10. La Boda

1376 Palabras
Eva Fue mágico desde el momento uno. Salí del auto y de inmediato como si fuese una alfombra roja flashes de cámaras me abordaron. Sonreí junto a mi madre y nos adentramos a la iglesia con todos alrededor festejando. La Marcha Nupcial me envolvió alejándome del bullicio exterior y empecé a caminar de la mano de mi madre. Ella con su pecho alzado orgullosa para entregarme y yo con mi mirada en el hombre de traje que me sonreía y no miraba a nadie más que a mí. Al llegar él ofreció su mano para tomar la mía, y antes de que mi madre ocupara su lugar en la banca habló intentando crear tención, cosa que no logró. —Dale una buena vida, y no te olvides de mí —palmeó su hombro. —Madre —sonreí señalando la banca con mis ojos. Theodorus solo río y presto su entera atención a mí y el sacerdote. —Estás radiante —sonreí tímidamente. —Y tu muy guapo —nos miramos por unos segundos y la boda continuo. Grabé en mi memoria cada una de las palabras del sacerdote. Fue una misa cantada espectacular, incluyendo algunas palabras en latín para darle más presencia y casi lloré con el Ave María. Theodorus no soltaba mi mano y sus ojos irradiaban felicidad plena, y más aún cuando llegaron los votos. —Mi vida se ha vuelto el centro de la tuya —inició él tomando mi mano —. Nuestras vidas no son nada si no estamos juntos. Quédate siempre a mi lado. Se mi amiga fiel, mi amante, mi confidente. Yo seré tu compañía incondicional para todos los días de tu vida —sonreí y pasó el micrófono para que ahora yo hablara. —Prometo amarte, honrarte y apreciarte siempre —no dejaba de sonreír entre cada palabra —. Prometo permanecer junto a ti en lo bueno y en lo malo. Prometo ser una esposa fiel y amante. Prometo ser la más comprensiva en la enfermedad y la tristeza. Prometo entregarte mi alma, ser tu compañera y tu mejor amiga. Y prometo amarte con toda mi alma y mi corazón por toda la eternidad —y llegó el beso. Fue más que mágico, fue perfecto. Al salir tuvimos una singular lluvia de arroz para atraer la abundancia, nuestros padrinos, todos familiares de Theodorus liberaron una paloma para llamar la fortuna de una familia grande y próspera, y Nieves y mi madre se miraban mal todo el tiempo pero se esforzaban por quedar decentes en cada una de las fotografías. —Creo que debimos presentar mejor a nuestras madres —Theodorus río. —No pienses en eso hoy —asentí recargando mi cabeza en su hombro mientras el auto nos conducía a la fiesta de nuestra boda. Theodorus era solo sonrisas, risas y hermosas palabras, y yo estaba derritiéndome de amor absoluto. Estaba segura de que había tomado la decisión correcta y agradecía mentalmente a Dios Padre por tan perfecta bendición. La misa no había sido privada pero la reunión si lo fue. Ya que yo no tenía muchos conocidos y los únicos que venían por parte de la novia eran amigos de mi madre se decidió realizar el banquete en la casa de Madam Nieves. La decoración era casi igual a la de la iglesia, y no me sorprendía ya que conocía muy bien la unión de ésta con mi suegra. Flores blancas y globos del mismo color estaban repartidos por todo el lugar. El almuerzo había sido preparado por mi madre y el resto por la familia de Theodorus. Bailamos, reímos, caminamos, nos besamos. Fui mega feliz y se había convertido en el mejor día de mi vida. Entre gozos y comidas no dejaba de recibir felicidades y preguntas sobre mi futuro. Lo tenía claro, viviría mi presente y mañana me preocuparía por un futuro prometedor, tenía que disfrutar al máximo éste magnífico día. —¡Vamos a brindar! —llamó la atención de todos uno de los hermanos de Theo —¡Por la pareja más perfecta de toda Ciudad Azul! —reí junto a Theo y brindamos con los demás. —Deberías tomar algo más fuerte, como yo —negué su invitación. —Esposo mío sabes muy bien que no tomo —acaricié su mejilla. —Con más razón —acercó sus labios a mi oreja —, déjate llevar en nuestro día y hazme el amor prendida —me ruboricé. —No se como reacciona el alcohol en mi cuerpo —me pegué más a su pecho para ocultar mi vergüenza. —Vamos a averiguarlo —me reí ante su intento por darme una especie de licor. Lo consiguió, una y otra vez bebía tragos diferentes. Él me decía sus nombres pero llegué a un punto que ya no los entendía y solo bebía. Estaba tranquila, no me importaba si era mi primera borrachera pues estaba con mi esposo, y él como todo un caballero jamás se apartó de mí. Efectivamente perdí la noción del tiempo. Solo supe que empecé a reírme por todo y hacer bailes inapropiados a Theodorus. Él estaba encantado y al parecer bastante sobrio. —¡Vamos esposo … —arrastraba las palabras —toma tu … hip … también —me reí junto a él. —Tengo que cuidarte esposa —negué haciendo un puchero. —No es … —me reí y ya no supe que estaba diciendo. —Muy bien, un poco más —lo escuché decir. Poco a poco fui empeorando hasta que deje de existir, y solo hubo negrura. Poco a poco caí y al despertar estaba en el dulce hogar de mi esposo. Theodorus Eva era muy fácil de doblegar. Había aceptado beber y eso me puso más feliz. « ¡Por fin tenía la herencia en mis manos! » No podía de la dicha que éste matrimonio me traía. Ni siquiera había dormido bien por esperar verla entrar de blanco y que dijera el sí al sacerdote. « ¡Por fin! » Eva me había puesto cachondo cuando empezó a bailar y mostrar su lado sexy borracha, y de cierta manera me gustaba que me llamase ‘’esposo’’, pero no podía emborracharme pues cierta peli roja me esperaba. Aunque … « Eso no significa que no pueda disfrutar de mi esposa » Me pasé la lengua por los labios ya incapaz de soportar la tención s****l y decidí que era suficiente de la fiesta. —Hermano —llamé al mayor de ellos —, subiré con mi esposa al cuarto, no creo que sea conveniente llevármela en su estado —él asintió. —¿La luna de miel? —alzó y subió sus cejas y yo reí. —Eso se sabe, pero solo por hoy, tengo un viaje —me palmeó la espalda. —¡Pues arriba esos ánimos! —las personas a su alrededor celebraron con él y negando mientras reía subí a mi esposa en brazos. Ya decía incoherencia pero se le notaba la felicidad en sus poros. —Perdón dulce Eva, pero no me queda de otra que dejarte por unos días. —Hazme tuya señor … hip … esposo —río intentando quitar su vestido. « ¿Quién soy yo para negarme? » Sonreí. Eva jamás se había ofrecido y estaba incontrolable, así que le di tan duro como nunca lo había hecho, ella ni gemía de lo borracha que estaba pero yo lo disfrutaba bastante. Eva no había podido quedar embarazada y aunque no lo habíamos hablado eso me beneficiaba, pues podía seguir con mi vida sin una preocupación más. Y no la obligaba al ver como ella tampoco se interesaba por hijos. Así la disfrutaba más y podía cabalgarla a mi placer. Y créanme que lo disfruté varias veces esa noche, manchando la pureza que desprendía con ese vestido blanco. Para ser un caballero la dejé cómodamente en mi antigua cama arropada con las sábanas y empaqué una pequeña maleta con todo lo necesario para algunos días en la playa. Antes de salir ya casi siendo el amanecer le dejé una nota en la mesa de noche a mi esposita y me marché, con dinero, satisfecho y más que feliz para donde mi peli roja favorita.
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