Mi hermano había sido llevado a los orfanatos y a mi por una mala jugada, o mala suerte del destino me había tocado los campos. En el campo no solo nos encontrábamos los soldados, o a quienes nos obligarían a ser, a algunos de nosotros nos dejaron un tiempo en la granja, pero todos sabíamos que en el fondo una sola carta, y saldríamos de este campo. Al llegar al campo pasé tanto tiempo callado que creí olvidar de cómo se pronunciaban las palabras. Las primeras semanas fueron de lamentos, pero el mundo no se trata de lamentos y el pequeño Eg, al menos se encontraba en un lugar mejor. En mis mejores sueños, él era adoptado por una familia de la élite, por la familia de un soldado de Vilhelm, un matrimonio joven que solo lo tendría como único hijo. Y no voy a mentir, gozaba un poco de sabe

