sentía que se quitaba un peso de encima. > El pánico inundó nuevamente a Mérida por lo que decidió tomar una carretera distinta e ir a un lugar contrario al que se dirigía. Manejó en círculos por horas, intentando distraer a su padre si es que la estaba siguiendo, hasta llegar a Gandía. Aún era temprano así que se dirigió hacia la playa. Estar en contacto con la brisa marina la ayudaba a aclarar su mente. Caminó largos tramos mojando sus pies hasta que decidió recostarse.
- ¿Por qué mi padre decidió esto sin consultarme?- dijo en un murmullo. - Acaso no confiaba en mí como siempre decía. Debe haber algo más, no puede ser sólo un problema de dinero.
Mérida estaba convencida que esa pequeña cabaña no valía muchos euros, se encontraba en un lugar alejado, en muy malas condiciones. ¿Por qué alguien querría hacerle un juicio a Roberto? - Es más fácil entregar la escritura y perder algunos euros - dijo al viento. Su razonamiento era lógico. ¿Por qué caer tan bajo y negociar con los sentimientos y el cuerpo de su hija?
En su cabeza había más y más dudas pero también comenzaron a aparecer recuerdos de su niñez.
Flashback
20 años antes
ños número 7 de la joven Mérida. Carla, su madre, siempre había soñado con tener una hija. Era su princesa, estaba siempre pendiente de sus necesidades, de su educación, en inculcarle valores y enseñarle sus derechos.
Por aquel entonces, Mérida soñaba con ser astronauta por lo que Carla decidió hacer un festejo temático. Su niña vestía un pequeño traje blanco de astronauta, su pastel reflejaba los distintos planetas del sistema solar. La fiesta estaba por culminar y llegaba el momento de cortar el pastel junto a sus compañeros de escuela, pero Roberto aún no llegaba. Carla decidió llamar al laboratorio para hablar con él y cuestionar que ocurría. Luego de sonar unas cinco veces, alguien contestó del otro lado de la línea y le comentó que Roberto no había ido a trabajar. ¿Cómo era posible? Esa mañana el había salido con su maletín directo al trabajo. Entre sollozos, Carla le agradeció al asistente con el que había hablado. Nunca se percató que Mérida había escuchado esa conversación.
- Hija pide un deseo, lo que más anheles en el mundo, y se cumplirá.
En ese momento Mérida sólo quería que su padre estuviera ahí, orgulloso de ella.
La fiesta terminó y era hora de dormir. El pequeño Luis ya estaba durmiendo, todavía era chico para este tipo de festejos. Carla arropó a su princesa y notó que no era la misma niña de la mañana.
- Mi princesa, ¿Qué es lo que ocurre?
- Papá no nos quiere más. No vino a mi cumpleaños, no me llamó para desearme un lindo día. ¿Nos va a abandonar? - Carla retenía lágrimas de tristeza, de furia. No podía ver a su hija así.
- No mi cielo, él está trabajando mucho. Recuerda que es un científico y quiere hacer lo mejor para el mundo - Ni ella podía creer lo que decía pero cómo podía explicarle a una niña de 7 años que su padre no fue a trabajar y no apareció en la fiesta de su hija.
- Capaz se avergüenza de mi, ¿Quién quiere una niña astronauta? Nadie. Eso sólo ocurre en las películas.- dijo Mérida entre sollozos
El corazón de Carla se rompía cada vez más. Roberto les había mentido, ni siquiera llamó o estuvo presente para su hija. Esto es algo que Carla jamás podría perdonar. >>
Una fría brisa trajo a Mérida al presente. Había olvidado aquella fiesta. ¿Por qué su padre no había aparecido? Durante una semana no estuvo en la casa y ahora siendo adulta, comprendía que probablemente tampoco hubiese estado en el laboratorio. Cuando volvió a su hogar creía que su cumpleaños era el mes siguiente. ¿Por qué su padre era tan poco atento en aquel entonces?
La noche se acercaba y ella no quería volver a su casa, tenía sus tarjetas de crédito pero eso podía alertar a su padre. Podía acudir a Megan, su mejor amiga, pero estaba segura que su familia ya la había contactado para saber su paradero.
Buscó en su bolso su teléfono y encontró una tarjeta de presentación blanca que en letras doradas decía "Tomás Saavedra. Empresario", detrás estaba escrito a mano su teléfono. Recordó lo último que él le dijo, parecía honestamente preocupado. Podía llamarlo, ¿Qué perdería con intentarlo?