Elena. Cruzó la puerta de la habitación con los dos a su lado. Marco detrás de ella, su mano en la espalda baja. Dante delante, abriendo el camino… como si los tres supieran que estaban cruzando un límite invisible. La habitación estaba en silencio, apenas iluminada por una lámpara tenue. No había prisa. No había palabras. Solo una tensión dulce, envolvente… como una marea que los iba arrastrando despacio, sin resistencia. Marco fue el primero en hablar. —No se trata solo de posesión esta vez. Elena lo miró, con los ojos abiertos, el pecho agitado. Él se acercó y le tomó la mano. —Se trata de elegirte. De estar acá contigo, aunque no sea como imaginamos. Dante se acercó también, su mano rozando la mejilla de ella. —Vamos a equivocarnos, a pelear, a dudar… Pero esta noche no

