Llevaba meses sin encontrar un trabajo decente. Desde la inmobiliaria no había vuelto a trabajar todo un mes entero. Fui a pasar un fin de semana a casa de mi madre y el viernes la fui a buscar al trabajo, allí me presento a sus compañeras. En ese momento bajo su jefe del despacho de arriba, también me presento. Era un hombre de unos cincuenta y muchos o sesenta y pocos bien llevados. Estrecho mi mano a modo de saludo y se quedó cerca del grupo hablando con una mujer. Yo les contaba a mis amigas que me había quedado sin trabajo y que buscaba uno desesperadamente, les conté que primero trabaje en unas oficinas y luego llevando los papeles de una inmobiliaria. El jefe se acercó y me dijo que si quería trabajar, el podía contratarme, necesitaba una asistente personal un poco flexible. Pas

