Capítulo 17

2401 Palabras
Alexander fue avisado que los venían siguiendo, sus hombres Arthur y Armad iban adelante de ellos, solo harían un movimiento para que el auto de Alexander tomara la delantera y cualquier movimiento en su contra lo recibieran ellos y no el pelinegro . No contaban con que serian embestidos antes de, por una camioneta que los hizo girar, golpeándolos con fuerza junto a otros vehículos; el auto que los seguía solo había sido una distracción. De la camioneta se bajaron tres tipos que no dudaron en accionar sus armas en contra del auto donde viajaba Alexander y Amy. El pelinegro observó como impactaban las balas en los vidrios del auto; no corrían peligro el auto era blindado Buscaba reconocer a esos hombres que descargaban sus armas en su dirección, sin embargo, no podía pues estaban cubiertos con pasamontañas. El cuerpo de Amy temblaba junto a él mientras la tenia abrazada fuertemente, su respiración estaba descontrolada. Solo fueron unos segundos, un instante en el que todo sucedió. Las sirenas de las patrullas los alertaron, antes de subir y marcharse uno de ellos le hizo una señal de muerte, pasó su dedo pulgar en forma de cuchillo sobre su cuello para después señalarlo, Alexander apretó su mandíbula con rabia. ¿Qué había sido todo eso? —Amy tranquila—. Buscó el rostro de la mujer que temblaba sobre su pecho—, estamos bien—, trató de hablar con calma cuando la miró pálida y con gruesas lágrimas resbalando por sus mejillas—. El auto es blindado, calma, calma , ya no llores por favor, ya pasó. Besó su frente y la abrazó nuevamente, acariciando su espalda para tranquilizarla. —Necesito ver a un médico—. Murmuró llevando la mano a su corazón y apretándolo con fuerza—. Por favor. —Tranquila, saldremos de aquí. —No —. Asustada lo sujetó del brazo y se aferró más a él —. Pueden volver estamos seguros aquí Alexander—. Sollozó aun más. —No estas bien Amy, te encuentras mal, te veo mal, no volverán—. Amy negó—. Escúchame no volverán, la policía ya está aquí, la ambulancia igual necesitamos salir. Alexander vio como los policías y paramédicos se acercaban al el auto donde se encontraban ellos, no se entretuvo más abrió la puerta y como pudo por el mismo lado del conductor sacó a Amy, quien no podía siquiera sostenerse. —Un médico, necesito un médico—. Gritó con Amy en sus brazos, rápidamente una camilla se dirigió a ellos. —Colóquela aquí por favor—. Casi fue arrancada de sus brazos, una multitud de reporteros aparecieron de la nada, sumándole a la gente curiosa que se acercaba a observar lo sucedido, otras más intentaban ayudar a las personas de los demás vehículos que también fueron alcanzados por el impacto del auto que chocaron con un propósito, los policías intentaban alejar a las personas y reporteros pero les era imposible. —¡Amy!—. Intentó llegar a donde ella, pero se interponían en su paso, intentaban ser los primeros en entrevistarlo. Logró ver como la subían a al ambulancia. —¡Háganse a un lado! —.Arthur llegó hasta el un poco golpeado por el impacto pero quien se había llevado la peor parte había sido Armad quien también lo habían llevado a él hospital junto a otras personas malheridas. —¿Qué rayos fue todo eso? ¿Quiénes eran esos hombres? —No tengo ni la más mínima idea, si hubiesen querido secuestrarte hubieran usado otro método u oportunidad—. Expresó Arthur quejándose ante un movimiento brusco que hizo el auto en el que iban camino a el hospital. Habían salido a duras penas de el lugar del accidente. —No, ellos querían matarme—. Respondió recordando la seña qué aquel hombre le había hecho—. Siento que el camino al hospital es muy largo. —Tranquilo ella va estar bien. —Yo la vi muy mal, si le pasa algo no me lo voy a perdonar. *** En la ambulancia a Amy la intentaban estabilizar colocándole oxígeno. —Debes tranquilizarte, todo va estar bien, ya no corres peligro ¿si? Ahora dime sin hablar mucho, ¿sufres del corazón? —Si —Bien necesito que mastiques y tragues esta pastilla te ayudará a sentirte mejor ¿OK? —. Amy asintió—. Esto ayudará a que no se formen coágulos de sangre y a relajar los vasos sanguíneos . Amy solo asintió, mientras sentía un intenso dolor en el pecho, su brazo le hormigueaba y un sudor frio le recorría la espalda; iba a estar bien, tiene que estar bien. —¿Qué tenemos?