La noche llegó y con ella llegó el calor. En efecto, Tempesty tuvo temperatura y no fue hasta las cinco de la mañana que la pobre pudo conciliar el sueño. Marie y Mónaco estaban despiertos literalmente a base de cafeína. -Deberías dormir - aconsejó Mónaco mientras se restregaba los ojos y peinaba su ya bastante despeinado cabello con los dedos. -Ni hablar, mejor ve tú. Mañana debes de trabajar - Replicó Marie poniéndose de pie. Su espalda dolía un poco, había pasado varias horas cargando a Tempesty mientras intentaba que con paños húmedos la fiebre descendiera. -Esos dientes… Sacarán canas a mi cabeza - él bufó mientras Marie sonreía divertida por el comentario. -Sólo es pasajero, relájate - aconsejó y Mónaco suspiró - Mónaco, ve a la cama, yo puedo descansar aquí un par de horas.

