Capítulo 16

2431 Palabras
POV AMY XIOMARA El amanecer que tuve el día de hoy fue totalmente el mejor que he tenido en años, despertar en los brazos de Alexander fue de lo más placentero, parecía un sueño. Lo primero que vi al despertar fue su atractivo rostro, sus facciones tan perfectas, su respiración pausada y los latidos de su corazón a un ritmo perfecto; me encantaba escucharlo. No lo podía creer, mi vida había dado un cambio total, hace poco estaba solo imaginándome con lo que podía ser entre el y yo. Y ahora lo tenía sentado frente a mí, en mi mesa , mirándome de una manera indescifrable, que me hace estremecer, provocándole mil emociones a mi corazón. Y lo mejor de todo esto son sus besos; Dios, sus besos saben tan bien, besa de una manera deliciosa, profunda, salvaje, voraz, que me enloquece. Cuando lo vi entrar a la sala, él aire abandonó mis pulmones y tuve que salir a la cocina en busca de mi inhalador. Gracias a Dios Marlene siempre esta para darme consejos y muchos ánimos, así pude salir y reunirme con ellos nuevamente. Para ir con todo sobre él, dejar a un lado mi debilidad y sacar mi lado seductor. Gracias a eso conseguí probar de sus labios, casi me quedo sin aliento y termino desmayada entre sus brazos, pero es que son adictivos, no quería dejar de besarlos, si no es por mi nana ahorita seguramente tuviera la experiencia mas ridícula de mi vida, desmayarme en medio de un beso, cuando se lo conté a Marlene no paraba de reír , su imaginación tan desarrollada le permitió recrear la situación en su cabeza. Si ella estuviera en mi situación me comprendiera. Perdí la calma después de esos par de besos que nos dimos. Soñar con Alexander fue lo máximo. Saber que mi papá había planeado todo y que sabía de mis sentimientos por Alexander Saber que mi papá había planeado todo y que sabía de mis sentimientos por Alexander me causó un poco de pena y a la vez alegría, porque siempre está dispuesto a complacerme en todo, culpa de él en que a veces me comporte como una niña. Se el motivo por el que lo hace y eso me provoca quererlo aun más. —¿Te pasa algo?¿ llevas observándome de esa manera por varios minutos? —Le pregunto dejando los cubiertos en el plato. —¿Te incomoda? —Pues la verdad si, es que no puedo descifrarte, no se lo que estas pensando, es decir, no se que piensas sobre mi, si es bueno o malo. —Es bueno, muy bueno Amy—Me responde con una pequeña sonrisa en los labios tan sexy, que termino desviando la mirada hacía su plato para no sonrojarme, es ahí donde me doy cuenta que no ha probado nada de su desayuno. —¿No te gustó el desayuno? Si quieres puedo ordenar a que te sirvan otra cosa. —No, no es necesario…¿ en que momento me quedé dormido?—Pregunta cambiando la conversación, haciendo que lo mire algo confundida por su pregunta. —Bueno, con exactitud no se decirte, lo último que recuerdo es que besaste mi frente, susurraste algo que no entendí y después de eso no recuerdo nada más, no se quien de los dos se quedó dormido primero ¿ porque? —Simple curiosidad, no acostumbro a tener tan pesado el sueño y mucho menos a dormir hasta tarde y nunca había dormido en compañía. —¿Debo sentirme afortunada entonces? —Deberías—Tomó una fresa y la llevó a sus labios sin dejar de mirarme a los ojos, para después sonreír. —Será cuando me digas que soy la primer mujer con la que sueñas—Su sonrisa se desvaneció y se aclaró la garganta. —Espera , ¿haz soñado conmigo?— Le pregunto entre asombro y diversión. Mi pecho se infla con satisfacción, pensar que me estoy volviendo importante para el como lo es para mi me llena de felicidad. La emoción me gana. —Podría ser—. Responde sin mirarme. —¿Puede saber que soñaste? —Prefiero reservarlo para mi, que te parece si me acompañas a cambiarme de ropa a mi casa, apuesto que a mi madre le gustará tenerte en casa, después podemos visitar algunos lugares. —Me parece perfecto, claro que si. Al llegar a su casa y como lo dijo Alexander Lucrecia me recibe con una gran sonrisa en los labios, para después abrazarme con mucho cariño. —Madre, traje a Amy para que te saludara. —Me alegra que lo hayas hecho hijo, me has alegrado la mañana con tan especial visita ¿quieren desayunar?