Capítulo 15

1745 Palabras
—Ezequiel—, tragó saliva, mientras este se perdía en el escote de su blusa de tirantes, el calor comenzaba a recorrerle el cuerpo con fascinación—, escúchame solo un momento ¿ si?. —Dime—. Exclamó perdido entre sus senos. —Solo se cuidadoso ¿por favor? —. Eso lo hizo detenerse y levantar su mirada conectándola con la de ella —. Cariñoso El hombre su acercó a sus labios y la sujetó de la barbilla. —¿Solo dime si quieres hacerlo o no? Pero no me pidas que sea cuidadoso cuando he extraño tu cuerpo más que la misma cocaína en mi sistema. ¿ Te es incómodo aquí? Podemos ir a otro lugar, solo di si o no, sabré entender. No , por supuesto que no sabría entender lo conocía, tal vez no la obligaría a tener sexo con el, pero las consecuencias las terminaría pagando Alexander ahora que sabía de el. Si dejaba que su cuerpo decidiera la respuesta era si, si quería tener sexo con el, hacía mucho que no tenia, desde que el se fue de su vida, pero si su corazón y cabeza hablaba la respuesta era no, no por la miserable persona que era. Su cabeza le gritaba ¡No lo hagas! —Si quiero hacerlo—. Terminó diciendo, pensando en Alexander, no quería que le pasara nada malo—. Pero… desde la última vez que estuvimos juntos, no he estado con nadie…. Por eso te pido que seas un poco cuidadoso—. Confesó con las mejillas rojas. —Eso me llena de alegría Linda, saber que él único dueño de tu cuerpo soy yo, tranquila, trataré de tomarlo con calma. Siguió con sus besos y caricias hasta tenerla desnuda por completo y ella gimiendo bajo de su cuerpo, Linda por más que intentaba no hacerlo le era imposible cuando el hombre sobre ella la tomaba con hambre, de un momento a otro ambos estaban sentados , ella sobre el y siendo movida a su antojo. Bajaba y subía con rapidez y de manera profunda mientras ella se aferraba con fuerza a sus hombros. No, no podía resistirse más, a lo bien que la estaba pasando, así que terminó moviendo por voluntad propia su caderas, buscando su propio placer y a la vez otorgándole la placentera sensación a su compañero quien no tardó en soltar una que otra maldición y dejar que ella se moviera como quisiera. —Linda, maldición, así nena, así—.Echó su cabeza hacia atrás y ambos terminaron juntos en la deliciosa sensación que un orgasmo te da. Sudorosos y agotados terminaron abrazados, Ezequiel repartía besos sobre el hombro de Linda, quién aun seguía sobre él, con el rostro hundido en el hueco de su cuello. Acariciaba su espalda con la punta de sus dedos. —Necesito irme—. Susurró sobre su piel—. Estoy segura que ya me despidieron del trabajo y tendré que buscar uno nuevo. —Yo puedo darte dinero , no tienes porque preocuparte por eso ¿ porque eres tan necia?. —Ya te dije mis motivos. … esto que pasó no volverá a repetirse —. Linda intentó bajar de su regazo pero Ezequiel no se lo permitió. —Entonces te disfrutaré al máximo. —No…—. Sus labios se apoderaron de su boca, aunque Linda por un momento se resistió, jadeó cuando sintió como su m i e m b r o aun dentro de ella volvió a ponerse duro. Esta vez sus pechos tocaron la piel del asiento y enterraba sus uñas con fuerza en él, mientras su cuerpo era sacudido por las embestidas del hombre sobre ella, sintiendo su respiración en su espalda, sintiendo sus besos sobre su cabello, para bajar a él lóbulo de su oreja, siguiendo el camino hacia su cuello, cada caricia cada beso era acompañado por deliciosas embestidas qué le dan placer a más no poder… El auto de Ezequiel se estacionó cerca de la casa de Linda. —Te dije que necesitaba pasar por mi motoneta—. Reclamó mirándolo de reojo, no podía verlo a la cara después de lo que había pasado entre ellos, se había cambiado en silencio y así se mantuvo hasta este momento. —Tu motoneta ya esta en tu casa , me encargué de ello. Espera —. Habló cuando estaba por bajarse del auto —. ¿ Volveremos a vernos? —Por favor Ezequiel, no empieces con lo mismo—. Terminó de bajar del auto y a paso veloz se alejó de éste. No pudo contener las lágrimas y terminaron saliendo. Se sentía mal consigo misma por lo que hizo, se dejó llevar primero con la excusa de persuadirlo sobre el tema de Alexander y después, después por la necesidad de sentir en su piel; desvergonzada eso era lo que era . Sus pasos la llevaron a una pequeña capilla donde siempre pasaba para sentir un poco de paz y recibir consejos del padre Uriel, quien pacientemente escuchaba todas las locuras qué tenía en su cabeza. Al llegar a una de las bancas se derrumbó en ella, lloró desconsoladamente, mientras veía a él hermoso cristo que se alzaba frente a ella. A pesar de ser una capilla pequeña y sencilla, con