—. Preguntó uno enfermero. —Posible infarto—. Ambos se observaron mientras la llevaban en la camilla a una de las habitaciones—. Rápidamente llegó un doctor tomó sus signos vitales una vez más mientras un enfermero le inyectaba medicamentos a través del suero pues en el camino hacia el hospital la habían canalizado, Amy ni siquiera lo notó. —Doctor—. Exclamó Amy llamando su atención—, ya me estoy sintiendo mejor—. El médico un hombre de aproximadamente unos treinta años, con su cabello n***o muy bien recortado y sus ojos cafés claros la observaron detenidamente—, tengo insuficiencia cardíaca congénita, no es necesario que me hagan más estudios. El dolor esta pasando. —¿Insuficiencia cardíaca?—, preguntó sin dejar de mirarla, sus ojos detallaban su rostro—. ¿No te han operado? —No, necesito un corazón nuevo—. Los ojos de Amy volvieron a llenarse de lágrimas mientras ahogaba un sollozo y desviaba la mirada, su mano en ningún momento dejó de apretar su corazón. El doctor frunció el ceño, era lamentable ver a alguien tan joven en esa situación, se quedó observándola por varios segundos, se sintió atraído por ella; era muy hermosa con ese cabello brilloso castaño desparramado sobre la almohada blanca y esa mirada tan clara como el agua, era demasiado lamentable a decir verdad que su vida dependiera de un hilo. —Encontrarás donador, no debes preocuparte—, manifestó después, tomando nota en un documento—, Amy Xiomara Saenz….bonito nombre. Amy volteó a mirarlo descubriendo sus ojos en ella, no le respondió, no se dio cuenta en que momento su dolor en el pecho desapareció. —Muy bien Amy te harán un electrocardiograma, en unos minutos te veré de nuevo. —Espere—, sujetó su brazo—. Por favor, le pido que si llegan a preguntar por mi solo les diga que fue el susto de que casi muero, no quiero que nadie sepa que sufro del corazón en especial Alexander…… mi novio—. El hombre asintió confundido—, no quiero lástima probablemente nunca llegue ese donador y muera, solo quiero vivir como una persona normal, por favor—. Dijo después aclarando la confusión del doctor—. Mi familia es la única que lo sabe . Dicho esto último la puerta se abrió de golpe, Teodoro entró con el rostro lleno de preocupación, sus ojos azules algo que había heredado Amy de él estaban ligeramente rojizos, Amy soltó el brazo del doctor y este se hizo a un lado. —Hija mi amor ¿como estas? ¿ como te sientes? Te sacaremos de aquí y te llevaremos a la clínica de la doctora.. —Papá, papá, ¡Sshh! Calma estoy bien, ya pasó—, Amy le sonrió tratando de tranquilizarlo mientras este tomaba sus manos con suma delicadeza. —¿Cómo me pides calma?—. Respondió mientras una lágrima resbalaba por su mejilla—, el camino hacia acá fue el mayor suplicio que he pasado, pensando en que no podría verte sonreír de nuevo. En cuanto me notificaron salí corriendo para acá. —Solo fue el susto por favor tranquilízate—. Le limpió la lágrima en su mejilla y preguntó—.¿Y Alexander? —No ,no lo se, afuera esta tu nana y Marlene, quieren verte—.Teodoro levantó la mirada hacía el doctor e inquirió—.¿Se encuentra fuera de peligro doctor? —Soy el doctor Mondragón, solo necesitamos hacerle unos estudios más, ya Amy me notificó de su enfermedad del corazón. —Así es doctor, pero no es necesario, la trasladaremos a una clínica particular, ahí será atendida por le mejor cardiólogo. —Papá ya te dije que no es necesario —No estas en condiciones para elegir, bien sabes que en temas de tu salud no hay discusión. —Me parece perfecto, ahora mismo pido su traslado solo rellenará unos requisitos y podrá llevarse a Amy —. Respondió el doctor asintiendo—. Con su permiso. Pronto la noticia de que el dueño de la línea telefónica más famosa Air Voice había sufrido un atentado corrió por diversas fuentes informativas. En todos lados se hablaba de lo ocurrido. ¿Posible secuestro? ¿Tenía enemigos? ¿Quiénes intentaron matarlo? Esta y diversas preguntas más se hacían, todos necesitaban tener respuestas pero en especial Alexander que por más que le daba vueltas y vueltas a lo ocurrido no encontraba respuesta. —¿Cómo está Amy Teodoro?—. Llegó agitado pues en cuanto bajó del auto salió corriendo por los pasillos del hospital. —Esta estable….