Capítulo 14

2005 Palabras
Para Teodoro Saenz, Amy es lo más valioso que tiene en la vida y por la que estaría dispuesto a dar la vida misma . Lamentablemente no puede donarle ese corazón que a su hija tanta falta la hace, el mismo piensa que ya vivió lo suficiente en este mundo y su único deseo es que su hija viva, viva mucho. Cuando se enteró del enamoramiento de Amy por Alexander, no dudó en ningún segundo ponerse en contacto con el padre de este y proponerle que sus hijos se conocieran y que con un poco de suerte contrajeran matrimonio, gracias a Amparo que siempre lo mantenía al tanto de todo le dio semejante sorpresa a su hija. Observar el rostro lleno de felicidad de Amy cuando estuvieron con viviendo en la cena con Alexander y sus padres para él no tuvo precio, desde los últimos días su hija estaba más animada y sonriente y ello le tranquilizaba, por eso mismo haría hasta lo imposible por que Amy terminara casada con Alexander y pudiera vivir lo que le quedaba de vida feliz. Alexander abrió los ojos de golpe, sus ojos negros visualizaron el lugar donde se encontraba, su corazón estaba acelerado y su entrepierna dolía; todo había sido un sueño, un sueño húmedo, erótico y muy real, podría hasta jurar que realmente había pasado. Intentó moverse pero no pudo, algo lo aprisionaba con fuerza, bajó la mirada y se encontró con el rostro de Amy , durmiendo tan plácidamente sobre su pecho, su cabello castaño estaba hecho a un lado dejando al descubierto las facciones de su rostro, sus labios rosados entreabiertos y su respiración pausada, la hacían ver angelical. Cerró los ojos para poder calmarse y que esa erección naciente se controlara. Observó su teléfono y su alarma perdida fue la causante que despertara del placentero sueño. Se quedó dormido en la casa de Amy ¿ en que momento pasó? Había tenido con Linda un día muy activo, tal vez ese fue el factor principal para que se hubiese quedado dormido a la primera, sentirse abrazado por Amy se sintió tan bien que lo único que recuerda es que le dijo que le gustaba oír su corazón. No quería levantarse de la cama Lentamente el sueño volvió a apoderarse de él, aun era temprano, esperaría que Teodoro se fuera a trabajar para poder salir, sin ser visto, Amy lo ayudaría porque ella era la culpable en que el estuviera ahí, ese cuerpo tan cálido y esos brazos tan aprensivos han impedido que salga de la cama. Teodoro todas las mañanas se despide de su hija, si esta dormida solo deja beso en su frente y se marcha, hoy no seria la excepción. Grande fue su sorpresa al abrir la puerta cuidadosamente para no despertarla y encontrarse con la imagen de Alexander dormido y entre sus brazos, sobre su pecho profundamente dormida Amy. Otro en su lugar se hubiese molestado, pero el no, no podría cuando Alexander la hacía feliz, además no estaban en alguna situación comprometedora si no todo lo contrario; una imagen tierna le llamaría. Salió y pidió que nadie los molestara y que preparan un buen desayuno para ellos y los guardaespaldas de Alexander que tuvieron que dormir en el auto. Linda Cruz una chica humilde y muy soñadora, sin siquiera saberlo su vida ya estaba marcada y su sueño sería truncado. Se levantó temprano para ir a su trabajo en el supermercado, consigo llevaba una mochila vieja de la cual no quería deshacerse pues según ella le daba buena suerte. Cada lugar en el que pasaba era recibida con una sonrisa, pues simplemente su presencia era agradable, en el trayecto al trabajo pasó por algunas calles poco transitadas y por esa justa razón terminó desviándose hacia ellas, puesto que por las principales terminaría llegando tarde al trabajo por culpa del tráfico. A lo lejos observó varias camionetas en color negra estacionadas, de ellas bajaban varias personas. Eso la hizo detenerse, estacionó su motoneta a una dos cuadras del lugar y comenzó a acercarse poco a poco con sumo cuidado para no ser vista, sus ojos se abrieron como platos cuando varias mujeres de entre 15 y 25 años bajaban y eran metidas a un edificio en construcción, el pulso se le aceleró y apretó los puños con fuerza ante la impotencia qué sentía, eran gente de Sakí no había duda. Esas mujeres serían abusadas para después prostituirlas o llevarlas a otro país. No lo permitiría, cegada por la rabia comenzó a caminar en dirección a ellos con pasos firmes, los hombres que custodiaban la entrada del edificio, la miraron con desdén y mostraron sus armas para que ella se detuviera, a Linda no le importó en absoluto, no podían seguir saliéndose con la suya pero….¿Qué era lo que ella podría hacer al respecto? —MALDI…. —. Sus palabras fueron silenciadas por una grande mano sobre sus labios y suspendida en el aire por unos fuertes brazos. —¿Quién mierda esa mujer Ezequiel?—. Con enojo preguntó uno de los hombres de Sakí—.¿ Alguna putita para divertirnos? —Yo me encargo de ella ahora vuelvo—. Respondió llevándose en sus brazos a Linda, quien pataleaba tratando de soltarse, sin cuidado la aventó dentro de su camioneta y condujo lejos de ese lugar. —¿A dónde me llevas Ezequiel? —¿Porqué siempre tienes que meter tus narices en lo que no te importa?