paredes blancas y el piso con losetas del mismo color, con el pequeño altar frente a ella . No dejaba de ser hermosa, no dejaba de transmitirle paz y tranquilidad. Se mantuvo así durante varios minutos, reprochándose lo inmoral que había sido su comportamiento. Volvió a entregarse a él hombre que arrebata las vidas de las personas, que destruye familias enteras, que es un ser cruel y lleno de maldad. Sintió una presencia sentarse a lado de ella, sin siquiera mirar sabía perfectamente quién era. —¿Qué te aqueja hija? —Soy una basura padre— . La mano cálida del padre Uriel, un hombre mayor, con poco cabello, gafas y arrugas en el rostro se colocó en su hombro. —¿Porqué dices eso? Ante los ojos de Dios jamás te podrás ver así. Eres tan buena, tan tierna, no tienes envidia en tu corazón, dejas de comer por dárselo a los niños de la calle, siempre estás preocupada por los demás hermanos que sufren día con día, lo poco que ganas lo compartes sin pensar con los que lo necesitan. ¿ Cómo puedes decir que eres una basura? —No soy nada de eso padre—. Limpio sus lágrimas—. Se equivoca en todo, a veces siento envidia por las personas que tiene poder, dinero y no hacer nada por los demás que están en la miseria, siento un odio por aquellos que abusan de su autoridad y lastiman a los demás, pero también soy una hipócrita y desvergonzada por odiarlos y terminar…. Sediento ante ciertas cosas, que me causa repulsión decirle. —No somos perfectos, no eres perfecta no dije que lo fueras, como todos fuiste tentada y caíste, lo importante es que lo reconozcas y que aprendas de ese error que mencionas ¿Ezequiel? —. Linda asintió. —Ezequiel padre, ese hombre es el diablo, que me ha tentado y por un momento me hizo olvidar el horrible hombre que es. —Deja ya de lamentarte y pide a Dios que la próxima vez no caigas en la tentación y aléjate lo mas que puedas de esa gente y de los problemas, temo por tu vida Linda , pero confío en que siempre seas resguardada por los ángeles de Dios. Dicho eso se levantó y se marchó, dejándola sola. Linda estuvo un rato más llorando en silencio, al decidir que era momento de volver a casa notó que su mochila pesaba más de lo normal, con el ceño fruncido la abrió y sus ojos se abrieron a más no poder cuando dentro de ésta había cuatro fajos de billetes, cada uno era sostenido por una liga y que ella le calculaba qué eran de 50 mil pesos cada uno. —Ese infeliz—. Susurró con un ligero temblor. Cayó de rodillas al piso y enterró su rostro en la mochila para ahogar su llanto. Cuanto necesitaba ese dinero, a cuantas personas podía ayudar con el. El problema no era el dinero, si no de donde provenía, ¿Cuántas mujeres? ¿Cuántas muertes? ¿Cuántos secuestros? ¿ ese era su pago por haberse acostado con él? Lamentaba enormemente haberse enamorado de Ezequiel, lamentaba no haberse dado cuenta a tiempo de lo que hacía, lamentaba haberse conocido con él, a veces lo odiaba y otras veces no, le mantenía un cariño especial. ¿Debía odiarlo o quererlo? ¿ Qué debería hacer con ese dinero? ¿Debería hacerle caso y darse por vencida en el tema de las Sakis? ¿Debería dejar de preocuparse por los demás? Muchas preguntas llegaron de golpe a su cabeza y de las cuales no podía encontrar las respuestas. Solo podía llorar, llorar desconsoladamente porque saliendo de ese lugar sagrado, tendría que sonreír como siempre hacia, tal vez y terminaría haciendo caso a los consejos del padre y evitar meterse en problemas. Tomó entre sus manos uno de los fajos de billetes, se levantó del piso y caminó hacia la canasta de ofrendas en el altar. —Espero y puedas perdonarme—. Murmuró para después depositar el dinero en la pequeña canasta y salir del lugar. Cambió de rumbo y antes de llegar a su casa, visitó ciertos lugares donde sabia que necesitaban de ese dinero, a su paso no dudaba en regalar dinero a los personas que pedían por una moneda. Repartió hasta el último peso con los pobres, para después volver a su casa. —Hija ¿Saliste temprano de trabajar?—,preguntó Joaquina su madre. —Si mamá —. Mintió abrazándola—, me voy a dar un baño. —En las noticias le hicieron una entrevista al presidente y ha dicho que han detenido a varios policías corruptos por esta región, y que seguirán deteniendo a más que están delado de los mafiosos. Aun no se ha escucho nada pero yo en lo personal le creo. Mencionó a varios grupos criminales entre ellos los Sakis. —Sí eso es verdad podremos denunciarlos sin temor a que nos pase algo—. Dijo más para ella. La esperanza volvió a instalarse en el pecho de Linda, sin saber que estaba tentando a la muerte.
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