— Ambos nos miramos pero ella rápidamente interfiere—No tienen que darme explicaciones ya Armad me explicó que dormiste en casa de Teodoro, agradezco que sea tan hospitalario con mi hijo. —Bueno, es que entre platicas no nos dimos cuenta de la hora y mucho menos cuando ambos nos quedamos dormidos—Explico un poco nerviosa. —Esta bien, me alegra que se estén entendiendo muy bien. —Te dejo un momento en muy buenas manos, me daré un baño y bajo enseguida—Alexander me dice mientras toma una de mis manos y las lleva a sus labios para depositar un beso, ese gesto no pasa desapercibido para Lucrecia quien sonríe aún más. —Si , aquí te espero. Alexander se va y yo me quedo en la sala con Lucrecia charlando de diferentes cosas, terminamos rematando con un álbum de fotos de cuando Alexander era un niño. En verdad era muy adorable con esa sonrisa que no podía faltar en ninguna fotografía, no había dejado de serlo pero la diferencia era que ahora sonreía muy poco. Una de las sirvientas se acercó a llenarnos nuestras tazas de te y en una bandeja traía un periódico, Lucrecia le agradeció y la tomó en sus manos. —Me encanta leer las noticias, no soy fan de escucharlas y mucho menos verlas en el televisor. —Bueno pues yo no las veo pero ni en el teléfono, saber de tantas barbaridades que pasan en el mundo me ponen mal—Digo llevando la taza de té a mis labios, veo como Lucrecia abre la primer página del periódico y su sonrisa se borra de golpe, tornándose seria , mientras sus ojos de mueven de un lado a otro, dando a entender que esta leyendo la reseña que acompaña la noticia, la que la ha puesto de esa manera—¿Qué sucede? Le pregunto y su mirada conecta con la mía, deja de leer y cierras las hojas del periódico, mostrando desinterés. Se aclara la garganta e intenta sonreír. —Tienes razón, ver tantas noticias desagradables que suceden en el mundo te dejan con un mal sabor de boca—Expresa y añade— querida por que mejor no subes a la habitación de Alexander tal vez y ya haya terminado de arreglarse, así sirve que conozcas su lugar tan sagrado para el, no deja que cualquier persona entre. —¿Y si no deja que yo entre? —Imposible, estoy segurísima que estaré más que complacido en que conozcas su habitación—Me dice y ya no me da tiempo para replicar pues se levanta con el periódico en sus manos y ordena a una de las sirvientas que espera a un lado de nosotras que me lleve a la habitación de Alexander. Subimos las escaleras y me indica cual es su habitación la cual tiene la puerta entreabierta. Al entrar lo primero que mis ojos ven es la cama con sábanas grises que hacen juego con un edredón en color n***o. Las paredes son de un color gris oscuro, el piso es de madera tan reluciente y adorna una gran alfombra en color gris. Hay una enorme ventana a lado de su cama con unas cortinas deslizables en un sutil color gris que llegan hasta el piso. Frente a la cama está la televisión con una pequeña repisa, donde solo hay un libro , una bolígrafo y una lámpara. En una esquina hay una gran sillón de cuero color café. Mis ojos se desvían hacia el ruido de una puerta justo detrás de mi, giro y me encuentro con la silueta de Alexander con el torso descubierto y unas ligeras gotas de agua escurriendo por todo su pecho firme y abdomen muy bien definido, trago saliva cuando veo que solo lleva una toalla alrededor de su cintura y su cabello húmedo cae suelto sobre su frente. Sus ojos me analizan y maldigo muy dentro de mi por no poder leer su mirada. —La puerta estaba abierta, así que entré, tu mamá que me dijo que subiera y que no te molestarías, terminé por hacerle caso espero y no te molestes por haber entrado sin tu consentimiento—Hablo tan rápido que ni siquiera se si lo hice correctamente, solo veo como el se va acercando y yo solo levanto el rostro para poder verlo bien, es muy alto, inhalo su refrescante aroma y un cosquilleo en mi vientre se instala. ¡Pero que hombre! —Te ves tan hermosa en mi habitación, tu presencia—Dice acariciando mis brazos con sus manos frías y al hacer contacto con mi piel caliente hace que mis bellos se ericen—jamás podría molestarme, es todo lo contrario, me pregunto ¿Qué me haz hecho? Si eres todo lo que no quería—Su mirada baja hacia mis senos y yo hago lo mismo, notando como están erectos tanto que se hacen visibles entre la tela de mi vestido, conectamos nuestras miradas y el deseo con el que me mira me seca la garganta. —Yo…—Intento decir no se que pero su dedo índice toca mis labios, siseando. —Piden atención ¿ me permites?