-¿Todo esto… Es por mí?- preguntó él tragando grueso mientras acercaba sus dedos brillantes luego de rozar la piel tan privada de la chica y los llevó a su boca para lamerlos. Marie abrió los ojos sorprendida, él también se sorprendía, nunca había sido tan salvaje a la hora de tener sexo. Pero Marie sacaba de su interior la parte más humana y carnal, no la animal, sino la de un caballero que no se puede dejar ir por los impulsos y en cambio debe de pintar el camino perfecto para que su musa lo deje pasar. -Sí, Dios, sí - ella estaba nerviosa y él no pudo evitar pensar en lo poco requerido que era Dios en aquel instante. Volvió a llevar su boca a la oreja de Marie. Ella tragó grueso sabiendo que lo que hacía no era más que calentarla y rogando al cielo porque lo que hacía no fuera sólo l

