Eva
Me quejé al sentir como mi cabeza quería reventarse del dolor, y no solo eso, todo el cuerpo me dolía incluso mis partes íntimas.
Apreté las piernas sintiendo un ardor en mi v****a y acomodándome mejor en la cama me di cuenta de mi desnudez.
—Dios mío —me tapé como pude para que las náuseas llegaran a mí.
Estaba muy mareada, muy confundida, adolorida y sedienta. Tenía calambres por todo el cuerpo y todas mis extremidades estaban tan frías que parecían un témpano de hielo.
—¿Esposo? —gemí por el dolor de cabeza —¿Theodorus? —volví a llamarlo pero nada.
Enfoqué mejor dónde me encontraba procesando cada uno de los objetos de mi alrededor.
« Estoy en su habitación, pero … ¿Cómo? »
Suspiré intentando recordar algo de mi noche de bodas y ninguna imagen venía a mi cabeza, solo aumentaba mi dolor.
Estaba desnuda y con evidentes rastros de Theodorus en mi piel, pues solo él podría ser un bárbaro en cuanto a sexo se tratase. Me alivió y me molesté al mismo tiempo, que se apropie de decisiones que me corresponden únicamente a mí como tocarme sin mi consentimiento no me agradaba en lo absoluto, pero pobre de mí si alzaba mi voz.
« Al menos pasó la noche conmigo, debe de estar abajo desayunando »
Envolví la sábana alrededor de mi cuerpo dispuesta a darme una larga y necesitada ducha fría cuando noté el sobre a mi derecha con mi nombre escrito en ella.
Lo tomé con duda y sonreí pensando que sería alguna carta de mi amado.
« Que hermoso detalle »
Pero mi sonrisa se borró poco a poco al leer el contenido de la nota.
Mi bella Eva, gracias por aceptar pasar tu vida conmigo.
Anoche me hiciste el hombre más feliz del mundo y me encantaría que pasáramos la Luna de Miel juntos, pero por temas laborales estaré fuera unos cuantos días.
Vuelve a casa y descansa, te dejé un poco de dinero para que compres algo que te guste.
¡Ah! Y puedes esperarme en nuestra casa o con mi madre, como decidas está bien para mí.
Besos.
Con cariño, Tu Esposo.
La leí varias veces y la bajé más molesta de lo que ya estaba.
Era el colmo que se marchara un día después de casarnos y ni siquiera tuviese el descaro de despedirse de mí. El muy imbécil solo se fue.
« No, Eva, respira, no te ofusques »
Intenté calmarme llamando una y otra vez al Espíritu Santo para que me colmara de paciencia y sabiduría.
Unos cuantos días. Iba a estar por fuera no uno sino unos cuantos días.
Me inundé de tristeza y me levanté sin ánimo hacia el baño, aproveché cada gota para mezclarlas con mis lágrimas.
« ¿Por qué mi alegría no podía durar? »
Lloré sin filtros sintiéndome miserable. Apostaba el poco dinero que tenía en que yo había ganado el puesto a la única mujer que lloraba de tristeza un día después de su boda mágica y hermosa.
El pensamiento de que Theodorus estuviese con la mujer de pelo rojo me embriago por un momento pero la deseché de inmediato. Él me lo había prometido, había jurado ante Dios respetarme y amarme sin engañarme. Si yo jamás lo engañaría sabía que él tampoco lo haría.
El respeto debe ser mutuo y me había propuesto a confiar más en él y no dejarme vencer por cualquier obstáculo que se nos presentara.
Ya me pondría en contacto con él para saber si estaba bien, eso era lo más importante, saber sobre él, su bienestar y su trabajo.
Salí para encontrarme, con sorpresa, un cambio de ropa muy bonito sobre la cama, no lo dude y me cambie para bajar al salón donde todos se encontraban presentes.
—La dormilona ha despertado —me sonrío con alegría mi suegra y se la devolví sin ganas.
—Buen día —ella de inmediato lo notó.
—¿Qué pasa cariño? ¿Dónde está mi niño? —me senté en el comedor guardan la compostura.
—Se marchó —quedó pasmada.
—¿Qué? —suspiré.
—Me dejó una nota diciendo que tenía que hacer un viaje de varios días por asuntos laborales.
—¿Un día después de casaros? —asentí intentando no mostrar molestia —¡Ja! Lo que faltaba —negó.
—No se puede hacer nada —lo dije más para convencerme a mí misma que a otra persona —, si no se trabaja no comemos —ladeo sus labios.
—En eso tienes razón, y ahora tú debes comer mucho más para mis futuros nietos.
—No creo que vaya a embarazarme prontamente.
—¡Oh! Claro que sí, confía en mí, tal vez en unos tres meses que tu aura se restaure —me sirvió un rico desayuno con un relleno peculiar —, ya me ocupé de eso que los atrancaba en el camino —ladee la cabeza y empecé a comer.
—¿A qué se refiere? —ella sonrío.
—Tu solo sé feliz —asentí y continué mi desayuno en silencio.
Ser feliz sola todos estos días en una casa en la que ya no debería vivir y si lo hiciera sería en compañía de mi esposo.
Pero no, estoy sola.
Obvio llegué a llorar después de salir de la casa de mi suegra y pasar saludando a todo vecino con sus sonrisa de complicidad al verme muy casada. Fue demasiado incómodo y agotador.
« ¿Por qué se me es tan difícil comprender que solo está laborando? »
Frustrada y aliviada, una combinación extraña, disfruté casi tres días de soledad.
Escuché la música que quería, bailé descalza en la sala, pinté un cuadro con girasoles y cociné ricos postres.
En éstos tres días no había querido salir y gracias a todo lo divino Nieves tampoco apareció en éstos rumbos, así que respiré un poco más.
Solo al cuarto día decidí salir para recibir una cachetada del universo, un aprendizaje más a mi patética vida. Un aprendizaje que decidí ignorar.
—Eva … —me llamó una vecina en el momento que sacaba el reciclaje —¿Cómo has estado? —sonreí.
—Muy bien —y no mentía.
—¿De verdad? —me observó con pena —¿No se te hace muy difícil? —reí.
—¿Sacar la basura?
—No, saber que todos hablan de tu esposo —alcé mis cejas y mi pecho se encogió por una sensación de temor.
—¿Le pasó algo a Theodorus?
—Si —giró sus ojos con fastidio —, se perdió en la boca de otra —negué sin comprender —. Algunos lo vieron besando a otra chica, y no es más bonita que … —pero fue interrumpida.
—¿Más bonita que quién? —Theodorus apareció y me besó de inmediato —Disculpe que interrumpa calumnias pero me hacía falta mi esposa —me tomó de la mano y me entró con prisa.
—Theodorus … —quería reprenderlo —Fuiste muy maleducado con … —volvió a interrumpir besándome de nuevo.
—¿No me extrañaste esposa? —sonreí.
—Por supuesto esposo —lo abracé y me dejé llevar en sus brazos.
Olía de maravilla y su piel estaba más dorada.
Espera …
Me separé para detallarlo mucho más.
—Amor, ¿estás más trigueño? —él se miró y bufó.
—Pasaron solo unos pocos días y ya olvidaste el color de mi piel —besó mi frente —, voy a tener que recordártelo —me hizo reír para besarme en todos lados.
Y por primera vez en toda nuestra relación disfrute de sus caricias.
Creo que al final solo me faltaba tiempo para mi misma y poder encontrar de nuevo el amor y pasión hacia mi esposo. Porque solo Dios y yo sabíamos cuánto había empezado a amarlo con sus defectos y virtudes.