Chantilly frunció el ceño. - ¿Y eso te preocupa tanto? - aquella pregunta sorprendió a Mónaco. - ¿Qué? - Chantilly se encogió de hombros. - Me aterraría si es que estuvieses enamorado de una niña o de un niño. Pero es una mujer, lo dijiste - Mónaco parpadeó varias veces seguido a su explicación. -No. ¿Es que no te das cuenta de que con mi profesión está prohibido? - Ella respiró hondo mientras miraba sus manos. -Nunca entendí esa estúpida norma. No soy muy cristiana pero en ninguna parte de la Biblia, hasta dónde sé, dice que los sacerdotes no se pueden enamorar. Él suspiró. -No lo entiendes. Es un compromiso con Dios más allá de lo carnal - dijo Mónaco avergonzado - Y yo… Lo he roto. Como si nada, lo he deshecho. Y todo por… -¿Por ser humano? - adivinó la prostituta. El cliente n

