Enfoque ardiente

919 Palabras
Amelia es la siguiente en orden de edad, pero las mujeres son las últimas en las familias mafiosas. A menudo se las aprecia, pero no se les da ninguna responsabilidad real. Definitivamente no se habían puesto al día con el nuevo milenio. Chase era el siguiente en la línea de sucesión. Era el varón más joven y su nivel absolutamente perverso de «me importa un carajo lo demostraba. Luego estaba Mery, la más joven de la familia. Me parecía una locura que todos siguieran viviendo en la casa de su padre, a pesar de tener entre veinte y treinta años. Pero supongo que si tuviera una enorme mansión rodeada de gente que me quiere, yo también sería reacio a irme. -Edward, esta noche y mañana por la noche te toca vigilar a Amelia. Está actuando de forma extraña. Quiero que estés fuera de su habitación toda la noche, así que acuéstate temprano. Ella está cubierta hasta las diez de esta noche y luego tú estás de guardia. Harry untó mantequilla en la tostada crujiente mientras hablaba. Tenían chefs épicos a su entera disposición, pero aun así les apetecía una tostada caliente con mantequilla. Los ricos son unos salvajes. -Entendido, Harry. Incluso el agua sabía mejor, enfriada en su costosa nevera y en botellas de cristal cubiertas de condensación. -Vale, Marcos, ven conmigo. Tenemos que revisar el contrato matrimonial para asegurarnos de que William no ha introducido alguna cláusula que nos perjudique. El abogado ya debería estar aquí. El silencio me rodeó cuando se marcharon y suspiré. Me trataban bastante bien para ser un grupo de delincuentes, pero siempre me sentía mal por ellos. Odiaba desear desesperadamente que me acogieran. Que me necesitaran. Saqué el pan y me preparé unas tostadas. La noche iba a ser larga. —Tomaré un poco si lo preparas. —Encogí los hombros cuando la dulce y melodiosa voz de Amelia me envolvió. Por supuesto. El ambiente de la habitación cambió cuando ella entró, su perfume flotaba en el aire y se mezclaba con el olor de las tostadas. Siempre usaba demasiado, ¿cómo olería sin él? Me asaltó la idea de tener mi cara presionada contra su cuello y rápidamente la sacudí de mi cabeza: -Joder, Edward, está a punto de casarse. Pronto le pasé un plato de tostadas y ella se apoyó en la encimera a mi lado, lanzándome miradas ocasionales mientras comíamos en un silencio incómodo. -He oído que vas a verme esta noche. -Sí. -Soy un poco mayor para eso, ¿no crees?. Parpadeó con sus largas pestañas, sus ojos verdes más apagados que nunca desde que anunciaron su boda. -Solo sigo órdenes. Me encogí de hombros y probé otro bocado. -Me gusta recibir órdenes, resopló. La tostada se me atascó en la boca y casi me ahogo. Mis ojos se posaron en su rostro y sus mejillas se sonrojaron. -Voy a fingir que no has dicho eso. Porque acabaría duro como una roca si seguía pensando en ella obedeciendo. En ella de rodillas y siguiendo mis instrucciones. Joder. -Pero lo he dicho. Amelia giró su cuerpo hacia mí y extendió la mano, deslizando suavemente un dedo por mi pecho mientras yo me quedaba paralizado. Todo en mi cerebro se iluminó en rojo con una enorme señal de advertencia de peligro. ¿Qué estaba pasando? ¿Nunca lo habías pensado? Mentiría si negara haber fantaseado alguna vez con ella, ¿cómo no iba a hacerlo? Sus pequeñas y curvilíneas líneas suaves pedían ser envueltas por la dureza. La franja de pecas sobre su nariz era una maldita delicia. ¿Y esos ojos, esos ojos que me miraban parpadeando? Había soñado con esos ojos. Me aclaré la garganta e intenté articular palabras mientras sus dedos rozaban mi muslo y ella sonreía. La evidencia de lo mucho que había pensado en ella era bastante obvia por la tensión de mis pantalones. Le agarré la muñeca. Tenía que detenerme. Un grito ahogado salió de su boca mientras la sostenía con fuerza, y la giré para que sus caderas descansaran sobre la encimera, con esos malditos ojos mirando hacia otro lado. Le retorcí el brazo detrás de la espalda mientras la sujetaba, con mi ingle presionando contra su espalda baja. -Estás comprometida, le dije al oído, con un tono amenazante pero mucho más lascivo de lo que pretendía. El gemido que dejó escapar antes de presionarse contra mí me sacudió hasta lo más profundo. Dios mío, ¿le gustaba esto? Me gustaba el sexo un poco más atrevido, pero nunca en un millón de años habría sospechado eso de Amelia. Era una princesa mimada que vivía de las monedas de su padre. -Para un monstruo. Su voz era entrecortada y rebosante de deseo. -¿Cómo sabes que no soy un monstruo?. -Más vale malo conocido. Miré hacia la puerta. Que me pillaran con ella apretujada entre mi erección y la encimera llena de migas de tostada sería una mala noticia para mí. Pero ella era embriagadora. Acerqué mis labios a su oído, inhalando su aroma mientras ella gemía con ternura. -No pongas a prueba mi lealtad hacia tu familia, Amelia. Estoy aquí para asegurarme de que te cases, no para que me provoquen. A regañadientes, la solté y di un paso atrás, con el corazón acelerado mientras ella se volvía hacia mí. Entrecerró los ojos y cruzó los brazos sobre el pecho. -No puedes fingir que no lo has pensado. Vi cómo me mirabas. Tu polla estaba dura contra mí. Tú también quieres esto.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR