12. Regalo

1603 Palabras
Eva —¿Si va a venir? —asentí poniendo su plato de comida frente a él. —Quería entregarnos el regalo por ella misma. —Que raro —me reí porque lo era —, jamás se ha preocupado por ti. —Tal vez se ha arrepentido —negó. —Tu madre no se ve como una persona que se arrepienta, conozco muy bien ese tipo de gente —alcé una ceja. —¿Cómo va los trámites de nuestra casa? —mermó la velocidad de su masticar por unos segundos y continuó como si nada. —Muy bien, la pago poco a poco. —¿Te hizo falta más dinero que la herencia? —asintió sin mirarme. —Pero no te preocupes, todo está bajo control —me guiñó un ojo y siguió comiendo. —¿Y no podemos vivir allí mientras la pagas? —dejó bruscamente la cuchara en el plato y su rostro se tensó haciéndome pegar un brinquito. —¿Es que estás muy incómoda acá? —negué de inmediato. —Solo emocionada por nuestro nuevo hogar —hizo una mueca. —Solo déjalo en mis manos —apretó mi mejilla y reanudó su alimento. Me preocupaba que lo hubiesen estafado, pero Theodorus era un experto para no dejarse engañar, como él mismo lo había dicho, conoce bien ese tipo de gente. « Tal vez porque él es ese tipo de gente » Deseché ese pensamiento inapropiado y desconfiado y miré el reloj de pared. Mi madre como siempre llegaba tarde. Era raro su insistencia en tener la presencia de Theodorus para darnos el regalo. Había esperado con paciencia su regreso y apenas se enteró me contacto. Me resultaba emocionante el pensamiento que mi madre había optado por acercarse a mí, me hacía falta, siempre me hizo falta. Crecí sin una muestra de maternidad afectuosa y eso conllevaba en algún modo a mi dependencia hacia Theo. Y si mis esperanzas eran ciertas, la recibiría con los brazos abiertos, después de todo no debemos guardar rencores y perdonar a quienes nos hicieron daño es la mejor muestra de amor. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por suaves toques en la puerta, inmediatamente sonreí ilusionada y abrí las puerta para encontrarla a ella también sonriendo y con mi sobrino en sus brazos. —¡Madre! —ella me ofreció al bebé para que lo cargara y entró como en su casa. —Sir Theodorus —lo abrazó con plena confianza. —Madam Circe —le devolvió el abrazo mientras me miraba con desconfianza —. Es un gusto tenerla en nuestro hogar. —Lo sé, lo sé —suspiró mirando cada esquina de la pequeña sala. —¿Quieres algo de tomar? —acomodé al pequeño en mis brazos un poco incómoda. —Si por favor —asentí y dude de donde poner al bebé. —¿Puede cargarlo por ella Sir Theodorus? —él alzó sus cejas sorprendido. Pero incapaz de negarse me lo recibió ya con mirada de enojo solo hacia a mí. —Éste bebe … —quiso saber él. —Es mi único nieto —lo miró con tanta dulzura que una pequeña espina de envidia cruzo por mi pecho. —Pensé que su madre no te quería —recalqué. La madre de mi sobrino era una mujer que se preocupaba más por su estética que por su función como madre, así que la mujer que me dio la vida ha intentado quitárselo por las buenas o malas, lo que se presente primero día a día. Es contradictorio pues abandonó a tres hijos y a mi me quería un día si y otro día no, pero jamás se sabe que va a despertar tu instinto maternal, ¿o sí? —Y no me quiere —volteó sus ojos con molestia. —¿Por qué? —cuestionó Theo sonriéndole al niño tomando confianza, cosa que me enterneció. Theo sin duda sería un gran padre en el futuro. —Porque le digo en su plástica cara que mi nieto está mejor conmigo que con ella —negó tomando un largo sorbo de jugo —, pero no quiere entenderlo. —Es su madre —intenté intervenir —, ella es la que sabrá que será mejor para su bebé —negó. —Eso solo lo sé yo —refunfuño —, y por eso mismo estoy acá —Theo y yo nos miramos confundidos y aguardamos a que continuara —, Eva aún no es mamá —fijó sus ojos en los míos —, ¿o sí? —negué agachando la cabeza —Pues es perfecto —volví a mirarla con duda. —Igual no tenemos afán —intercedió mi esposo. —Y mejor, pues mientras tenéis vuestro propios