—Me dice con voz grave y me agito ante lo que me está pidiendo, debería decirle que no, pero la verdad es que deseo esto y mucho más. Así que casi como un gemido le digo.. —Sí Se inclina para besarme lento pero profundo, dejándome sentir su lengua y yo gustosa la recibo, este beso cargado de deseo hace un sonido erótico provocando que mi centro palpite y mi corazón comience a acelerarse . Mis manos pican por tocarle y no lo pienso ni dos veces para soltar mi bolso y llevar mis manos a su pecho duro y desnudo; lo acaricio y el suelta un gruñido. Sus manos van detrás de mi nuca donde esta el nudo de los tirantes de mi vestido ya que es descubierto de la espalda ceñido al cuerpo, hasta las rodillas, en color rojo, no es tan revelador pero si muy provocador. Desata el nudo sin dejar de besarme, para después besar mi mejilla, solo me dejo llevar cuando comienza a descender. Besa mi barbilla y baja hasta mi cuello dejando un camino marcado de besos, suspiro y el sigue bajando y con el la parte superior de mi vestido. Mi pecho sube y baja excitado casi puedo sentir los latidos de mi corazón en mis oídos. —Alexander —Gimo al sentir su lengua en uno de mis pezones, mojo mis labios y cierro mis ojos con fuerza, esto que siento es desbordante. El besa, chupa y lame cada uno de mis pezones, se prende de ellos como si fuera su lugar favorito. Me echo hacia atrás para que pueda tener más acceso, llevo las manos a su cabello húmedo y mis dedos juegan con el. Abro los ojos y la imagen que tengo de el es espectacular, sentirlo mucho más. Observo como lleva a su boca uno y luego otro, besa y muerde ligeramente mis pezones. —Son tan perfectos y saben deliciosos— Jadea sin apartarse, sube a mi boca y me besa pero esta vez no es nada calmado, me pega a su cuerpo y mis senos se unen a su fornido pecho, ambos sentimos un poco de la sensación de nuestros cuerpos desnudos rozándose—Me vuelves loco Xiomara muero por hacerte mía, por tenerte entre mis brazos completamente desnuda. Puedo sentir su dureza en mi vientre y juro por Dios que el corazón se me quiere salir por la boca es demasiado placer. Vuelve a prenderse de mis labios como si su vida dependiera de ellos y yo me aferro a los suyos. —Creo que deberíamos parar—Jadeo, mientras sus manos acarician mi espalda—Lucrecia debe ….estar esperándonos. —Pero no quiero— Se separa de mi y me observa—podemos cambiar de planes y quedarnos ahora en mi casa, en mi habitación, talvez y se haga realidad mi sueño. Lo observó desconcertada por que no comprendo lo que dijo. —¿Tu sueño?—Una de sus manos suben a mi seno y lo aprieta un poco, busco sus labios y los rozo con los míos. —Te soñé anoche—me susurra mientras me besa lento— haciéndote mía, acariciando tu cuerpo—Moja sus labios de una manera tan sensual que hace que me derrita. —Tal vez y un día de estos y los haga realidad….. Vamos en su auto después de tremendo agasajo qué nos dimos, su mano reposa en mi pierna mientras que con la otra conduce. Después de eso esperé pacientemente a que se vistiera entre sonrisas y miradas cómplices, de vez en cuando me robaba uno que otro beso. Lo que me pareció extraño fue la actitud de Lucrecia desde que leyó el periódico cambió su semblante podría hasta decir que la dejamos molesta. Nos detenemos en un semáforo y noto como el mira serio a través del retrovisor para después observar por unos de los espejos laterales del auto. Su teléfono suena y el solo dice que estaremos bien, me voltea a ver y me sonríe. Pero es solo una mueca que logró ver. Avanzamos y de un momento a otro veo un auto salir de la nada y llevarse el vehículo de sus guardaespaldas qué justamente iban delante de nosotros. Llevo mi mano a la boca y grito con horror, Alexander detiene el auto abruptamente y maldice. Del vehículo que chocó a los guardaespaldas se bajan unos hombres y apuntan con unas enormes armas en nuestra dirección. —Alexander—Grito y siento como me abraza, yo solo me escondo en su pecho. —Tranquila—Me dice ¿ como quiere que lo haga si están por matarnos?
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