—. Gritó el hombre furioso mientras conducía a toda velocidad por la ciudad. Sus ojos color cafés claros denotaban su furia contenida. —Me importa, lo que hacen con esas mujeres me importa, son unos desgraciados, merecen estar en la cárcel por lo que hacen —. Con lágrimas en los ojos expresó. —Ya cállate, no puedes hacer nada , lo mejor que puedes hacer es mirar y hacerte la ciega como muchos de aquí lo hacen, si sigues así no podré seguir protegiéndote—. Con un movimiento certero en el volante dio vuelta hacia un estacionamiento, entraron y se detuvo de golpe, el silencio reinó entre ellos, el pecho de Ezequiel bajaba y subía, apretaba el volante con fuerza mientras escuchaba los sollozos de Linda. Ezequiel Fonse, uno de los encargados de reclutar a las mujeres para ser enviadas a diversos lugares en la ciudad o país. Como también encargado de distribuir la cocaína y el cristal, asesino a sangre fía, secuestrador y muchos mas actos ilícitos, no tenía remordimiento de lo que hacía hasta que conoció a Linda, por poco la atropellaba cuando se cruzó en su camino de la nada, desde el primer momento quedó flechado por ella. Y como no hacerlo, si esa mujer de piel morena aparte de ser preciosa tenia una aura que lo llenaba de paz, también estaba esa dulzura y timidez que tanto le fascinaba, pues aunque era una mujer de carácter fuerte, en cosas de parejas era la mujer más tímida y cariñosa que jamás ha conocido. Lamentablemente sus mundos eran muy diferentes y ella no estuvo dispuesta a quererlo con sus demonios y sobre todo con el ser tan despreciable en el que se había convertido. —Linda escucha, Sakí te tiene en la mira, sabe que haz intentado meterlo a la cárcel, sabe de tus denuncias, sabe que pones a las personas en sobre aviso respecto a sus hijas y aun así y porque yo se lo he pedido no te ha hecho nada, pero nada es para siempre y lo vas a cansar, es una persona muy peligrosa ¿Qué se suponía que ibas a hacer hace unos momentos? ¿ insultarlos? ¿ y luego que? —No quiero hablar contigo, por tu culpa llegaré tarde a mi trabajo —, Linda se bajó rápidamente de la camioneta, al igual que Ezequiel y se interpuso en su camino—.Déjame pasar Ezequiel —. Exclamó sin mirarlo a los ojos, a pesar del tiempo separados no dejaba de sentirse nerviosa cuando en ocasiones se encontraban, sobre todo porque siempre terminaba besándola y queriendo algo mas de ella. —Promete que te mantendrás al margen de toda esta mierda Linda, valora tu vida, valora a tus padres. —No te puedo prometer nada—. Ezequiel pasó las manos por su cabellera negra ondulada exasperado; en verdad era necia. —No quiero que te pase nada, me importas aunque no lo creas, te quiero maldita sea—. La sujetó de la barbilla y la hizo mirarlo. Tenerlo tan cerca la hizo sudar frío, cuando la miraba de esa manera olvidaba quien era y a lo que se dedicaba, lamentaba enormemente que no pudiera ser un hombre, común así como ella. Sintió sus labios contra los suyos la besó intensamente pero ella no le correspondió, Ezequiel la soltó la miró con decepción y dolor. Apretó su mochila con fuerza y pasó a su lado dispuesta a irse. —¿Quién es ese imbécil con el que te paseas por los barrios?—. Linda se detuvo en seco —, los han visto muy juntitos, abrazados en el parque—. Se burlo con una sonrisa en los labios lejos de ser amistosa. —No es nadie importante—. Respondió con aparente tranquilidad. —¿Y si no es nadie importante por que dejas que te abrace? ¿ Porque te paseas con el de aquí para allá? No estoy dispuesto a verte con nadie, me escuchaste, con nadie—. Linda sabía perfectamente que hablaba en serio y sintió temor de imaginar que le llegara a suceder algo a Alexander. Así que intentó persuadirlo. —Yo no puedo tener amigos, pero tu si puedes tenerlas y sobre todo acostarte con ellas, que hipócrita—.Se cruzó de brazos, mirándola con enojo. —¿De donde sacaste eso? —¿Ahora me dirás que no? Se te olvida que estuvimos juntos por mucho tiempo, conozco lo ….. activo que eres— Con vergüenza dijo lo último, el semblante de Ezequiel cambió a uno divertido y terminó riendo. ¡Ya lo tenia! —Y si lo sabes porque dejas que otras disfruten de lo que es tuyo—. Se acercó a ella y la arrinconó en la puerta del auto—. Vuelve conmigo Linda—. Besó sus labios—. La pasaremos bien como antes, te daré todo lo que me pidas, haremos esa fundación que tanto anhelas. —A costa de las chicas a las que se llevan en contra de su voluntad, de las personas secuestradas, de los niños que dejan sin familia… jamás—. Susurró —Entonces te dejo claro que acepto que no quieras volver, pero lo que no voy a aceptar es verte con otro Linda, eso …jamás—. Expresó causando con sus palabras estremecerla. —Eso es ser egoísta… te di lo mejor de mi—. Murmuró cerca de su pecho, pues aun la mantenía atrapada entre la puerta del auto y su cuerpo—. Me entregué a ti por vez primera, brindándote lo valioso que tenía, porque creí que tu eras el indicado y lo eras dentro de lo que cabe, si tan solo todo fuera diferente tu serias el hombre ideal para mi—. Esta vez Linda habló con el corazón, sus palabras eran sinceras. —Aun sigues siendo valiosa para mi, pero entiende un hombre como yo no puede ser de otra forma. Y puede llegar hacer el peor de los canallas si se siente traicionado. —Pero tu y yo ya no somos nada, no hay nada que nos una. —¿Quién dice que no?—. La sujetó del rostro y la besó con fuerza, sus manos recorrieron su cuerpo. No se debió cuenta en que momento su espalda estaba en el asiento trasero del auto y el cuerpo fornido de Ezequiel sobre ella, recorriendo su cuello con ansias. No pudo resistirse y terminó cediendo ante sus deseos.
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