—, Teodoro detuvo sus palabras puesto que minutos atrás Amy había sido muy clara con el, no quería que Alexander supiera de su enfermedad. —¿Seguro? Parece todo lo contrario. —No, no, es solo que …. Dios Alexander me asusté horrible, mi hija lo es todo para mi y si llego a perderla me volvería loco—. Alexander lo abrazó, verlo tan afectado lo conmovió. —Todo esta bien Teodoro, gracias a los cielos no pasó a mayores, te juro que no tengo ni la menor idea de quien malnacido nos hizo esto, pero daré con el responsable te lo aseguro. —Ve a verla, esta preguntando por ti. Con el corazón acelerado, abrió la puerta, Amy tiene los ojos cerrados mientras Amparo su nana le acaricia el cabello. Al notar su presencia Amparo le sonríe. —Amy cariño mira quien llegó—. Abre los ojos y trata de levantarse cuando mira a Alexander. —Quédate quieta, no te levantes—. Se acerca rápido a ella y la abraza dejando un beso en su cabeza, sentir la calidez de su cuerpo junto a el le dan tranquilidad —. ¿Cómo estas? —Ya estoy bien, ahora lo estoy—, despega su rostro de su pecho para mirarlo —¿Y tu? —Perfectamente bien ahora que estoy junto a ti—.Le sonríe acariciando su mejilla. Amparo sonríe con alegría desbordante, mirar el amor con que ambos se miran y ver la felicidad en el rostro de Amy le llenan de una emoción inexplicable. Desde que era niña a Amy siempre la cuidaron y consintieron en todo por ser hija única, fue más cuando se enteraron de su padecimiento, por ese motivo Amy siempre fue una niña muy mimada y lo seguía siendo, pues de vez en cuando se valía de eso para conseguir lo que quería. Pronto sabría los golpes qué da la vida y que a base de ellos tendría que forjar su propio camino y destino. Y a encontrarle a cada evento negativo el sentido positivo. Linda se mantenía en su casa con una desesperación atroz, había visto las noticias y casi se atraganta con el pan que comía mientras en la televisión observaba el auto en el que viajaba Alexander y las marcas de los disparos a los que fue sometido, sintió una punzada en el pecho terrible de imaginarse qué tal ves y salió herido. Lo vio en las noticias intentando quitarse de encima a esas personas que impedían su paso pero aun así no podía mantener la calma, necesitaba tenerlo en frente, escucharlo, para saber si en verdad estaba bien. —Hija debes de tranquilizarte el esta bien ahí lo dijeron, ese auto no dejó que las balas esas entraran en el, ahora se ven tantas cosas que yo a tu edad desconocía. Un auto a prueba de balas ¡increíble!. —No puedo estar tranquila mamá, no hasta que lo tenga frente a mi y me diga “ estoy bien”. Dos días pasaron en los que Alexander se la pasó pendiente de Amy, fueron cuidadosos con que no se enterara de los estudios a los que fue sometida, Teodoro quería estar completamente seguro de que su hija ya estaba fuera de peligro. Las grandes manos de Alexander sostenían el rostro de la mujer quien le llevaba el ritmo del intenso beso que se daban sin reservas, así era cada vez que estaba con ella; todo era intenso, nocivo adictivo, nunca le gustó besar tanto una boca como esta, cada día se le hacía más y más imposible separarse de Amy. ¿Qué había pasado? Ni el lo sabía, de lo que estaba seguro era que día y noche la tenía en sus pensamientos, en sus sueños más prohibidos. Le gustaba mucho, pero había algo más que eso, esta mujer le había robado el corazón ¿Cómo?, con esa simple sonrisa y sencillez, en tampoco tiempo se había ganado su amor; si eso era amor, la sola idea de saberla con otro o de no tenerla a su lado lo dejaban en vela imaginándose los posibles escenarios. —¿Te llevo a tu habitación? —No ya te dije que no, puedo caminar ¿sabes?, deja de consentirme tanto que voy a ser lo peor de mimada. —No me importa, me gusta hacerlo, cuando de ti se trata me gusta todo… Después de despedirse de Amy, una llamada cambió la dirección de su destino, su seguridad había aumentado, sin importarle ordenó dirigirse a casa de Linda. Su secretaria le había notificado que su “novia” lo buscó infinidad de ocasiones en su oficina, eso lo hizo sentirse culpable. Linda observó a través de la ventana su llegada, no tardó en que abriera la puerta y saliera a su encuentro. —Alexander —. Estampó sus labios con los de él en un arrebato, tomando por sorpresa a el pelinegro.
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