Durante cuatro horas de viaje presencié los "Mi amor" y los besos de Analía, quien, lógicamente, se había sentado al lado de su novio. Él, como ya había notado antes, era frío y cada vez que ella se le acercaba o le demostraba cariño, me miraba con una mirada culpable. En realidad, se podría decir que casi todo todo el transcurso de esas horas estuvo llena de cruces de miradas entre nosotros dos a través del espejo retrovisor. Al mediodía ya habíamos llegado. Fabián tenía razón, la casa era enorme. Tenía dos pisos y una piscina inmensa. La primera planta se conformaba por una sala amplia y acogedora, obviamente, acompañada de una cocina y un baño. En el piso superior se encontraban las habitaciones, que en total eran tres, dos de ellas grandes y una última más pequeña, que decidimos no us

