Mi euforia se esfumó de un plumazo cuando se levantó el hombre sentado en el sofá de mis padres. En ese instante sus ojos de sorpresa nada tenían que ver con el fuego que desprendían tan solo unas horas antes cuando me movía sobre él, dejando que su polla me llenara por completo. -Él es Ramiro; Ramiro ella es mi hija Dani -Vaya todos estos meses creí que Dani era un chico –dijo arrastrando las palabras aun incrédulo- -Es diminutivo de Daniela, es chica –dijo mama- -Ya lo veo, ya -Papa me ha hablado mucho de usted –intenté ser lo más cordial, educada y aséptica- -Espero que bien –dijo sin relajar la voz- -Bueno tengo que irme, encantada de conocerle Ramiro –estreché su mano y recordé cuando esta había recorrido mi cuerpo- -Nosotros también salimos a cenar con Ramiro, a ver si nos ve

