El sábado cenamos juntos en casa de mis padres y el domingo madrugamos para que conocieran la finca. Samantha y Helena también quedaron impresionadas con todo lo que mis padres habían hecho allí. Y estaba orgulloso de ellos. Pero el domingo pasó rápido y necesitaban despedirse. El taxi los recogió exactamente a las 5 de la tarde, la hora que habían acordado con el único conductor del pueblo cuando los dejó el viernes. Abracé a Samantha antes de que subiera al auto y le dije: - Compórtate, Samantha. Y... dale una oportunidad a Carlos. Puedes estar muy feliz con eso. - Me encantó venir aquí contigo, tu familia y tu hermosa amiga. Y... Mi consejo para ti es que no dejes escapar a Luciano. – dijo guiñando un ojo. Antes de que pudiera objetar, subió a su auto y cerró la puerta, sin prestar