hijos propios van a cuidar a éste pequeño retoño como si fuera de ustedes —sonrío y nosotros abrimos nuestros ojos de par en par —¿Qué mejor regalo de cumpleaños que un nuevo hijo? ¡Y no lo tuviste que parir! —se río feliz de la vida señalando ese último comentario a mi persona. Theo y yo volvimos a mirarnos con evidente miedo. —Madame Circe con todo respeto pero está usted loca —ella fue apagando su sonrisa poco a poco. —Pero si es el mejor regalo. —Madre … —miré al bebé el cual chupaba su pequeño dedito inocente de lo que estaba pasando —¿Cómo se te ocurre que vamos a criar un niño que no es nuestro? —ella abrió su boca para respondernos pero Theodorus lo impidió. —Pueden demandarnos, ¿está usted consciente de eso? —No es para tanto —respiró profundo para atraer la calma —, yo convenceré a esa mujer de dejar al bebé en éste hogar —negué ante esa locura. —No —Theo respondió tajante y le entregó el bebé a mi madre. —Pero Sir Theodorus … —ella no podía creerse que él se negara. Yo conservaba el silencio pues sabía bien que él lo iba a hacer. —No, es no —sentenció cruzando una pierna sobre la otra. Ella lo miró por unos segundos apretando su dentadura y luego clavo sus ardidos ojos en mí causándome un escalofrío al sentirme su presa fácil. —Esto es tu culpa —habló entre dientes —, por tu culpa éste bebé sufrirá —jadeé sin comprenderla. —Madam Circe —la llamó para que se detuviera pero no lo hizo. —Tu cometiste un error tan terrible que éste bebé nació en otra familia. —Madre … —se puso de pie histérica con el bebé en sus brazos. —¡Escúchame bien! —Theo también se puso de pie mientras yo seguía en shock en el sillón —El karma te ha perseguido, en tu vida pasada cometiste un pecado que hizo que tu bebé naciera en otra familia sin padre —parpadee iracunda —, ¿y no piensas hacerte cargo? —De verdad que está loca —Theo señaló la puerta —, largase. —¡ES TU HIJO NACIDO EN OTRA FAMILIA! —me puse de pie asustada ante su grito. —¿De qué hablas madre? —ella se río. —Por eso no has podido tener hijos y nunca los tendrás, no en ésta vida —llevé por instinto mis manos a mi estómago y miré al bebé. —¡Que se largue! —Y yo ayudándote cuando sentí esa extraña energía viniendo de ti —miró a mi esposo con ira —. Jamás tendrás dinero, tu infidelidad y engaño hicieron que te arruinaras la suerte. —¡LÁRGUESE! —ella río sin moverse ante el grito de Theo cuando yo salté en mi lugar. —Jamás volverán a verme, se los aseguro —me miró —, preferiría vivir debajo de un puente que estar bajo tu techo —me observó con asco y se marchó azotando la puerta. —Te lo dije —el pecho de Theo subía y bajaba con rapidez —, tu madre jamás se arrepentiría —me dejé caer en el sillón y de inmediato las lágrimas llegaron a mis ojos —. ¡Ay por favor! —giró sus ojos cansado —No llores, pareces ese bebé infantil —se fue a la habitación dejándome sola allí. « ¿Qué fue todo eso? » No me importó si Theodorus se devolvía enojado por escucharme llorar. Saqué todo lo que sentía y no podía expresar con palabras por medio de las lágrimas procesando una y otra vez todo lo que había pasado. Mi madre había enloquecido. « ¿Qué ese era mi hijo? » ¿Cómo podía creer eso? Era el bebé de mi hermano muerto, no mi bebé. Sentí que me había maldecido con cada una de sus palabras y su mirada. Tenía la esperanza de recuperar a mi madre y lo único que hizo fue alejarse aún más y tal vez para siempre. Y aunque era una completa locura sus palabras no salían de mi mente, pues al ser ella una Médium podría tener razón, podría haber hablado con una pasada yo si es que eso fuese posible, y haberse enterado de algún pecado que cometí, un pecado tan grave que mi hijo se lo dio a otra mujer. Estaba tan afectada que sabía que no podría refugiarme en los brazos de mi esposo, pues él no me comprendería y posiblemente me gritaría, así que salí hecha un desastre hacia la única persona que sé que me recibiría en un abrazo de madre.
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