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1262 Palabras

En el estrado me miraban fijamente dos de los jueces que decidirían mi sentencia, quizá también mi ejecución. El tercero cada vez que lo encontraba observándome, dirigía la mirada hacia algún otro lugar, algunos dicen que a juzgar por mis actos, les resultaba difícil mirarme a los ojos. Por eso destaco a estos imbéciles, porque tienen el coraje de al menos hacerlo. Quizá si los hubiese conocido antes los hubiese nombrado a cargo de la justicia de mi nación. Pero claro, ya no tengo aquél poder. Siento lástima por ellos, no tuvieron esa dicha. Mientras que me leían seguidamente todos los actos por los que se me responsabilizaba, observaba a mi antiguo pueblo ver expectante mi probable y pronta ejecución, sabía que iríamos a alguna pausa antes de que pudiese presentar mi descargo y mi defens

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