Capítulo 13

1812 Palabras
Dejo a Linda en su casa y me dirijo hacia la mía, se que hoy tengo una cita con Amy y no puedo dejarla plantada, ya es tarde y si no me apresuro llegaré muy tarde a nuestra cita. —¿Se puede saber donde estabas Alexander? —Con una amiga madre. —¿Con que amiga? ¿Por qué no quisiste que Armad y Arthur te acompañaran? —No era necesario—Respondo impaciente y observo mi reloj—Hablaremos más tarde debo prepararme para pasar por Amy madre—Subo las escaleras apresurado, ya en mi habitación comienzo a desvestirme para meterme a la ducha. Una hora después estoy en camino hacia la casa de Amy, aún así maldigo en mis adentros porque ya es tarde. Observo que detrás de mi viene mi seguridad, no dudo en voltear los ojos porque de seguro mi madre los mandó. Ya en su casa me recibe una chica de complexión robusta muy linda, pero que me mira como si quisiera matarme. —Buenas noches, podrías avisarle a Amy que ya estoy aquí por favor. —La señorita Amy Xiomara ya esta acostada—Me dice en forma de reproche. —Quedamos en que pasaría por ella para cenar o ir al cine, a bailar, no es muy noche aun— Digo restándole importancia a que ya son las nueve y media. —Le avisaré, en seguida bajo—Me invita a pasar y me ofrece asiento pero yo no puedo sentarme, comienzo a dar vueltas y vueltas; santo cielos , como puede tardar tanto por avisarle que estoy aquí, observo mi reloj y ya son las diez de la noche , paso mis manos por mi cabello, exasperado. El tiempo con Linda se pasó volando cuando me vine a dar cuenta ya era muy tarde, sus padre son tan cálidos, tan amables, Linda sacó la belleza de su madre y lo carismático a su padre. La puerta de la entrada suena y para que se complete mi desgracia aparece Teodoro que vuelve del trabajo, cuando me mira en su sala se sorprende. —Alexander ¿ya están de regreso?—Se acerca a saludarme con un abrazo y unas palmaditas en la espalda. —Que avergonzado me siento Teodoro, lo que pasa es que tuve un día muy pesado en la empresa—Cínicamente le miento— ya sabes como eso, llegue un poco tarde, pero al parecer Amy esta molesta, ya le fueron avisar que estoy aquí pero no baja. Creo que lo mejor es que me vaya y ya mañana le explico. —Entiendo —Dice pensativo —Ven conmigo, te llevaré con ella. Lo sigo en silencio, subimos las escaleras y recorremos un par de pasillos, la chica que me recibió va saliendo de una puerta color blanca. —Buenas noches señor Teodoro. —Buenas noches Marlene ¿Amy? —Bueno, me dijo que le dijera al señor Santana que regresara mañana. —Entiendo —Respondo con pesar; quería verla. —Espera Alexander— Después se dirige a la chica que ahora se que se llama Marlene—¿Esta presentable? —Si, aun no se ha puesto su pijama. —Bien, puedes irte a descansar. Marlene se retira y Teodoro se acerca a la puerta da unos golpes y escucho su voz permitiéndonos pasar. Teodoro abre la puerta y me invita a pasar. En un susurro le doy las gracias por ser tan considerado y comprensivo aunque no me lo merezca. En cuanto entro a la habitación su aroma me recibe, la veo recostada en la cama de lado, abrazando a una almohada, con su cabello sujeto en una cola alta, mira hacia un punto en especifico en la habitación. Recorro con mi vista la habitación , paredes e incluso muebles blancos, sillones en color rosa e incluso el piso es de alfombra en tono rosa. Sonrío porque no me lo hubiese imagino. —¿Qué pasa? —Pregunta volteando hacia mi, se levanta de golpe sorprendida porque he invadido la privacidad de su habitación—¿Quién te dejó entrar? —Tu papá—Termina saliendo de la cama y trago en seco al verla en un vestido n***o muy ajustado, sin mangas y de cuello alto, le llega por encima de las rodillas, mostrando muy poca piel, pero lo que me roba el aire es como se entalla a sus curvas. Ahora va descalza y puedo notar lo baja de estatura qué es. —Debió de respetar mi decisión en no querer verte. —Estoy aquí, en estos momentos ya estaríamos en camino a algún lugar, si no te hubieras negado a bajar. Me disculpo por la tardanza. Se acerca a mi mirándome con enfado me señala la puerta; quiere que me vaya —Eres cero responsable con tus citas e impuntual, yo soy todo lo contrario a eso —Bueno pues ahora ya conozco algo de ti, no te gusta la impuntualidad….