Ambos escucharon un ruido procedente de la habitación de la niña y fue entonces que se separaron. Parecían sedientos de los labios de el otro y mientras Marie se apartaba de él, Mónaco siguió su instinto. -Voy a verla, ya vuelvo - ella asintió seguido al aviso y lo vio darse la vuelta en dirección a las recámaras mientras el alma le volvía al cuerpo y era consciente de lo mucho que temblaba producto de la emoción. -Contrólate, Marie - se reclamó a sí misma mientras su agitado corazón parecía haber sido nutrido por un six pack de energizantes. Ella mordía su labio inferior saboreando a Mónaco en este. Se sentía como una niña tonta y para ella Mónaco era todo lo contrario por lo que debía disimular la emoción infantil que sentía causada por el romanticismo que vivía en su interior desde h

