Ella lo miró cuando le escuchó hablando por el teléfono. La charla no era suya y hacía mal al espiar pero tampoco era que estuviese hablando algo de el otro mundo. Era sobre algo de la iglesia que en definitiva ella desconocía. Pensándolo bien, se dijo a sí misma mientras secaba los platos para guardarlos, no sabía de qué trabajaba él en la iglesia. Sí, estaba siendo bastante intensa y se molestó consigo misma, y aún así el demonio pequeño y coqueto sobre su hombro le recordó que no era así porque Mónaco sabía todo sobre ella. Tenía que ser recíproco, ¿No es así? En ese momento el angelito no se quejó. Parecía secundar la opinión. Mónaco le colgó a el sacristán que le había dado la noticia de la aprobación para el evento de caridad en el que la parroquia participaría. Una parte de él esp