¿cuando mides? —Uno cincuenta—responde sin dejar de verme con esos ojos tan intensos que tiene—¿y tu? —Uno noventa. —Eso explica lo grande que eres— Le sonrío y llevo mi mano a su rostro, no se aparta y con mi pulgar acaricio su mejilla. —Y tu lo pequeña—Con mis dedos acaricio sus labios, ella se deja y solo me observa—tengo una idea , porque mejor dejas quedarme esta noche aquí , contigo en tu cama. Sus ojos pasan de un azul claro a uno intenso, brillan, brillan cual mar en puesta de sol. —¿Hablas de que tengamos sexo aquí en mi habitación? ¡R a y o s! —Mas directa no podías ser—Exclamo. Y es que con Amy esto me pasa, tenerla a mi lado, estar junto a ella, verla, olerla. Me provoca, me excita ,me incita. No se si tendrá algún afrodisíaco pero no puedo pensar en otra cosa que estarla besando o querer hacerla mía. Su respiración se agita, se para de puntillas y me susurra cerca de mis labios. —Es una muy buena idea—Su pecho sube y baja—Leí por ahí que tener sexo estando molesta con tu pareja puede llegar a ser muy placentero. ¿Por qué provoca de esta manera? —Descargas toda tu furia en el acto— Le digo y ella sonríe—Pero obteniendo excelentes resultados. —Así es —Se aleja —pero como tu y yo no somos pareja no los obtendremos, ni mucho menos lo haremos. Mi rostro debe de ser un poema, se sube a la cama y se recuesta, me sonríe dulcemente. Camino hacia ella y me siento a orillas de la cama. —¿Me perdonarás otra vez? —Esta bien La observo y ahora que lo hago dejando a un lado mi lascivia, noto cansancio en su rostro. —¿Estas bien?— Ella trata de cambiar su expresión, sonriente me responde que lo esta, pero no le creo—No lo estas, mentirosa. —Solo es cansancio y sueño, ven ...—Palmea la cama, me hace un espacio para que entre —Acompáñame solo un momento. Como un niño obediente entro a la cama, ella se acurruca en mi pecho. —Me gusta como suena—Manifiesta después de un momento—la primera vez que lo escuché latir me tranquilizó. —Y a mi me gusta que te guste los latidos de mi corazón—Cierro los ojos por un momento. —¿Pero sabes que más me gusta?—Me pregunta y siento como se mueve, para después sentir su cuerpo arriba del mío. Abro los ojos y la veo sentada de horcajadas sobre mi, el vestido se le subió lo suficiente como para ver su braga de encaje color negra. ¡Santo cielos! —Me gustan tus besos. Se inclina un poco, acercándose a mis labios, saca su lengua rosada y húmeda y con la punta lame mis labios. —Tus manos. Toma una de mis manos y las lleva a sus pechos, no me contengo y lo aprieto, la descarada suelta un gemido, con la otra mano libre la sujeto de la cintura sin dejar de apretar su seno, mientras ella comienza a frotarse en mi m i e m b r o , mis labios se entreabren, pronto siente mi dureza y me sonríe con lujuria. —Para, si sigues así no habrá marcha atrás. —No quiero que la haya—Responde con voz temblorosa, me siento poniendo mi mano en su espalda para que no se caiga, mis labios reclaman los suyos, me como su boca incitadora como me gusta. Ella me recibe con su lengua que no duda en meterme a la boca y jugar con la mía. Con un movimiento la tengo boca abajo y yo sobre ella, beso su cuello a través de la ropa, chupo el lóbulo de su oreja y ella levanta su trasero para rosarlo con mi m*****o ya erecto, no pierdo mas tiempo y con una de mis manos subo su vestido quedando al descubierto, beso su piel y dejo una mordida en cada uno de sus nalgas blancas y suaves . Ansiosa se pone en cuatro y me deleito con la espectacular vista, se me hace agua la boca por probarla. Me quito la camisa y la tiro en alguna parte de la habitación , la sujeto de esa hermosa coleta y la pegó a mi pecho , su respiración es errática. —Procura no hacer mucho ruido, no queremos que Teodoro se entere que me estoy follando a su hija en su propia casa—Le susurro en su oído. —Preocúpate por hacérmelo bien, que de mis gemidos me encargo yo ¡aha!—Le coloco ese hermoso rostro sobre la almohada, hago a un lado su panty y con la punta de mi m i e m b r o me deslizo entre sus pliegues, llegando a su clítoris, acariciándolo. Aprieta las sábanas blancas, cerrando sus ojos con fuerza. Y de una solo estocada me entierro en ella, esta tan húmeda que me es fácil entrar. Suelta un sonoro gemido y sonrío victorioso porque le será imposible guardar silencio, vuelvo a repetir la misma acción, lenta profunda, es deliciosa la sensación de estar dentro de ella, mi corazón se acelera ante cada embestida y gemido qué salen de sus labios, la sujeto con fuerza de su cintura, aprieto sus nalgas con propiedad , ella no deja de gemir por lo alto. —¡Alexander!—Grita cuando acelero mis estocadas, suelto un gruñido por que estoy apunto de correrme como nunca … pero un sonido me interrumpe, en los bolsillos de mi pantalón vibra algo, sin dejar de follarla busco dentro y saco mi teléfono.. ALARMA
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