Han pasado seis meses desde la masacre de la familia del profesor White. El invierno se había ido tan rápido que parecía que todo el horror había sido solo un mal sueño… pero no lo era. Se acababa el año escolar y en dos días debía regresar a Washington a pasar mis vacaciones, con mi familia, con el mundo político, con las cámaras y con todo lo que siempre había evitado. Durante estos meses seguí viendo a Raúl. Besos, caricias, palabras de amor… y una paciencia desesperante que a veces me hacía querer gritarle. Nada de sexo. Nada más allá de la piel y la promesa. También seguí cubriendo a Amaya. Mentiras blancas, llamadas falsas, profesores engañados… todo para que ella pudiera ver a Salvatore a escondidas. Nos volvimos buenas en eso, en estar juntas contra el mundo aunque fuera por pequ

