Los meses siguieron su curso, Emma fue creciendo, haciendo que todos nos enamoráramos de cada pequeño detalle, sus ojos eran iguales a los de mi padre, por momentos grises y por otros turquesas medios verduscos, su cabello castaño oscuro comenzó a crecer y unos rulos salvajes asomaron, Hannah dedicaba todos los días unos treinta minutos en este, al parecer peinar el cabello rizado era algo complicado y que debía tener una gran paciencia. Sam vivía por casa, ya sea por mis padres o por la pequeña Emma, ayudaba a cambiarla, bañarla e incluso se quedó de niñera una vez que Hannah tuvo que volver a trabajar, aunque esta última se negaba a hacerlo, para mi no era algo raro, sabía que Hannah sería una increíble madre, aun cuando ella no estaba segura de ello, pero ahí estaba, su instinto protec

