CAPÍTULO XXII SE PUSO LA SOGA AL CUELLO Cuando Luba entró al estudio de la mansión Bertram, sus padres y sus hermanos ya se encontraban ahí. Todos quedaron sorprendidos al ver el aspecto de la joven, iba vestida de manera elegante y espectacular como siempre; pero su semblante era completamente distinto, había desaparecido, la seguridad y el poder que la caracterizaban. Sus ojos estaban hinchados, pasó toda la noche llorando. Sus hermosos e imponentes ojos azules lucían vacíos. Y su cuerpo frágil daba la impresión de que la joven se rompería en cualquier instante. —Me imagino que Dimir ya les contó todo— exclamó ella de manera indiferente. —Así es— respondió Vladímir. La falta de interés que Luba mostraba, molestó sobremanera a Dimir. —Eso es exactamente a lo que me refiero —señaló—

